La Orden de Santiago

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    Esta Orden Militar castellanoleonesa data su fundación en el año 1.158, bajo el reinado de Alfonso VIII. Determinados documentos, pretenden unir la fundación de la Orden de Santiago a la victoria de Clavijo. Se desconoce la fecha exacta de la fundación de la Orden de Santiago, siendo numerosos los estudios realizados al respecto sin llegar a un acuerdo. La mayoría de historiadores coinciden que fue el día 1 de Agosto de 1170, en el reino de León, bajo el reinado de Fernando II, concretamente en la ciudad de Cáceres, ignorándose los nombres y el número de los fundadores. Aún cuando el rey Ramiro I fundara una hermandad bajo la advocación del Patrón de España, mal podía tener por objeto defender a los peregrinos si los cofrades tan sólo eran trece, en memoria de Jesucristo y sus Apóstoles.

   La Orden fue creada para defender la fe cristiana frente a los, musulmanes (lucha contra el infiel en defensa de la Cristiandad). Se fija en Cáceres obedeciendo a un plan de reconquista y repoblación de la España musulmana ayudando a los monarcas y recibiendo de éstos innumerables donaciones como premio, De ésta, el Campillo con todo su término, pasó a propiedad de la Orden dependiendo de la Encomienda de Hornachos y en lo eclesiástico del Subpriorato de Llerena, que a su vez dependía de San Marcos de León.

    Su origen se basó en las reyertas entre los Castro y los Lara que determinaron cesar en ellas y así se recoge en el documento de fundación de la Orden: "Y los dichos caballeros viendo el gran peligro que estaba aparejado a los cristianos, inspirados por la gracia del Espíritu Santo, para reprimir a los enemigos de Cristo y para defender su Santa iglesia, hicieron de sí muro para quebrantar la soberbia de aquellos que eran sin fe y pusieron la cruz en sus pechos a manera de espada, con la señal é invocación del bienaventurado Apóstol Santiago y ordenaron que dende en adelante no peleasen contra cristianos, ni ficiesen mal ni daño a sus cosas y renunciaron y desempararon todas las pompas mundanas, y dejaron las vestiduras preciosas y la longura de los cabellos y todas las otras cosas en las que hay mucha vanidad y poca utilidad y prometieron no ir contra aquellas cosas que las Santas Escrituras defienden y de lidiar siempre contra los paganos por tener a Dios aplacado cerca de sí y de vivir ordenadamente por la Ley Divina".

    Entre los fundadores de la Orden se contaron Don Pedro Fernández, Don Pedro Arias, el conde Don Rodrigo Alvarez de Sarriá, Don Rodrigo Suárez, Don Pedro Muniz, Don Fernando Odoarez, señor de la Varra y Arias Fumaz, señor de Lentamo.

    Freiles de Cáceres se llamaron los fundadores de la Orden, del nombre de la primera ciudad poseída en virtud de donación de Fernando II de León y que poseyeron poco tiempo, pues tornó a poder de los moros.

    Aprobadores de la Orden fueron Don Cerebruno y Don Pedro, arzobispos de Toledo y Santiago y Don Juan, Don Fernando y Don Esteban, obispos de León, de Astorga y de Zamora. El día 29 de julio de 1.170, quedó fundada la Orden. En 1.172 se había extendido a Castilla. Caballeros de Avila se agregaron a su Regla.

    La aprobación pontificia fue del Papa Alejandro III, con el fin de que fueren criados en temor a Dios, "y para remedio de la flaqueza humana, se permite el matrimonio a los que no pudieran ser continentes; guardando a la mujer la fe no corrompida y la mujer al marido, porque no se quebrante la continencia del tálamo conyugal, según la institución de Dios y la permisión del Apóstol San Pablo".

    Como instituto militar nació la Orden de Caballería de Santiago y casados eran algunos de sus fundadores. Se convino que cuando ayunaran los freiles no convendrían con sus mujeres y durante las Cuaresmas, éstas morarían en los Monasterios con las que no tuviesen maridos. Más que instituto militar, esta Orden parecía una comunidad religiosa a la vista de las obligaciones de sus miembros: misa diaria, veintitrés Padrenuestros diarios; los domingos el sacramento de la Eucaristía y ayunarían dos Cuaresmas. Se les imponía dar de comer a los pobres, haciendo de criados suyos, tres veces año y darles fraternalmente y con plena caridad todo lo necesario. Al fallecimiento de cada freile, su comendador tenía que tomar a un pobre por cuarenta días, dándoles todo lo necesario para su mantenimiento. El punto más delicado, era la permisión para el matrimonio, pues ninguna comunidad religiosa lo admitía. Los miembros de la Orden de Santiago no estaban obligados a hacer voto de castidad. El Papa Alejandro III redactó una Bula, por la que se recomendaba el celibato. En los Estatutos de la fundación de esta Orden se precisaba: "En conyugal castidad, viviendo sin pecado, semejan a los primeros padres, porque mejor es casar que quemarse".

    Los castigos se aplicaban según la gravedad de la falta: El más curioso era el que se aplicaba por desobediencia a la Orden o por pecado de ira: Se quitaban al freile la cruz y las vestiduras. Luego se le aplicaban disciplinas (azotes). Se le despojaba de las armas y el caballo. Estaba obligado a comer en el suelo, de la comida de los sirvientes y obligado a hacer los mismos servicios que ellos. La escudilla en que tomaba la comida era similar a la utilizada por perros y gatos. No iba a Capítulo y en la iglesia ocupaba el lugar postrero. Ayunaba los miércoles y viernes de cada semana. Los castigos se imponían al freile por: Descubrir los secretos del Capítulo; Herir con armas o palo a la mujer propia; Por muerte a hombre seglar o mutilación a freile de algún miembro; Por sacrilegio; Por mentir; Del que se jactase de la nobleza de su linaje menospreciando a otros; Por contradecir al Maestre. Asimismo, los freiles de la Orden de Santiago estaban obligados a: Ser fieles a su rey y su maestre. Ser benéficos y compasivos. Dar ejemplo de moderación y templanza. Constituirse en esposos fieles y vigilantes de su familia. Amar a su patria.

   El capitulo décimo de los Estatutos de la Orden, dice así: "Agora, caballeros de Cristo, despertad y alcanzad de vosotros las obras de las tinieblas y vestíos de las armas de la luz, porque el enemigo, vuestro antiguo adversario, no vos pueda engañar, el cual anda alrededor buscando a quien haga pecar, y se esfuerza en muchas maneras para vos retraer de la carrera de la justicia y de las senda derecha de la verdad. Nunca desistáis de la defesion de vuestros fieles y prójimos y de la Madre Iglesia. Ninguna cosa hay tan gloriosa ni agradable a Dios que, por defesión y conservación de su ley, escoger fenecer su vida por cuchillo, o fuego, o agua, o captividad, o por otros cualesquiera peligros que pueden acontecer. Y así, freiles bien amados, vos conviene por muchas tribulaciones entrar en el reino de Dios y alcanzar aquella bienventura que prometió a los que le aman, la cual ni ojo vivo, ni oreja oyó, ni corazón de hombre pudo pensar ni saber. De donde se sigue que si alguno enflaqueciera su cuerpo por poco comer o por grandes ayunos y las fuerzas suyas le desfallecieran para la defesión de la ley de Dios y de los prójimos, sepan que hizo muy mal, y será culpado de juicio ante Dios. Que para sufrir los grandes trabajos continuos, nos muestra la Sagrada Escritura ejemplo de Elías, que el Angel vino a él y le puso debajo de la cabeza pan cocido sobre la ceniza y le dijo: Levántate y come, que gran camino has de andar. Y Nuestro Señor en el Evangelio hubo misericordia de las campanas que vinieron a él, y no los quiso enviar ayunos a casa porque no enflaqueciesen y desfalleciesen en el camino".

    La Orden de Caballería de Santiago, con su maestre investido de grandes atribuciones. Con sus trece, a quien tocaba la provisión del maestrazgo; con sus comendadores, para administrar las posesiones adquiridas por donación o conquista, y con sus freiles, que guarnecían castillos o moraban en los conventos propios, o en familia y que al primer llamamiento salían en aguerrida tropa. Fueron la vanguardia de los Ejércitos cristianos contra los moros. La historia de la primera Orden de Caballería española está marcada por gloriosos hechos de armas, en los que tomaron parte no sólo los nobles, sino las milicias de las ciudades incorporadas a Santiago. Fue una época de continuas luchas en las que la Orden de Caballería de Santiago siempre se encontró en primera línea.

    Cuarenta Maestres tuvo la orden de Santiago. El primero fue Pedro Fernández, en el año 1.170. Su primera acción fue contrarrestar el ataque de los moros que talaban toda la comarca de Cáceres, uniéndose a Fernando II de León, marchando hacia Coria, para resolverse en dirección a Cáceres, arrebatándosela a los moros para encaminarse en seguida hacia Badajoz y el Castillo de Almograf en la ribera del Tajo. Pero no pasó mucho tiempo sin que a los musulmanes les llegaran refuerzos de África, los almohades, al frente de los cuales vino su Emir Usuff-Aben-Yacob. Con tales fuerzas pronto volvieron a hacerse dueños de todo lo perdido en Extremadura. Entonces, los Caballeros de la Orden de Santiago se pasaron a Castilla para ponerse a las ordenes del Rey Alfonso VIII. La Villa de Mora fue la primera posesión de la orden y antes de que pasara mucho tiempo ya habían conquistado el castillo de Alarilla, entrando en tierras de moros para llegar hasta Ruete, talándolo todo a su paso.

    Regresaron a su punto de partida con un buen número de prisioneros y gran botín por lo cual satisfecho el Monarca les dio la villa de Uclés en el año 1.174, en recompensa de sus servicios. Don Pedro Fernández marchó a Roma para que el Papa le confirmase la autorización papal para su Orden de Caballería. Una vez en Castilla, ayudó al rey Alfonso a recuperar lo que le había arrebatado Sancho V de Navarra en tierras de La Rioja. Planeó después la conquista de Cuenca, a la que sitió, durando el asedio nueve meses hasta que la guarnición mora no tuvo más remedio que rendirse. Ganadas también para el rey cristiano fueron Alarcón y otras poblaciones, siendo premiada la Orden de Santiago con ricas heredades. Fue por este tiempo cuando, según algunas crónicas partió el Maestre de Santiago don Pedro Fernández, junto con algunos de sus caballeros a Tierra Santa, a fin de fundar allí también la Orden. Existe el dato de que Bohemundo, rey de Antioquía, en 1.180 donó al Maestre varios castillos y lugares y en feudo todo el territorio que ganara a los moros. Pero poniendo como condición de que la campaña debía emprenderse de inmediato, a lo que no pudo comprometerse el Maestre que emprendió el regreso a España.

    Poco después la orden acompaño al rey Alfonso VIII hacia Andalucía, y próximos a Córdoba dieron con los caballeros de la Orden de Calatrava quienes sostenían que aquellos territorios correspondían a su jurisdicción. Los de Santiago se avinieron a razones y firmaron la paz y concordia perpetua con la otra Orden de Caballería, a la cual cedieron la villa de Alcobella, sita entre San Esteban de Gormáz y Osma, así como cien maravedises de oro, en prueba de buena voluntad, así como la villa de Ocaña. Después se entrevistaron con los Templarios y Hospitalarios, comprometiéndose los respectivos Maestres a prestarse mutua ayuda.

    En el año 1240, se resuelven las diferencias habidas entre las dos grandes Ordenes, de Santiago y Alcántara, por medio de una concordia celebrada por los Maestres en Las Posadas de Albenfut. A primeros de año 1254, se fijan las lindes para las dos Ordenes acordándose: <<Y otorgamos que el castillo de ARGALET, que no sea poblado nunca e que fique mojón para la una e para la otra como vierte las aguas contra Ornachos e contra Reyna finque a la Orden de Santiago; é de parte e enquerencia á Magacela que finque a la Orden de Alcántara».

   La Orden de Santiago se dividió en dos provincias, con dos priores, la de San Marcos estuvo bajo el reino de León, y después la de Córdoba y Sevilla para los caballeros allí residentes. Se ocupó también don Pedro Fernández de la redención de cautivos y ya tenía la Orden dos casas destinadas a este fin cuando le sobrevino la muerte en el año 1.184. Viene después la larga lista de Maestres de esta Orden. Al IX, don Martín Peláez Barragán, se dice que lo mataron los moros, pero cierto es que nada se sabe por verdad histórica. El XIII, don Rodrigo Iñiguez, dejó el Maestrazgo de la Orden por voluntad propia sin que se conozcan los motivos que tuvo para determinar tal resolución. El XV, don Gonzalo Ruiz Girón, ya por los años 1.275-1280, encontró su fin a causa de una imprudencia o un acto de temeridad, según se mire. Estando en batalla contra los moros, le cortaron el paso cien jinetes enemigos y, hombre de bravo corazón como era, se lanzó en su contra, sin mirar si cabalgaba solo o era seguido por sus caballeros. Naturalmente, murió en el empeño. El VIII, don Gonzalo Pérez Martel no pudo llevar a cabo grandes hazañas porque tuvo la mala fortuna de caerse de su caballo, falleciendo en el acto. El Maestre que hacía el número XXIII, don Vasco López (año 1.338) no duró mucho: reunidos los freires en Capítulo, en la villa de Ocaña, le acusaron de traición y de haber labrado moneda falsa por lo que tuvo que huir a Portugal eso sí, llevándose con él ganados y alhajas que pertenecían a la orden.

    En lo que se refiere al XXV Maestre, don Fadrique, hermanastro del Rey de Castilla don Pedro, tuvo mal fin porque acusado de traidor por el Monarca, murió acribillado a las flechas disparadas por los ballesteros del Rey. El que hacía el número XXXI, don Pedro Muñíz de Godoy, murió en un enfrentamiento con los portugueses. El XXXV fue don Alvaro de Luna, y su fin fue también violento. Favorito en un principio del Rey de Castilla, cayó en desgracia debido al poco afecto que le tenía la reina. Don Alvaro no quiso darse por vencido creyendo que el viento de adversidad duraría poco. El rey le aconsejó que se alejara de Burgos.

    No se avino a ello don Alvaro y para empeorar las cosas, un fraile durante el sermón del Viernes Santo lo apostrofó delante del rey y de toda la Corte. Encolerizado don Alvaro aquella misma noche hizo que fuera arrojado alevosamente desde una torre el contador Mayor del Monarca, don Alonso Pérez de Viviero, a quien culpaba de lo ocurrido, alegando que le tenía ojeriza y era quien había empujado al fraile al apostrofarlo. El rey mandó ponerle preso, y a pesar de que don Alvaro se entregó bajo seguro de vida y hacienda, fue sometido a juicio y condenado por tirano y usurpador de la Real Corona. En la Plaza Mayor de Valladolid se le dio horrible suplicio para acabar siendo degollado, dándosele sepultura en el lugar destinado a los malhechores.

    El último Maestre que hace el número cuarenta fue don Alonso de Cárdenas, años 1.476-1.499. Fue hombre que sirvió lealmente a los Reyes Católicos con singular arrojo y brío, metiéndose con sus Caballeros en Portugal más de quince leguas, en tanto el rey portugués peleaba en favor de la Beltraneja. Enterado don Alonso de la muerte del Maestre de Santiago vino a entrarle el deseo de serlo él, pero la reina Isabel la Católica fue más diligente y consiguió que se aplazara la elección del nuevo Maestre. Se avino a ello don Diego y mientras se resolvía el pleito se dedicó a la suyo que fue meterse otra vez en Portugal en son de guerra. Los Reyes Católicos, agradeciendo sus servicios, accedieron a que fuera elegido Maestre de la Orden de Santiago. Desde un comienzo, este Maestre se encontró en la guerra de Granada con sus freires. Allí fueron acorralados por los moros.

   Sus compañeros le hicieron ver la necesidad de huir, aprovechando las sombras de la noche pero la respuesta del último Maestre fue esta, "no vuelvo yo las espaldas, por cierto, a estos moros, pero sí que huyo de tu ira, Señor Dios, que se ha mostrado hoy contra nosotros y te ha placido castigar nuestros pecados con las manos de estas gentes infieles". Trabajosamente consiguió ponerse a salvo. Pero allí quedaron gran número de sus compañeros, muertos, hasta el punto de que aquel lugar se le dió el nombre de "Cuestas de la matanza". Continuó luchando en la guerra contra Granada y allí estuvo hasta ver ondear sobre la Alhambra la enseña de los Reyes Católicos. Tardó muy poco en morir don Alonso, siendo el último de los Maestres de la orden de Santiago, ya que los Reyes Católicos se declararon en 1.493 Administradores de la Orden, agregando su Maestrazgo a la Corona de Castilla.

   El año 1498 se le pagaba a la Encomienda de Hornachos las siguientes rentas: Por el portazgo (derecho de paso) 4.000 maravedíes; por Martiniegas y Diezmos del Barro (tributo que pagaban por San Martín y diez por ciento que se pagaba al Rey del valor de las mercaderías que se traficaban y pasaban de un reino al otro) 8.000 mrs.; por el Diezmo del trigo y cebada 500 fanegas de grano, más 900 mrs. por el mismo concepto.

    El año 1574 las rentas pagadas fueron: Derecho de la caldera, portazgo y diezmo de grana y caza 8.000 mrs.; diezmo de ovejas 62.000 mrs.; diezmo de quesos 51.000 mrs.; diezmo de lanas 41.500 mrs.; diezmo de chivos.50.750 mrs.; diezmo de cochinos 46.000 mrs.; otros diezmos 15.000 mrs.; en especies, una arroba de miel.

    La máxima autoridad de la Orden correspo ndía al Gran Maestre. El último que la gobernó fue D. Alonso de Cárdenas, muerto y enterrado en Llerena en Julio de 1493, pasando el control de la Orden a los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, por bula papal de Alejandro VI. A partir de entonces fueron los Reyes sus Maestres a perpetuidad.

    Por decreto -de fecha 9 de Marzo de 1873, firmado por D. Emilio Castelar, se disuelven las Ordenes Militares, restableciéndolas poco después el Ministro Serrano hasta el año 1875, que quedan abolidas definitivamente.

    La jurisdicción eclesiástica gozaba en sus territorios de indultos y privilegios de 'la Santa Sede. Por la b ula «Quo Gravius», de fecha 14 de Julio de 1873, su Santidad Pío IX, delega en, el Arzobispo de Valladolid la agregación de los pueblos del Priorato de San Marcos a la diócesis de Badajoz. Esta decisión fue mal acogida por el clero, creando gran revuelo en toda la jurisdicción que desemboca en un cisma de los curatos de Llerena y Azuaga, a los que siguieron varios pueblos del Priorato. El cura de Campillo D. Ramón Gallardo, envía un escrito al Obispo de Badajoz con fecha 21 de Febrero de 1874, aceptando la nueva situación. El Obispo le contesta el 7 de Mayo del mismo año dándole las gracias.

 

  

Relación de Maestres de la Orden de Santiago

- Pedro Fernández (1170-1184).
- Fernando Díaz (1184-1186).
- Sancho Fernández (1186-1195).
- Gonzalo Rodríguez (1195-1204).
- Suero Rodríguez {1204-1206).
- Fernando González de Marañón (1206- 1210).
- Pedro Arias (1210-1212).
- García González de Arauzo (1212-1217).
- Martín Pelayo Barragán (1217-1221).
- García González de Candamio (1221- 1224).
- Fernán Pérez Chacín (1224-1225).
- Pedro González Mengo (1225-1237).
- Rodrigo Íñiguez (1237-1242).
- Pelay Pérez Correa (1242-1275).
- Gonzalo Ruiz Girón (1275-1277).
- Pedro Núñez (1277-1286).
- Pedro Fernández Mata (1296-1293).
- Juan Osórez (1293-1311).
- Diego Múñiz (1311-1318).
- García Fernández (1318-1327).
- Vasco Rodríguez (1327-1338).
- Vasco López (1338).
- Alonso Meléndez de Guzmán (1338-1342)
- Infante don Fadrique (1342-1358).
- García Álvarez de Toledo (1359-1366).
- Gonzal Mexía (1366-1371).
- Fernando Osórez (1371-1383).
- Pedro Fernández Cabeza de Vaca (1383- 1384).
- Rodrigo González de Mexia (1384).
- Pedro Múñiz de Godoy (1384-1385).
- Gercía Fernández de Villagarcía (1385- 1387).
- Lorenzo Suárez de Figueroa (1387-1409).
- Infante don Enrique (1409-1445).
- Álvaro de Luna (1445-1453).
- Juan II (primera ocasión) (1453).
- Infante don Alfonso (primera ocasión) (1453-1454).
- Enrique IV (1454-1462).
- Beltrán de la Cueva (1462-1463).
- Infante don Alfonso (segunda ocasión) (1463-1467).
- Juan Pacheco (1467-1474).
- Rodrigo Manrique y Alonso de Cárdenas (1474-1476).
- Fernando el Católico (1476-1477).
- Alonso de Cárdenas (segunda ocasión) (1477-1493).
- Reyes Católicos (1494).