La Orden del Temple

Andando por España www.nuevoportal.com

Si quieres ver la Bibliografía Extremeña, pincha aquí

    Pocas organizaciones en el mundo han dado origen a la numerosa literatura que se ha creado sobre esta Orden Militar, su corta vida, gran expansión y rápida desaparición, unido a la creación de numerosas obras de arte que se deben a los mismos, se les da como los introductores del arte gótico y temas científicos, de los que eran depositarios, todo ello unido a la "leyenda negra" que se ha creado desde su desaparición, que intentaban  justificar los expolios y las muertes de sus bienes e integrantes.

    La enorme cantidad de libros, relatos y crónicas sobre el Temple, hace que su descripción no sea todo lo neutral que uno quisiera, así que ruego disculpen si hay algún error, pero desgraciadamente no viví en la época de su existencia y tengo que remitirme a la enorme obra que existe sobre los mismos.

   La historia de la Orden del Temple, cuyo nombre inicial fue el de Pobres Caballeros de Cristo, es apasionante y llena de misterios. Lo que se conoce formalmente habla de guerreros monjes que fueron bastión cristiano y actores principales de su época. Se afirma, muy fundadamente, que mas que actores, dirigieron la sociedad de su tiempo.

    Se trata de una Orden célebre por su poder y riquezas, así como por su final, una terminación bañada en sangre. Fueron sus miembros dueños de innumerables castillos, fortalezas, tierras y villas, favoritos de los reyes y a su vez temidos por estos.

    Esta orden se funda en Jerusalem en 1118, una época en que era costumbre entre los cristianos realizar una visita en peregrinación a Tierra Santa. Solían los peregrinos, desembarcar en el puerto de Baifa, y desde dicho lugar, efectuaban la peregrinación por tierra hasta Jerusalén.

    La ruta seguida por los peregrinos no era segura, estaba plagada de bandidos, por esta razón la perdida de la vida o de la libertad, era a menudo el premio que recibían los peregrinos por su fe.

     Nueve caballeros de origen francés, dirigidos por Hugo de Payens, se presentaron ante el rey Balduino II,  manifestando su deseo de asegurar la custodia de los peregrinos que iban a los Santos Lugares. Se comprometieron a "defender a los peregrinos contra los ladrones y malhechores y a proteger los caminos y a servir de caballería al rey soberano". El rey los aceptó cediéndoles, para vivir, una parte de su palacio situado en el emplazamiento del templo de Salomón. Efectuando ante el patriarca de Jerusalén, Gordond de Piquigny,  los tres votos "pobreza, castidad y obediencia". Adoptando la divisa: "nom nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam" (Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino por la gloria de tu nombre).

    Hugo de Payens regresa a Europa en 1127 con la idea de formalizar la Orden, de acuerdo a las normas de la iglesia de Roma. Recibe el visto bueno en el concilio de Troyes en el año 1128,  aprobada por el Papa Honorio II y confirmada por Eugenio III en el año 1158.

    La Regla se la dio San Bernardo, entre sus obligaciones, se dictan las siguientes: "Comerán carne tres veces por semana. Los días que no coman de ella, podrán comer tres platos" y en lo que se refiere al aspecto religioso, su obligación consiste en comulgar tres veces al año, oír misa tres veces por semana y hacer limosna tres veces por semana.

    El apoyo que San Bernardo dio a la Orden hizo que fuera favorecida por los señores feudales y que sus caballeros se extendieran por toda Europa y que en sus numerosos monasterios llegaran las generosas donaciones continuamente hasta el punto de convertir a la Orden del Temple en la comunidad más rica y poderosa de Occidente.

   El Papa Inocencio III les concede en 1139 una Bula con numerosos privilegios, entre los ellos: Conservar el botín tomado a los sarracenos, estár bajo la tutela exclusiva de la Santa Sede, exención de diezmos y de ningún tipo de servicio feudal. En el año 1130, los templarios ya constituían un verdadero Ejército.

    En el hábito, los templarios llevaron una cruz roja, concedida por el Papa Eugenio III en el año 1145, que conservaron hasta su extinción. Su bandera era blanca y negra, denotando el primer color la candidez y la confianza para los amigos y el segundo, la fiereza con que debían infundir el terror entre sus enemigos.

    Más de veinte veces, las milicias del Temple salvarán a Tierra Santa de la invasión de los sarracenos y seis de sus grandes maestres mueren en combate. En Oriente contribuyen al provecho de la acciones bélicas, pillaje incluido. En Occidente los caballeros del Temple participaban en todas las batallas contra los moros lo que ocasionó que los reyes, agradecidos por su inestimable ayuda, les fueran otorgando cada vez mayor número de villas, castillos, tierras y riquezas. En España, los reyes Alfonso "el Emperador" y Alfonso "el Batallador" en Castilla y Aragón respectivamente, protegieron a los templarios otorgando a la Orden cuantiosas dádivas y recompensas. Hubo un momento en que la orden del Temple sobrepujó a las Ordenes de Caballería, de Calatrava y Alcántara hasta el punto de que cuando los otros tenían un convento, los templarios poseían diez, dando ocasión a la creación de grandes envidias, que fueron causa de su desaparición como Orden Militar.

    Bajo tales auspicios, el número de individuos que componían la Orden aumentaba sin cesar siendo el gran maestre de la Orden el mayor señor de toda la Cristiandad, después del Papa, los emperadores y los reyes.

    Terminadas las Cruzadas y perdidos lo Santos Lugares, los templarios se retiraron a las siete provincias en las que habían dividido Europa. El Gran Maestre residía en Chipre, para luego establecerse definitivamente en el centro de París.

La caída de la Orden fue una operación de tipo político promovida por el rey de Francia Felipe "el Hermoso" con el beneplácito del Papa Clemente V. Este rey vio con buenos ojos apoderarse, como solución para sus debilitadas arcas, de las propiedades del temple, con lo que conseguía aniquilar a un poder que resultaba como un estado independiente dentro de su reino.

   Su final se encuentra rodeado de la violencia, la sangre, la tortura y la muerte. El 14 de septiembre de 1307 se dio la orden de apresar a los templarios de Francia bajo la acusación de herejía. El concilio de Viennes (1311-1312) decidía la supresión temporal de la Orden.

   Uno de los acontecimientos mas graves de la Edad Media es la disolución de la Orden, El 22 de noviembre de 1307, mediante la Bula Pastoralis Preeminentiae , el Papa Clemente V ordena a todos los príncipes de la cristiandad que detengan a los Templarios en sus Estados. Iniciándose el proceso llevado a cabo contra los principales caballeros del Temple, su prisión y tortura para obligarles a confesar los atroces delitos de que fueron acusados.

    El 18 de marzo de 1314, Jaques de Molay, Gran Maestre de la Orden escuchó su sentencia. Fue condenado a morir en hoguera junto a 35 caballeros templarios, en la isla de los Judíos, frente a Notre Dame, en París.

    Cuenta la leyenda, que en la misma pira crematoria, Jaques de Molay proclamó su inocencia y la de la Orden, y emplazó ante el "Juicio de Dios" al Papa Clemente V al cabo de un mes y al rey Felipe el Hermoso en el plazo de un año. El Papa murió a los cuarenta días y el Rey en ocho meses.

    Muerto Jaques de Molay, se emprende una gran persecución en contra de los templarios en toda Europa. En algunos países, como España y Portugal se les da un tratamiento respetuoso, creando en algunos casos, una nueva Orden, como en España (Montesa) y en Portugal (Orden do Cristo), en las que se integran los antiguos templarios, manteniendo otros, en la clandestinidad la estructura original de la Orden . Es esta última decisión la que permite la supervivencia de la Orden del Temple hasta nuestros días

    La caída del Temple dio lugar a una gran duda que aún en día se mantiene, como si en verdad era la Orden del Temple culpable de los atroces delitos de que fue acusada o por el contrario, todo se debió a una baja y rastrera política de Estado por parte del rey de Francia Felipe el Hermoso o bien a una envidia del soberano hacia la Orden y sus ansias de apoderarse de sus riquezas.

MAESTRES

Enclaves Templarios de Extremadura

BADAJOZ

CÁCERES  

HISTORIA DE LOS TEMPLARIOS

TOMADO DIRECTAMENTE DEL BOLETÍN
"EL SEMANAL">
(edición del 25 de mayo de 2001)
DE LA EMPRESA PERIODÍSTICA ON LINE

iBrujula.com 

(www.ibrujula.com)

La leyenda de los templarios, su origen, auge y ocaso perviven en la Red

En un tiempo de leyenda, de poderosos reyes y grandes batallas, donde el valor y el arrojo eran librea de héroes legendarios, nació la Orden del Temple. Temidos por unos, admirados por otros, los caballeros templarios se convirtieron en una poderosa orden militar que influyó de forma muy relevante sobre la organización geopolítica europea de los siglos XI al XIII. Tras la pérdida de Tierra Santa para la Cristiandad, y el desfase de poder de las órdenes militares, el Temple acabó siendo abolido tras el Concilio de Vienne, con la ejecución del último Gran Maestre de la Orden. En pleno siglo XX, Internet es el medio ideal para volver la vista atrás y rememorar la vida y obra de estos caballeros.

Viernes, 25 mayo 2001
DAVID YAGÜE, iBrujula.com

 

El germen de la Orden se encuentra tras la primera cruzada a Tierra Santa, en 1095. Nueve de los muchos caballeros que participaron en esta campaña militar deciden 24 años después formar una orden de caballería a semejanza de la formada por los llamados Caballeros del Santo Sepulcro, Balduino II, que por aquel entonces gobernaba Jerusalén, dio el beneplácito para fundarla. En 1119, con Hugo de Payens a la cabeza se forma la Orden de los pobres Caballeros de Cristo, conocida más popularmente como Los Caballeros del Templo de Salomón o Los Caballeros Templarios.

El nombre proviene del lugar en donde se emplazaron los citados nueve caballeros: las caballerizas del palacio de Balduino II, que se encontraba lindando con de la mezquita blanca de Al-Aqsa, del Monte del Templo. Una localización que, en esa época, se identificaba como el emplazamiento exacto del legendario Templo de Salomón.

El primer Maestre fue Hugo de Payns, un caballero nacido hacia el año 1080 en Payens, cerca de Troyes (Francia). Llegó a Tierra Santa hacia 1104, en una peregrinación organizada por el conde Hugues de Champagne. Bajo la premisa de proteger a aquellos viajeros que peregrinaran hacia Tierra Santa, se fundaron las bases de la Orden. Jacobo de Vitry, historiador y obispo de Acre, relata el acontecimiento en su “Historia orientalis seu hierosolymitana”.

Durante los nueve años siguientes, la Orden se ganó una inmensa fama en su labor. Previsiblemente, con el mando de un pequeño contingente de soldados, los nueve caballeros realizaron no pocas gestas en la defensa de los caminos. Como nota curiosa cabe destacar que desde su fundación hasta 1128 no aceptaron a ningún otro miembro entre sus filas. Las leyendas hablan de que esta decisión estaría motivada por la existencia de una excavación secreta que llevaban a cabo en los sótanos del Templo, donde pudieron haber buscado el Arca de la Alianza.

La Orden se consolida

En 1127 Hugo de Payens y cinco de sus caballeros regresan a Europa con una carta de Balduino II dirigida a Bernardo de Claraval. Su objetivo no era otro que el de obtener la autorización eclesiástica para la fundación de la Orden –lo que aportaría ayuda económica y militar– y la aprobación de la llamada regla de vida. Esta, fue realizada por el mismo Bernardo de Claraval y contaba con sesenta y ocho artículos y una introducción.

“ A vosotros, que habéis hecho voluntaria renuncia de vuestras voluntades personales, que prestáis servicio de caballería al Rey con armas para la protección de vuestras almas, velad en un sentido universal al escuchar maitines y todos los servicios, según se establece en el lugar canónico y lo que dicten los maestres regulares de la santa ciudad de Jerusalem...”

Sólo en un año después -1128- ya cuentan con el apoyo del Papa Honorio II, que convoca el concilio de Troyes, que da el espaldarazo definitivo a la Orden. Los años siguientes se ocupan a la búsqueda de integrantes a la Orden y donaciones a fin de sufragar los gastos. Más de 300 caballeros se embarcan a la vuelta.

En ese año, Bernardo de Claraval escribe “De laude novae militiae”, en la que se asientan los principios de las guerras santas y se define la dicotomía del monje guerrero. En 1136 fallece Hugo de Payens. Le sucede Roberto de Craón, llamado “El Borgoñés”. Con él la situación de la Orden se consolida, se crea una base sólida y estructura para poder gobernarla con eficiencia. A lo largo de su maestrazgo muestra dotes de líder hábil y diplomático. Tiene la sensatez de renunciar a la herencia de Alfonso I de Aragón y consigue importantes privilegios de la Iglesia.

Tres años después se promulga la bula “Omne Datum Optimim”, gracias a ésta, Inocencio II libera a la Orden de toda sujeción a la autoridad eclesiástica, excepto la del Papa, y les concede además otros importantes privilegios . A ésta le sigue la “Militis Templi”, que les concede el beneficio de hacer colecta una vez al año en cada iglesia secular.

La edad dorada del Temple

Tras una serie de exitosas campañas militares, el poder de la Orden se extiende tanto por oriente como por occidente. Si algo caracterizó a los templarios fue su arrojo en combate. Prueba anecdótica de ello es el episodio de Nazaret, en 1187. Una embajada enviada por el rey Guido de Jerusalén, formada por el Arzobispo de Tiro y los maestres del Temple y del Hospital, recibió un mensaje del conde Raimundo de Trípoli en la que se les informaba de una expedición de reconocimiento por parte de la caballería del líder musulmán Saladino.

El maestre por aquel entonces del Temple era Gerardo de Ridefort. Este cabalgó hasta Nazaret, convocó a todos los Templarios que pudo, y con noventa hombres, incluidos el mariscal del Temple y el maestre del Hospital se lanzó al choque contra la caballería enemiga, que en total sumaban siete mil hombres. Del choque solo sobrevivieron tres caballeros.

Es la edad dorada para el Temple. Se calcula que, hacia 1270, los templarios poseían, en Francia, cerca de un millar de encomiendas, así como innumerables granjas. Sin embargo, a pesar de su unidad, la Orden se dividió en dos sistemas diferentes de organización : milicia y encomiendas, es decir oriente y occidente.

 

En oriente, la Orden era un ejército preparado para el combate; en occidente, una organización monacal cuyos miembros iban armados aunque sólo para defenderse. No participaron nunca en ninguna batalla ni guerra, en occidente, salvo contra los musulmanes en España y Portugal.

Librea y armas de los templarios

El más conocido emblema de los Caballeros del Temple, repetido hasta la saciedad en las imágenes referentes a las cruzadas e incluso incorporado por Cristóbal Colón a la vela de sus naves durante el descubrimiento de América, ha sido la cruz roja llamada Pattée. Sin embargo, el estandarte de batalla de la Orden consistía en dos franjas horizontales, una negra y más estrecha la de arriba, y otra blanca, la inferior. Se denominaba Baussant. Como dato anecdótico, de todas las órdenes militares de la época, los Templarios eran los únicos a los que les estaba permitido dejarse barba.

 A lo largo de la historia del Temple, el equipo que portaban los caballeros fue evolucionando, desde una simple cota de mallas y casco hasta la túnica blanca, cota de mallas y yelmo cerrado, apariencia con la que normalmente se asocia a la orden. Con respecto a las armas utilizadas, éstas variaban desde la espada -de dos filos y extensión variable- hasta hachas o mazas. En total, un caballero podía llevar un equipo que pesaba unos 40 kilos.

Durante su existencia, la Orden realizó numerosas campañas militares, principalmente contra los reinos musulmanes, aunque, en algunas ocasiones se llegó a luchar incluso contra otras órdenes, pese a que una de las reglas del Temple prohibía levantar un arma contra otro cristiano.

Sus desavenencias con la otra gran Orden militar de la época, los Caballeros de San Juan de Jerusalén u Hospitalarios, son legendarias, negándose a veces a intervenir en campañas por sentir celos de estos últimos, a los que acusaban de favoritismo real. De echo, en el ocaso del reino cristiano de Jerusalén, Templarios y Hospitalarios se hallaban prácticamente en plena guerra civil.

El ocaso de los templarios

Hacia 1292/1296 -aún se desconoce la fecha exacta- Jaques De Molay es elegido Maestre de la Orden. A partir de entonces comienza el ocaso de los templarios. La avaricia del rey de Francia, Felipe IV "el hermoso", cuyas copiosas deudas fueron sufragadas durante años por el Temple. Tras varios intentos por dominar a De Molay, y con él, la Orden. El Papa Clemente V se ve forzado a promulgar la bula "Pastoralis Praeminentiae", que ordena a los príncipes cristianos que arresten a los templarios.

Los templarios fueron acusados de renegar de Cristo, de sodomía y de prácticas esotéricas, entre otros delitos. La sorpresa fue total, Jaques de Molay y los demás Templarios fueron apresados sin mayor oposición. De los 138 caballeros templarios arrestados en París, solo tres no confesaron, el resto habían muerto en medio del "proceso".

El gran Maestre de la Orden y los demás Templarios se dejaron atar a los postes y pese a que debían ser quemados a fuego lento, soportaron el martirio con entereza y dignidad, protestando hasta el último suspiro la inocencia de su Orden. Cuenta la leyenda, que en la misma pira crematoria, Jacques de Molay proclamó su inocencia y la de la Orden, y emplazó ante el Juicio de Dios al Papa Clemente V al cabo de un mes y al Rey Felipe el Hermoso en el plazo de un año.

El Papa murió a los cuarenta días y el Rey en ocho meses. Sin embargo, la reacción hacia la Orden en otros países fue mucho más comedida, llegando a extremos como el de Inglaterra, en el que se condenó a los templarios a guardar penitencia o el de Escocia, donde nunca llegó noticia alguna de la disolución de la Orden. En otras provincias del Temple sus integrantes pasaron a formar parte de otras órdenes militares.

El Temple en nuestros días

Tras la suspensión de la Orden, se produce un reagrupamiento de los Templarios a dos niveles. Aquellos cuya pública actividad es conocida y vinculada a otras órdenes militares, y aquellos que intentan mantener la estructura original del Temple en la clandestinidad.

Este período termina con la proclamación de los Estatutos de 1705 y el Maestrazgo de Luis Felipe de Orleáns. Es notable su intervención en episodios puntuales de la historia, como en la Revolución Francesa, en el Imperio de Napoleón I, o su participación en la II Guerra Mundial.

Actualmente, el Temple se encuentra establecido mediante Prioratos, Encomiendas y Preceptorias que se extienden desde el sur del Pacífico hasta el norte y sur de América y prácticamente toda Europa desde la línea del Oder-Neisse hacia Occidente. Todos estos grupos, vinculados a la Ordo Supremus Militaris Templi Hieroso lymitani (Orden Soberana y Militar del Temple de Jerusalem) se encuentran legalmente organizados de acuerdo con la legislación nacional de cada país.

Allende su trascendencia histórica, tras casi 1.000 años de existencia, la Orden de los caballeros templarios ha inspirado no pocas leyendas en torno a su posible vinculación con ritos paganos, la posible búsqueda del Arca de la Alianza y el Santo Grial, o sus presuntos conocimientos alquímicos. En el próximo artículo nos ocuparemos de los mitos que ha inspirado el Temple.