LA MESTA

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Bibliografía acerca de la Mesta

Índice

.- Introducción.

.- La Historia del pastoreo en España

.- Trashumancia

.- El Ganado Trashumante

.- Las Cañadas Trashumantes

.- Principales Cañadas Reales.

.- Cañadas de la Mesta.

.- La Mesta

.- La Organización Interna de la Mesta

.- Los Privilegios de la Mesta

.- La Organización del Rebaño

.- La Alimentación Pastoril

.- Cultura y Costumbres Pastoriles

.- La Disolución de la Mesta y sus consecuencias.

.- Ley 3/1995, de 23 de marzo, de Vías Pecuarias.

.- ORDEN de 23 de junio de 2003, por la que se modifica la Orden de 19 de junio de 2000, por la que se regulan las ocupaciones y autorizaciones de usos temporales en las vías pecuarias.

.- LEY 12/2001, de 15 de noviembre, de Caminos Públicos de Extremadura.

.- Bibliografía

- LA MESTA.

A la par que las tropas cristianas conquistaban territorios hacia el Sur, los ganados viajaban a campos cristianos con sus rebaños para invernar en pastizales de clima más templado.

La gran importancia que tomó el ganado ovino por la exportación de la lana, la fabricación castellana de paños, el aseguramiento del cobro de tributos a los rebaños trashumantes a su paso por los territorios de Realengo, fueron causas para que el Rey Alfonso X el Sabio, en el año 1273, reuniera todas las Mestas del Reino en una sola Hermandad, que se denominó El Honrado Concejo de la Mesta.

La Mesta gozó de grandes privilegios en detrimento de la agricultura, llevando a ambos a innumerables e interminables pleitos y disputas hasta el año 1836 que es abolida, creándose en su lugar la Asociación Nacional de Ganaderos, organismo que redujo sus funciones a una unión gremial, siendo su objetivo la defensa de sus intereses económicos.

Para los desplazamientos de tan numerosos y extensos rebaños se formaron a través del tiempo vías pecuarias tradicionales por donde los ganados se desplazaban durante las diferentes épocas del año que se llamaron Cañadas Reales o Cordeles.

En el año 1852 la Asociación Nacional de Ganaderos envía al visitador extraordinario D. Juan Manuel Escancio, para recorrer pacientemente la Cañada Real Leonesa, que partiendo de los puertos de Valdeburrón, en el partido de Riaño, al Norte de León, se desplazaba hasta el término de Montemolín, al Sur de Badajoz, haciéndose acompañar por lugareños, no siempre de buena voluntad, para que diera fe, levantando acta de su itinerario.

En Retamal y Campillo, que en estas fechas aún tenían tierras comunales, la Cañada Real penetra por el arroyo del Argallén llegando al río Guadámez, por la orilla de arriba; sin pasarle, sigue por entre los dos pueblos al sitio. del Venero a dar frente a la ermita del Salvador, en el sitio del Barroso. Continúa por un arroyo que baja del lado del, Campillo estrechando el paso de los ganados en una vega; prosigue entre el caz del molino de los Pascuales o de Pizarro y tierras labrantías del pueblo y continúa por los Valles, vereda del Contadero, sitio del Palacio a los Pilones y por él Cerro Judío y el Camino de Llerena hasta penetrar en el término de Valencia de las Torres.

Campillo era Puerto Real anexo a la Mesa de Mérida, donde los ganados trashumantes tenían que pagar los tributos de paso.

INTRODUCCION.

    La Historia y Desarrollo de Extremadura, está basado en unos pilares básicos; las Ordenes Militares, la Mesta, la Inquisición y la Despoblación (con sus principales consecuencias la incultura y la pobreza). De los tres primeros damos un pequeño resumen en esta web, el último lo dejamos a disposición de los estudiosos del tema.

   La Mesta es un tema muy amplio, quizás excesivo para tratarlo en estas paginas con la intensidad que se requiere. En el mapa que vemos a continuación vemos la gran cantidad de rutas o cañadas que usaban y nos podemos dar una idea del kilometraje que empleaban, será por tanto un apunte reducido de la Mesta, con el objeto de que la curiosidad nos lleve a un estudio mas amplio de este fenómeno. Al final hemos incluido una bibliografía básica.

«Ya se van los ganados

a Extremadura;

ya se queda la sierra

triste y oscura.

Ya se van los pastores,

ya van marchando.

Más de cuatro zagalas

quedan llorando».

 

   El Pastoreo en España

   De la época de los tartesios existen cuentos y leyendas que hacen referencia a las ovejas. En el año 625 a.C. vinieron las tribus celtas con su ganadería a la Península Ibérica y se mezclaron con la población indígena, dando inicio a la época celtibérica. El comercio de la lana era una de las actividades económicas más importantes en aquel tiempo. Las leyendas de los pastores alpujarreños se refieren a esta época como el inicio de su actividad de pastoreo.

    Los vacceos apacentaban su ganado en los montes de Numancia durante el verano gracias a las positivas relaciones vecinales que tenían con los arévacos. Es una situación similar a lo ocurrido en Italia donde la estrecha amistad entre los samnitas de las montañas y los pulleses de la llanura no se fundaba sólo en su parentesco, sino también en el intercambio estacional de pastos de cara al aprovechamiento de sus rebaños. Durante la dominación romana (después de 197 a.C.), se continuó en Hispania con la actividad pastoril.

   Los celtiberos tenían una ganadería trashumante tradicional complementada con un régimen agrícola de colectivismo agrario. Esta forma de vida tenía tal arraigo en aquellos pueblos que la razón del enfrentamiento indígena a Roma sería, precisamente, la oposición de los peninsulares al sistema agrícola romano, sedentario y basado en la propiedad privada, que iba en contra de su funcionamiento ganadero. Por medio de la guerra y destrucción de los pueblos y su cultura, intentaron cambiar las costumbres tradicionales a los españoles, por otra manera distinta de aquella a que estaban acostumbrados. Los ataques que sufrían eran producto de los impedimentos que los romanos imponían a los indígenas para  seguir viviendo con sus ganados trashumantes.

  Con la invasión de los visigodos (468 d.C.) comenzó la trashumancia entre zonas lejanas. Para proteger esta actividad promulgaron el primer código de la península ibérica,bajo la forma de Fuero Juzgo Visigodo.

    La invasión de los árabes, que habitaron en la península desde el 711 hasta 1492 d.C., por primera vez daban más importancia a la ganadería caprina, los agricultores tenían cabras para suplementar la alimentación familiar, el queso casero tuvo su origen en aquel tiempo.

Ahmad ibn Umar al-Udri (1003-1085) describió la trashumancia que hicieron los moros en la Alpujarra entre la costa mediterránea y la Sierra de la Contraviesa en el sur de Sierra Nevada. En ese tiempo también los cristianos practicaban la trashumancia ovina. En cuanto al aspecto político, la trashumancia con su necesidad de tierra era uno de los promotores de la Reconquista. Pero a partir del segundo milenio empezó su verdadera importancia porque tenía un papel relevante en la "reconquista" del "Al Andaluz", en la España Árabe. Pastores cristianos eran espías en el terreno de los moros, y que además proveen de ingresos a los reinos cristianos.

    Con la culminación de la Reconquista y la expulsión de las moros en 1492 empezó la época de los Reyes Católicos, iniciándose una nueva sociedad feudal, la de los Señoríos, el señor feudal acumuló la Jurisdicción junto con el nuevo Poder Ejecutivo.

   A partir del siglo XII la trashumancia paso a ser regulada por el Fuero Local. El año 1273 se fundó el Honrado Concejo de Mesta, "el sindicato de los ganaderos ovinos".

   España ostentó durante largo tiempo el monopolio europeo de la lana o vellón. La raza ovina "manchega" fue la única fuente de lana en el mundo hasta que en el siglo XIX. los ingleses iniciaron la transformación del algodón.

    Hasta el siglo XVI la  Mesta gozaba de la protección de los Reyes, porque la lana era el producto de exportación más importante de España y prácticamente fue el principal abastecedor de las arcas del país, a través de los ingresos obtenidos por los impuestos a estas exportaciones. Por esta razón la Mesta tenía influencias fundamentales en la construcción de la sociedad española medieval y moderna.

    Así se financió la "reconquista" de la tierra de los árabes que estaban en España. Concluida la Reconquista el 1 de enero de 1492 contribuyeron a sufragar los viajes de Cristóbal Colón y la conquista de los territorios americanos.

    A finales del siglo XVIII. los ingleses inventaron la máquina a vapor, y con ella empezó el triunfo del algodón, y la industrialización. Se intensificó la agricultura para alimentar a la población, y al mismo tiempo pidió mas campo la agricultura impidiendo el paso de los rebaños trashumantes.

    En 1836 la reina María Cristina disolvió la Mesta, integrándose los ganaderos en la Asociación General de Ganaderos del Reino, que fundamentalmente es una asociación de ganaderos locales y permanentes. A partir del siglo XIX la transformación continua de la sociedad española afectó también fuertemente las estructuras de la ganadería ovina. Hoy en día, los rebaños ya no son propiedad de unos pocos ganaderos, sino que pertenecen a grupos grandes de pastores.

    La integración de España en la CEE en 1986 significa la última transformación importante para toda la agricultura y ganadería del país

La Trashumancia

    Cuando hace 10.000 años la mayor parte de Europa permanecía aún afectada por los hielos de la última glaciación, en la Península Ibérica se operaba un paulatino ascenso del clima que ocasionó una sequía estival, característica del actual clima mediterráneo.

    La singular orografía peninsular, con alineaciones paralelas de grandes cordilleras orientadas en sentido este-oeste, alternando con profundos valles fluviales y altas mesetas, permitió sobrevivir a una gran cantidad de herbívoros salvajes, que con sus migraciones estaciónales aprovechaban los pastos frescos de las montañas durante las épocas de sequía, retornando a los valles abrigados del sur o de las templadas áreas costeras durante los meses de invierno.

   En libertad, el ganado se desplaza continuamente en busca de mejores pastos; sometido al hombre es este el que se preocupa de favorecer la tendencia natural y de asegurar a sus ovejas, cabras o vacas pastos para el invierno y el verano. Surge así la costumbre de las migraciones semestrales.

   La trashumancia en la península se remonta al tiempo de los godos, e incluso al tiempo de los aborígenes iberos, cuyos pastores andariegos prestaron valiosa ayuda a los cartagineses en sus marchas a través de España.

   Sin embargo, la verdadera causa que obligaba a la migración ganadera, se apoyaba en los rudos contrastes topográficos y climáticos que hacían necesario el cambio semestral.

   El clima obliga a cambiar de lugar de pasto: en verano, con el calor, a los pastos de altura; en invierno, en cambio, a las tierras bajas. Según esto, se hacen tres tipos de pastoreo. En el primero hay que hacer largos trayectos en busca del pasto. En éste los rebaños suelen ser grandes y en los trayectos se llegan a hacer hasta a 140 Km.

    En el segundo tipo, los trayectos son más reducidos y los rebaños menores. En el último, los rebaños son todavía menores y no suele haber un pastor dedicado a ellos en exclusiva. Generalmente, se alterna el trabajo de la tierra con el del pastoreo y el rebaño suele estar en los terrenos de la casa o del pueblo.

    En los dos primeros casos, los pastores suben con sus rebaños a primeros de mayo a los pasos altos, a los lugares donde están sus refugios y rediles, y allí pasan el verano y el otoño.

    El topónimo "Cameros" parece tener su origen en el nombre de los más antiguos pobladores de la zona: los cántabros y los iberos. El territorio que habitaban tomó nombre de unos y otros, sintetizando la denominación "Camberos", que el paso del tiempo y la evolución natural del lenguaje simplificó en el actual "Cameros".

    Aquellos primeros pobladores de Cameros eran pastores. Ya en el Neolítico practicaban un pastoreo trashumante, aposentándose durante el verano en las zonas elevadas de la sierra al provecho del pasto fresco y emigrando durante el invierno a las tierras más templadas de los Valles del Ebro y del Duero, en busca de alimento para sus ganados.

    La Alta Edad Media es la época en la que se empieza a forjar lo que hoy conocemos como Territorio Municipal. El desarrollo del Régimen Feudal vería cómo los Reyes recompensaban a sus Nobles con Señoríos sobre determinadas zonas, o ampliaban las posesiones de la Iglesia con extensas donaciones.

    Tales repartos de tierras, grados de dominio y, en general, estructuras de población forjadas a lo largo de la Edad Media han pervivido con gran fuerza hasta el momento actual, como demuestra el hecho de que las entidades de población que existen en el siglo VII son las mismas que se encuentran en el siglo XVIII. Así, en aquel siglo, la mayor parte de las tierras de la zona de Cameros eran Señorío de los Duques de Aguilar; el resto se repartía entre villas de realengo, villas de abolengo y propias de los vecinos.

    En la búsqueda de pastos, las fronteras políticas no fueron obstáculo insuperable como lo demuestran los acuerdos firmados por Segovia, Ávila y Escalona, entre otros. Este sentido también se observa en la política de adquisición de tierras que realizan algunas Ordenes Militares.

    Menos afortunados y obligados a compaginar agricultura y ganadería dentro de sus términos municipales, los Concejos buscan una salida a la ampliación del territorio, a costa de los musulmanes o en perjuicio de los Concejos limítrofes. Los conflictos por el aprovechamiento de los pastos llegarían a ser numerosos como consecuencia de la aspiración a ser autosuficientes y poder disponer de tierras propias desde la montaña a los valles sureños.

    Se hace necesario proteger estos recursos, incluso con las armas, y solo quienes tienen medios pueden hacerlo y logran mantener esta riqueza. Los mayores propietarios del ganado son los monasterios-iglesias, los grandes nobles y, desde el siglo XI, los caballeros de los Concejos surgidos a lo largo del valle del Duero.

   Estos propietarios crean e impulsan las Mestas Locales o Agrupaciones de Ganaderos. Las constantes escaramuzas, roces, pleitos y luchas por los pastos y los tributos abusivos que se exigían acabo por hacer ver la necesidad y el interés de lograr acuerdos de carácter general y para todo el reino. Este proceso culmino con la creación del Honrado Concejo de la Mesta, al ordenar Alfonso X, que en cada villa o tierra de las Ordenes Militares se fijara un lugar y sólo uno para recaudar el Montazgo en la siguiente proporción: "dos vacas o su valor, ocho maravedís, por cada mil; dos carneros o un maravedí por cada mil ovejas, y dos cerdos o veinte sueldos por cada millar de puercos, dejando a elección del dueño el pago en animales o en dinero.

    Aunque la trashumancia se ha mantenido hasta el día de hoy, al llegar rebaños de varios puntos de España huyendo de las frías temperaturas del norte peninsular, lógicamente la tradicional trashumancia, salvo casos aislados, ya no se efectúa a través de las cañadas, sino por carretera a bordo de camiones que trasladan estos rebaños en un tiempo mínimo, perdiendo así todo el romanticismo de antaño.

   En la actualidad se llevan a cabo movimientos tendentes a la recuperación de estas históricas cañadas. Estas fértiles tierras y la riqueza de sus pastos llegaron a tener tal fama que se acuñó la frase de Las ovejas lamiendo engordan. Fueron tierras sin dueño, tierras de vaivén; ejércitos de mil banderas avanzaron y retrocedieron sobre ella a lo largo de los siglos; fue lugar de paso y asentamiento de cartagineses, romanos y árabes hasta que, por fin, los monjes-guerreros de la Orden de Calatrava, tras dura pugna, pusieron fin a la dominación sarracena empujándolos hacia el sur, haciéndose la paz y dando lugar a la invasión de otros lanudos y parsimoniosos ejércitos que inundan el valle durante seis meses al año.

EL GANADO TRASHUMANTE

    El ganado trashumante recibió distintos nombres, según las regiones de procedencia "cañariegos", "caminates", "pasantes", o "pasajeros".

    La palabra "merina", aplicada a las ovejas o a la lana, fina y rizada, no aparece en Castilla hasta mediados del siglo XV. El nombre no parece generalizarse hasta el siglo XVII. La opinión más aceptable es que proviene del movimiento berebere de España, los Beni-Merines, surgido durante el período Almohade. Contribuye a ello el hecho de que la mayoría de la terminología pastoril de España es árabe, por ello se supone que muchas especialidades de la industria ganadera fueron introducidas en la península ibérica por los árabes, al menos en su inicio.

   Más tarde posiblemente los genoveses habían jugado un papel fundamental en la llegada de las merinas a la Península Ibérica. Si bien aún constituye una incógnita a través de que vías se introdujo esta raza de ovejas en tierras peninsulares. Lo que si que está  probado es que la creación de la Mesta fue anterior e independiente de la presencia de la merina en Castilla.

    Las "ovejas churras" son la antigua especie indígena íbera, que daba la lana rojiza turdetana, conocida y muy apreciada por los romanos. El churro era de vasto y escaso vellón, sobrevivió en los rebaños estabulados y fue objeto de desdén por los trashumantes.

    El contingente trashumante siempre fue una parte modesta de la cabaña lanar castellana, así tenemos que en el siglo XVIII se contaba con unos 19 millones de cabezas lanares, de las que tan solo eran trashumantes poco mas de 3 millones. El objetivo principal no era la explotación de la carne o la leche, sino la lana, que era la fibra textil mas empleada.

    El esquileo se realizaba entre abril o mayo, justo antes de comenzar la trashumancia. El tránsito por las Cañadas podía prolongarse desde principios de mayo hasta finales de junio, según la distancia entre los invernaderos y agostaderos, a razón de unos 20 kilómetros diarios. El regreso hacia el sur coincidía con las primeras heladas en las cumbres, a mediados de octubre.

    Como dato significativo del movimiento del ganado por las cañadas hay que destacar que el rebaño tenía derecho a un quintal de sal y sólo debía respetar las cinco cosas vedadas: dehesas, trigales, viñedos, huertos y prados de siega. Ahora bien fuera de las propiedades privadas, si alguien usurpaba una vía pecuaria y la sembraba o la incorporaba a sus predios, se veía expuesto a arrasamiento de la propiedad comunal por parte del ganado, que era conducido por los pastores al ocupar la anchura determinada por la Mesta.

    La reglamentación propia de la trashumancia estipulaba que cualquier litigio sobre arriendos, propiedades, reses extraviadas o abusos se tenía que plantear ante las Asambleas, Juntas o Concejos de la Mesta, que se convocaban dos veces al año, en enero o febrero en las áreas de invernada y en septiembre u octubre en los pastos de verano. Se consideraban válidas si estaban presentes al menos 40 ganaderos. La asistencia normal alcanzaba las 200-300 personas. Tenían derecho a voto hombres y mujeres que tuvieran al menos 50 ovejas trashumantes. Los nombramientos se hacían por sorteo.

    La cabaña constituía el ganado (sin distinción de clase: vacuno, ovino, caprino, porcino, caballar) y los arreos necesarios para su traslado a través de las vías pecuarias. Una cabaña estaba compuesta por unas diez a doce mil cabezas, al cargo del mayoral. Cada millar de ovejas con 25 mansos y 50 carneros, era controlado por un rabadán ayudado por dos pastores y dos mancebos. Todo el ganado era controlado por cinco perros mastines que llevaban a su cuello collares de cuero (carlancas) atravesados por pinchos hacia el exterior con los que se defendían del ataque de los lobos, frecuentes visitantes de la cabaña para conseguir sustento.

    De las varias razas de oveja que existen en España (manchega, merina, churra y lacha principalmente) las que mejor se adaptan a la provincia de Soria son la churra y la lacha, que se destinan a la producción de carne y lana. La lacha, que también se conoce como ojinegra, además de lana y carne también se puede ordeñar y conseguir de ella leche, pues tiene las tetas más bien grandes. p>   La oveja recibe varios nombres de acuerdo con su edad:

   A partir de ser primala, la oveja cambia dos dientes cada año hasta el quinto. Los entendidos saben la edad que tiene una oveja por el estado en el que se encuentra su dentadura. Las ovejas tienen necesidad de tomar sal durante todo el año. Hasta hace algunos años se les daba cada 15 días en los denominados salegares. Los salegares eran unas piedras planas por su parte superior, que medían aproximadamente 50 x 50 cm. y en las que se depositaba la sal, que debía ser de la llamada granzuda, es decir, sal gorda. Actualmente se colocan en las canales o pesebreras unas piezas grandes de sal de las que van chupando las ovejas.

   Cuando se consideraba que las corderas ya eran grandes, se procedía a destetarlas. La forma en que se destetaban hasta hace algunos años es la siguiente: en el mes de agosto, cuando los rebaños entraban en los rastrojos una vez se había cosechado, se untaban las tetas de las ovejas con trementina que es un derivado de la resina, con una tablilla plana y se extendía una capa fina de la citada trementina, procediendo a continuación a forrar la teta de la oveja con una maneja de lana extendida. Al ir a mamar la cordera, se encontraba con la lana y la rechazaba, con lo que, pasados dos o tres días de insistir sin conseguirlo, dejaba de mamar.

   Existen dos sistemas para saber a quién pertenecen las ovejas: el uno consiste en hacerles muescas y agujeros en las orejas; y el otro marcarlas con pez (muy parecido al alquitrán) caliente cuando están recién esquiladas. Para esta segunda forma de marcaje existen unos hierros que llevan una letra en uno de los extremos y un mango de madera en el otro. Se calienta la pez y se aplica con el marcador en la parte alta de uno de los costados de la oveja.

   Las ovejas pastan dentro del término municipal en el que residen sus amos. El límite del término se marca con unos montones de tierra y piedras que se pintan de blanco con cal y reciben el nombre de mojones. La separación entre dos términos se denomina mojonera.

   Cuando las corderas tienen unos pocos días de vida se las rabona. Se sujeta con la mano izquierda la parte de cola que se desea mantener y, con la mano derecha se clava la uña del dedo gordo, se dan dos o tres vueltas retorciendo la cola para quebrar el hueso, se tira y ésta se desprende con gran facilidad.

   El poner a mamar un cordero de una oveja que no es su madre se llama amamantar y se hace de la forma siguiente: estando la oveja de pie, se la sujeta por el cuello y el cordero se encarga del resto de la operación. Si se pretende que la oveja críe a dicho cordero, hay que poner a ambos en un espacio reducido, pues la oveja rechaza al cordero con facilidad y, como se suele decir: las cuesta quererlos si no los han parido.

   Cuando se quiere impedir que un carnero o "mureco"  no cubra a las ovejas, se procede a colocarle un trapo de material fuerte a lo largo de la tripa. Este trapo va cogido con dos o cuatro cuerdas en las esquinas que se atan en lo alto del lomo del carnero. Con este sistema se consigue establecer una barrera y, al tapar la verga del "mureco" se evita que las ovejas queden preñadas.

   Cuando es una sola oveja la que se quiere impedir que quede preñada, se coloca el trapo a ésta. Se hace un agujero en el trapo y se introduce el rabo de la oveja, cosiéndolo a la lana todo alrededor.   

   Apartar el rebaño significa hacer dos o más partes del mismo. Se realiza esta operación por varios motivos: uno que las ovejas que componen un rebaño son propiedad de varios amos; otro consiste en separar las ovejas que crían de las que ese año no lo harán; la tercera causa por la que se procede a apartar es el esquileo y, por último, para hacer recuento de las cabezas de ganado una vez al año.

   Por el contrario, arrebañar significa juntar de nuevo las ovejas con sus crías pequeñas y con los denominados vacíos. Los vacíos son aquellas ovejas que no criaban y que solían pastar todo el año dirigidas por el pastor. Las ovejas que criaban estaban a cargo de uno o varios borregueros durante el invierno, quienes las entregaban a sus respectivos pastores a finales del mes de abril. El borreguero era, por tanto, la persona que cuidaba -exclusivamente durante los meses que van de diciembre a abril- de las ovejas que parían. Mientras que el pastor pasaba esos meses de invierno apacentando únicamente las borregas, es decir, las ovejas que no habían parido ese año, y también llevaba las llamadas machorras, que son aquellas ovejas que no se quedan preñadas por ser estériles. Todo este sistema de juntar y separar el rebaño hace tiempo que ha desaparecido.

   Una vez cosechado y recogido el cereal se permite la entrada de los rebaños a pastar en estos campos, recibiendo este hecho el nombre de "entrar en la rastrojera". También "entran a la hoja de viña" una vez se ha vendimiado. Es al atardecer cuando mejor se comen las ovejas la hoja de las cepas.

   Se denomina amorrarse las ovejas cuando éstas se reúnen en grupos en forma de rueda, escondiendo la cabeza unas bajo las otras debido al fuerte sol. En los meses de julio, agosto y parte de septiembre, en las horas de 11 de la mañana a 6 de la tarde, se cierran las ovejas en los corrales o majadas para evitar el calor. En tiempos pasados, no se cerraba el rebaño por la noche durante los medes mencionados, quedando el pastos al cuidado de sus ovejas.

LAS CAÑADAS TRASHUMANTES

   Los cazadores paleolíticos acompañaban a las manadas y, tras la domesticación neolítica, los pastores continuaron con estos movimientos, que originaron, con el paso de los siglos, una compleja red de caminos o rutas ganaderas que cruzan de norte a sur la práctica totalidad de España.

    Pueblos como el tartesio, turdetano y romano concedieron gran importancia a la cría del ganado lanar pudiéndose constatar en época de Marco Varron (siglo I a. C.) la presencia de "calles pastorum" y de las servidumbres clásicas como la "viae", "iter" y "aetus", para toda clase de paso que posibilitase conducir ganados y carruajes entre dos predios.

    Ya en el Fuero Juzgo, a través de la regulación de la ganadería y sus caminos de tránsito, se pone de manifiesto la existencia de una trashumancia en época visigoda (siglos V y VI). En la vecina Francia se constata también desde la antigüedad la existencia de vías para ganado "chemins de transhumance", al igual que el traslado del mismo desde el Mediodía francés a los Alpes y viceversa.

    Las vías pecuarias o cañadas trashumantes,  son los caminos trazados por los ganaderos trashumantes y que han venido utilizándose, al menos desde la época prerromana en la Península Ibérica, para el traslado del ganado desde los pastos de verano a los de invierno y viceversa.

    En casi todos los países donde existe esta forma errante, casi nómada, de explotación ganadera, hallamos estos caminos. En los reinos de españoles se conocieron bajo diversos nombres: "cabañeras", en Aragón; las "carreradas" en Cataluña, los "azadores reales" en Valencia y "cañadas" en Castilla.

    En realidad, estas cañadas no eran más que el trozo de camino lindante con tierras cultivadas, pues el camino que cruzaba por terreno libre no se acotaba, ni se designaba de modo especial. Sin embargo, el uso popular denominó cañada a cualquiera de los caminos tomados por las ovejas al emigrar desde las sierras a los extremos. En un sentido estrictamente legal, la cañada era el paso entre zonas cultivadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    La anchura de la cañada se limitaba, cuando cruzaba tierras de cultivo, a "seis sogas de 45 palmos o sea unas noventa varas" castellanas (una vara = 835 mm y 9 décimas). Estas eran las Cañadas Reales se entienden como tales las vías pastoriles que cruzan varias provincias. Existían también ramificaciones y enlaces de menor importancia, llamados  cordeles (son las vías pecuarias que concurren a las cañadas y ponen en comunicación dos provincias limítrofes, siendo su anchura de 37,50 metros, aprox. 45 varas), veredas (se definen así a los caminos de carne que ponen en comunicación varias comarcas de una misma provincia y su anchura no supera los 20,89 metros aprox. 25 varas) y las coladas, de menor anchura. En el siglo XVIII median respectivamente, la mitad y la cuarta parte de la anchura de las cañadas reales. Pero no había límite alguno cuando pasaba por baldíos o montes comunales, "..en la vecindad de los campos abiertos, fuesen pastos o campos arables, las cañadas tenían especificada la anchura de unos doscientos cincuenta pies". La infraestructura de este sistema alcanza 125.000 Km, con una superficie aproximada de 400.000 Ha.

    Esta red comprende también una serie de elementos complementarios; entre ellos fáciles de encontrar están los abrevaderos; existen también descansaderos de tamaños variables según en cada caso y otros como son majadas, contaderos, esquiladeros, tainas, chozos, puentes, ermitas, mojones o carteles indicadores de Vía Pecuaria. Además a lo largo de las cañadas reales encontramos elementos singulares como son los berracos. Estas esculturas que representan a toros, aparecen en localidades junto a algunas Vías Pecuarias. Se remontan estos berracos a tiempos de los celtíberos, su presencia es controvertida pero posiblemente tengan relación con la actividad ganadera y sus rutas migratorias.

    Los Reyes Católicos demostraron una especial solicitud en la protección de las cañadas. En 1489 emitieron una serie de disposiciones ampliando las penas para los intrusos de las cañadas, prohibiendo cuantos entorpecimientos pudieran ponerse al paso de los ganados entre las tierras cultivadas. Desde sus primeras actuaciones, la principal función de los entregadores de la Mesta, fue la de mantener la vigilancia en la observancia de esa anchura y evitar la proliferación de los cercados e invasiones de los caminos trashumantes.

   Es conocida la disputa constante que por esta causa mantenían con los Concejos que poseían "dehesas boyales". "En los primitivos fueros de Extremadura, la Mancha o Andalucía, se protegía especialmente a los bueyes, con dehesas especiales, llamadas boyales o dehesas para el ganado de labor, en los que se resguardaban cuidadosamente los pastos a toda invasión por parte de los rebaños trashumantes".

   Las primeras normas escritas sobre la trashumancia datan del reinado de Eurico que dictó las primeras disposiciones (año 504), se recopilaron más tarde en el reinado de Sisenado. La Ley 5 , título 4, libro 8, del Liber Iudicorum marca las rutas de la trashumancia y reglamenta su uso.

    El Real Concejo de la Mesta, creado por el Rey Alfonso X en el año 1273, tenía entre otras atribuciones el control del tráfico ganadero y la preservación de las vías pecuarias actuando con potestades de juez y parte en los litigios que le afectaban tanto en la usurpación de los caminos de carne como en el contrato para el aprovechamiento de pastizales que eran necesarios para el desplazamiento periódico del ganado a través de las Cañadas Reales.

    El Concejo de la Mesta tenía a su cargo mas de 125.000 kilómetros de vías pecuarias y alrededor de quinientas mil hectáreas de territorios anexos a las cañadas de pastos de dominio público (baldíos, ejidos y otras denominaciones), constituyendo la columna vertebral de la economía española desde tiempos inmemoriales hasta 1940.

    En el año 1852 la Asociación Nacional de Ganaderos envía al visitador extraordinario D. Juan Manuel Escancio, para recorrer pacientemente la Cañada Real Leonesa, que partiendo de los puertos de Valdeburrón, en el partido de Riaño, al Norte de León, se desplazaba hasta el término de Montemolín, al Sur de Badajoz, haciéndose acompañar por lugareños, no siempre de buena voluntad, para que diera fe, levantando acta de su itinerario.

    En Retamal y Campillo, que en estas fechas aún tenían tierras comunales, la Cañada Real penetra por el arroyo del Argallén llegando al río Guadámez, por la orilla de arriba; sin pasarle, sigue por entre los dos pueblos al sitio del Venero a dar frente a la ermita del Salvador, en el sitio del Barroso. Continúa por un arroyo que baja del lado del Campillo estrechando el paso de los ganados en una vega; prosigue entre el caz del molino de los Pascuales o de Pizarro y tierras labrantías del pueblo y continúa por los Valles, vereda del Contadero, sitio del Palacio a los Pilones y por él Cerro Judío y el Camino de Llerena hasta penetrar en el término de Valencia de las Torres.

    Campillo de Llerena era Puerto Real anexo a la Mesa de Mérida, donde los ganados trashumantes tenían que pagar los tributos de paso.

    La crisis de la organización ganadera más poderosa que jamás ha tenido la ganadería española era incontestable a fines del siglo XVIII. Las nuevas políticas agrarias incentivaron el reparto de tierras para uso agrícola en detrimento del peso ganadero. Esta ola expansiva de roturaciones arbitrarias en bienes de dominio público, y la desaparición de la Mesta provocaron, de manera inducida, el ocaso de las vías pecuarias. A lo largo de los siglos XIX y XX se sigue acrecentando la crisis ganadera y los caminos por los que se había mantenido la práctica secular de trashumar corrieron distinta suerte.

    El deslinde de vías pecuarias, y la distinción entre vías pecuarias de carácter general y de carácter local se intentó establecer a través del Reglamento de Reorganización de la Asociación General de Ganaderos (organismo que sustituyó a la Mesta en el segundo tercio del siglo XIX) de 1892. En este mismo año se promulga el Real Decreto de 12 de agosto que establecía, entre otras determinaciones, la medida de las vías pecuarias en metros, y regula el procedimiento de deslinde, cuando hubieran sido interceptadas o estrechadas. Pero, al igual que en ocasiones anteriores, estas normas no se cumplieron.

    A lo largo del siglo XX, en función de los cambios políticos, se operan, con mayor o menor fortuna, diferentes intentos de clasificación y deslinde de vías pecuarias.

    Continuando aún en vigor el Real Decreto de 1892, las Órdenes Ministeriales de 7 de noviembre de 1912 y 8 de abril de 1916 vienen a desarrollar normas aclaratorias del anterior en materia de deslindes. El precepto claro que dictara en su día el Real Decreto de 1892 en su artículo 13: "las vías pecuarias…son bienes de dominio público y son imprescriptibles, sin que en ningún caso puedan legitimarse las roturaciones hechas en ellas" va a perpetuarse, con leves puntualizaciones, a través de los Reales Decretos de 30 de agosto de 1917 y 5 de junio de 1924, y los Decretos de 7 de diciembre de 1931 y de 23 de diciembre de 1944. En este último, sin embargo, a pesar de que en el artículo 1º se declara imprescriptibles a aquéllas, contradictoriamente en el 2ª se afirma que la Administración podrá en cualquier momento reivindicar los terrenos usurpados "salvo los casos en que se haya legitimado" la ocupación de los particulares, con lo que en suma era imposible la recuperación per se.

    A mediados de siglo XX se encomienda la gestión de vías pecuarias al Servicio del mismo nombre. La precariedad de medios con que contaba este Servicio hizo que los proyectos para afrontar un Plan Nacional de Clasificaciones (con los correspondientes deslindes y amojonamientos) fuesen muy escasos.

    En este contexto se llega a la promulgación, el 27 de junio de 1974, de la Ley 22/1974 sobre la materia junto con el Reglamento de desarrollo (Real Decreto 2.876/1978 de 3 de noviembre). La gestión, administración y custodia de dichas vías pasa al Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA), organismo que obtuvo resultados desiguales en su intento de recuperación de aquéllas.

    Posteriormente, por Real Decreto 1.096/1984, de 4 de abril, sobre Traspasos de Funciones y Servicios del Estado a la Comunidad Autónoma de Andalucía en materia de conservación de la naturaleza, se transfiere a la Comunidad Autónoma de Andalucía, dentro de su ámbito territorial, y en el marco de la legislación básica, las funciones atribuidas a la Administración del Estado en materia de Vías Pecuarias, con excepción de la enajenación de terrenos sobrantes en aquéllas cuyo itinerario sobrepase el territorio de la Comunidad Autónoma andaluza.

    Por Decreto 225/1984, de 9 de octubre, de asignación de competencias en materia de conservación de la naturaleza, a tenor de la promulgación del Real Decreto anterior, se hace obligado integrar un contingente muy amplio de atribuciones y recursos dentro de la estructura orgánica de la Administración autónoma y facultar a los órganos competentes para el ejercicio de las funciones concretas. Es por ello que, mediante la Ley 8/1984, se crea el Instituto Andaluz de Reforma Agraria (IARA), organismo autónomo de la Junta de Andalucía, adscrito a la Consejería de Agricultura y Pesca. En su artículo 4º aparece establecido que las funciones transferidas en materia de vías pecuarias serían ejercidas por el IARA. Posteriormente, el Decreto 156/94 de 10 de agosto por el que se establece la Consejería de Medio Ambiente, asigna a esta última las mencionadas funciones.

    La aparición de la más reciente norma reguladora sobre vías pecuarias, la La Ley 3/1995, de 23 de marzo, de Vías Pecuarias, supone un cambio en la concepción de esta red secular. En esta Ley ya aparece la consideración de las vías pecuarias no sólo como caminos destinados a la trashumancia sino como un elemento de amplia importancia, por un lado, para el aprovechamiento y la utilización delterritorio, y por otro, para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y la conservación del medio ambiente.

    Con la entrada en vigor de dicha Ley se produce una importante innovación en cuanto al papel y al uso de las vías pecuarias, al considerarlas como auténticos corredores ecológicos, esenciales para la migración, la distribución geográfica y el intercambio genético de especies silvestres, y por constituir un instrumento favorecedor del contacto del hombre con la naturaleza y para la ordenación del entorno medioambiental. Además, esta nueva normativa requiere de las diferentes Comunidades Autónomas, en virtud de su marco competencial, el desarrollo reglamentario oportuno que permita ejercer las potestades administrativas en defensa de la integridad de las vías pecuarias, garantizar su uso público y asegurar su adecuada conservación, tanto cuando sirvan para facilitar el tránsito ganadero como cuando se destinen a otros usos compatibles y complementarios. En este sentido, el tránsito ganadero favoreció el intercambio genético de especies vegetales cuyas semillas arrastraban y de animales hoy amenazados como el lobo o el buitre negro. Además, impidió la acumulación de biomasa en las sierras hasta mediados del siglo XX, comunicó territorios cuyo aprovechamiento es complementario, y mantuvo abierta una impresionante red pecuaria de 125.000 kilómetros de longitud, que cubre la geografía peninsular como una gran retícula.

Las Cañadas Reales están recuperando el protagonismo que tuvieron hace muchos años. Para ello, el Fondo Patrimonio Europeo (Proyecto 2001) está investigando y dando a conocer los itinerarios que en su día constituyeron el motor de la economía española (mapa superior)

PRINCIPALES CAÑADAS REALES.

Las Asociaciones que integran la Trashumancia Viva en Extremadura son:


CAÑADAS DE LA MESTA.

ZONA DE MOLINA DE ARAGÓN.

    En el primitivo Fuero de la tierra molinesa, entregado por el primer Conde, Don Manrique de Lara, en 1154, aparecen diversas cláusulas relativas a las cuestiones que los rebaños y los ganados podían suscitar entre los primitivos pobladores.

   El Fuero molinés establece que los pastores de Molina deben poner la marca de hierro a los ganados con la señal de cada dueño. Si los ganados entraran en sembrados, hasta Marzo debe pagar diez ovejas el responsable, de Marzo en adelante, pecharán solamente cinco ovejas. Desde San Crispín en adelante, por no producir destrozo en las cosechas, no paguen nada.

    En otro artículo se establece que, si pasado San Juan, se encontrara ganado entre las mieses, el dueño del animal pagará cinco ovejas de multa al dueño de la mies, y una oveja por cada diez que hayan entrado en el sembrado.

    Si una bestia sarnosa encontraran paciendo en la dehesa comunal, el dueño pagaría una multa de cuarenta mencales. En este sentido, el Fuero molinés defiende tanto a los ganaderos, para que protejan su cabaña, como a los agricultores, para que no sean lesionados en sus legítimos intereses por los dueños de los ganados.

    En 1154 todavía no se había fundado la Mesta y, por tanto, el proteccionismo bajo medieval aún no había alcanzado sus cotas más exageradas.

    Sobre el ganado en el Señorío de Molina, escribe el historiador del siglo XVII, Don Diego Sánchez de Portocarrero, quien, primeramente, habla de la geografía molinesa, de sus montes y bosque, y dice:

"Aquellas montañas y asperezas tampoco en su género son infructíferas, antes muy útiles para los ganados y sus pastos.

Para los de lana es esto de lo más apropósito de España, así para el agostadero de los que vienen de los extremos, como para la conservación de los que no salen de la provincia, que llaman Zurros.

De uno y otros no ha muchos años que fue esta tierra de las más ricas destos Reynos, porque sus Lanas (primeras en fieneza después de las de Segovia) proveían gran parte de la fábrica de paños destos Reynos, y de las estrageras, navegándose con copioso número e interés a Italia, Francia, Flandes, Inglaterra y a otras provincias septentrionales más.

Ya los accidentes del terreno han minorado mucho la cría y esta utilísima grangería, sin embargo que aún salen de aquí muchas lanas para otras partes, y gran copia de Carneros, Ovejas y Cabrío que abastece de carne a los cercanos y muchos apartados distritos, dejando bien proevio este a moderados precios.".

    El Censo de 1477, de ganado ovino, vacuno y cabrío, daba para toda Castilla la cifra de 2.694.000 cabezas, de ellas más de medio millón estaban en Molina. En el siglo XVI superaba las 750.000 cabezas y, hacia 1750, todavía tenía 470.000 cabezas. El ganado lanar molinés era considerado en varias categorías, siendo las más importantes el fino, extrafino, zurro y basto.

    Durante la Edad Media, muchos particulares tenían su propia cabaña. También Abadías y Monasterios, el mas importante era el Monasterio de Buenafuente. También los Duques del Infantado y, en Molina concretamente, los Condes de Priego, parientes suyos, fueron grandes terratenientes en el tema de la ganadería trashumante.

    El territorio era atravesado totalmente por la "Vereda Real", que, desde Aragón iba hacia la cabaña de Cuenca. Esta vereda pasaba por el valle del río Mesa, atravesando luego los montes y páramos de Molina, Puente de Martinete y Sierra de Cuenca.

    De Molina surgía la "Vereda de la Mata", por la Plaza de San Francisco, salía hacia la Pedriza y llegaba hasta la Vega de Arias, continuando, desde allí, una ruta que seguía la cabaña propiedad de la familia del Marqués de Santa Coloma, que tenían sus asientos en Checa.

    Los ganados de la sierra, generalmente, cruzaban por la vereda que atravesaba el Puente de la Tagüenza, por el que pasaba el camino que, desde Soria, llevaba hacia Andalucía y el Valle de Alcudia.


SIERRA DE ALBARRACIN.

    Durante siglos, la principal fuente de riqueza de la Sierra de Albarracín fue la oveja. Había grandes rebaños que pastaban por los montes durante los meses de buen tiempo. Es difícil saber el número de ovejas que llegó a haber en la comarca, pero debió ser muy importante porque los ganaderos estaban agrupados en una organización que cumplía las mismas funciones que en Castilla cumplía la Mesta.

    Se controlaban los pasos de ganado, las veredas, las zonas de pasto y se intervenía en los litigios que surgían entre los agricultores y los ganaderos. Esta Mesta serrana tenía fuertes relaciones con la Mesta castellana y contaba, a nivel local, con los mismos cargos que aquélla. Todavía hoy es muy importante el número de cabezas de ganado, que puede llegar a ser de unas 80. 000.

    Cuando llega el invierno, la nieve cubre los pastos durante semanas, por lo que para mantener al ganado habría que estabularlo, alimentarlo con piensos, esto encarecería el proceso. Es el mismo problema que se daba hace siglos y por tanto la solución sigue siendo también la misma, trashumar.

    Al aproximarse los días fríos del invierno, los pastores empiezan a preparar el hato para iniciar la vereda, el camino hacia los pastos de La Mancha, Andalucía o Extremadura. «Para Todos los Santos, nieve por los altos»; esta es la fecha límite, a comienzos de noviembre, aunque hoy día los medios de transporte permiten ganar alguna semana más.

    Los pastores reunían los ganados en la Vega del Tajo y partían agrupados hacia tierras de Cuenca, con el hato de borricos bien cargado de provisiones. El trayecto duraba hasta un mes y podía hacerse muy duro, ya que la climatología en esas fechas era ya bastante extrema.

    Los ganaderos contaban con una amplia red de veredas y cañadas reales, sobre las que todavía hoy sigue vigente el derecho de paso del ganado, a pesar de que las carreteras, las roturaciones y el poco uso de ellas hace que se estén borrando cada vez más sus límites. La trashumancia era muy dura para las familias. Con los ganados se marchaban todos los hombres y jóvenes, quedando en los pueblos mujeres, niños y viejos.

    Hasta mayo, fecha en la que regresaban los ganados se sobrevivía gracias a las leñas del monte y las provisiones que proporcionaba el matacerdo.

    Hoy en día, se sigue trashumando, pero esta tradición ha perdido gran parte de su pureza y su dureza, las ovejas se cargan en camiones y se trasladan las familias enteras a las fincas del sur. El progreso hace ya bastante tiempo que anuló aquellos míticos recorridos que duraban varios meses. Hoy las ovejas viajan en tren, o simplemente, no viajan y se alimentan de piensos.

    Pero existe todavía un tipo de ganado que realiza el trayecto entre los pastos serranos y los andaluces de la manera tradicional. Es el último ejemplo que queda en España de trashumancia tradicional, y no se hace por gusto sino por necesidad, ya que el ganado que recorre las veredas lo forman vacas y toros que resultan muy difíciles de cargar en camiones o trenes, donde podrían herirse con facilidad.

    En la actualidad, existen en la Sierra de Albarracín, solamente dos ganaderías trashumantes. Al llegar las primeras semanas de noviembre inician el camino desde la Vega del Tajo, tradicional punto de salida, hacia la provincia de Jaén, donde permanecerán hasta el mes de mayo.

LAS CAÑADAS NAVARRAS

    Cañada Real de los roncaleses: Empezando en los montes de Erronkari, va por Burgi, el monasterio de Leire, Javier, Caseda y Carcastillo hasta la Bardena; en cinco o seis días, los pastores y sus rebaños hacen 140 km para pasar el invierno.

    Cañada de los Salacencos: Empezando en las estribaciones del monte Orhi, pasa por Ezkaroze, Ibilzieta, Adoain, Irunberri, Gallipienzo, Uxue, Murillo del Fruto, uniéndose con la Cañada Real.

    Ésta es la que hacen los pastores de la Ribera cuando llega el verano. Desde la Bardena, hasta los montes de Urbasa y Andia, partiendo de Tauste, pasa, entre otros por los pueblos de Falces, Tafalla, Larraga y Zirauki. En otoño, vuelven a la Bardena haciendo el mismo camino.

LAS VÍAS PECUARIAS EN LA SIERRA DE SEGOVIA

    La situación de Segovia en el centro geográfico de la Península Ibérica la concede especial importancia en el conjunto de las grandes migraciones ganaderas norte sur. Las Cañadas Reales son las encargadas de recoger y canalizar el flujo migratorio de los rebaños. Tres de estas importantes Cañadas, la Soriana Occidental, la Leonesa Oriental y la Segovia, atraviesan la provincia en el recorrido que lleva de los pastos de invierno situados principalmente en las dehesas del centro y sur peninsular a los puertos de merina de la Cordillera Cantábrica, y sierras del interior como Urbión o Albarracín, en donde los rebaños son conducidos durante el verano.

    El emplazamiento de Segovia en la vertiente Norte de la Sierra de Guadarrama ofrece al trashumante un paisaje diferente dentro del extenso territorio que suponen las dos mesetas. El paso de los rebaños trashumantes se realiza en dos meses críticos para la alimentación del ganado, como son octubre y junio. En octubre el tránsito ganadero es en dirección a las dehesas, mientras que en junio el recorrido les llevará a los puertos de montaña. Los pastos de las vertientes de la Sierra de Guadarrama suponen para los ganaderos una posibilidad de alimentar el ganado, incluso en años de lluvias escasas y además encontrar en los cursos de agua de la Sierra, buenos abrevaderos donde llevar a beber a los rebaños.

    Un importante número de poblaciones serranas conocieron los beneficios y el auge económico que provenía de atender a los rebaños y pastores cuando el traslado se realizaba por estas localidades. En muchas de estas localidades existían los Esquileos. Estaban situados al pie de la Sierra, muy próximos a la Cañada Soriana Occidental o bien comunicados por medio de cordeles. En ellos se llevaba a cabo el esquileo de las ovejas; en los Lavaderos de lana era lavada y teñida, se tendía en los prados al cuidado de las tormentas. De allí salía en carros y se dedicaba a la fabricación de paños.

    La Cañada Soriana Occidental en Segovia

    La red de cordeles y veredas en la Sierra conforman una densa red de caminos con dos finalidades importantes: acceder a la Cañada Real Soriana y facilitar el tránsito del ganado hacía los puertos del Guadarrama. La Cañada Real Soriana Occidental, también conocida como de la Vera de la Sierra, transcurre en dirección E-W desde Soria hasta Trujillo (Cáceres). Tiene cerca de 700 Kilómetros de recorrido. La Cañada entra en Segovia por el término de Ayllón procedente de Soria, Recorre él termino de Riaza,  Cerezo de Arriba y Santo Tomé del Puerto. Al llegar a la N-1, la cruza en el kilómetro 96,7 donde también atraviesa la Cañada Real Segovia que sube al Puerto de Somosierra. La Cañada Soriana continua al pie de la Sierra por los términos de Siguero, Sigueruelo, Casla, Prádena, Arcones, Matabuena y Gallegos. Prádena que fue una importante población lanera queda al norte comunicada por un cordel.

    Entra en la Provincia de Avila después de haber recorrido 145 Kilómetros dentro de la provincia de Segovia. La Cañada se encuentra en general en buen estado de conservación, esta delimitada principalmente por vallas de piedra por lo que resulta fácil su identificación.

    En toda la vertiente septentrional de la Sierra de Guadarrama y situados cerca de la Cañada Real Soriana se encuentran los Esquileos. Eran edificios colosales capaces de albergar miles de ovejas, así como a los pastores, esquiladores, apartadores, velloneros etc. Todos estas edificaciones están en desuso, eran magníficos edificios de los que aun se conservan restos de los muros. De oeste a este, se encuentra primero el esquileo de El Espinar, del que se conservan los muros y la fachada de la casa-palacio de los marqueses de Perales; el segundo, es el de Ortigosa del Monte, a orillas del río Milanillos, del que se conserva una hermosa portada de entrada al recinto del siglo XVIII y algunas dependencias. Un tercero es el esquileo de La Losa, del que quedan restos de sus muros y puertas y sobre el cual se han construidos nuevos edificios. El cuarto es el de Iturbieta, llamado también de Santillana, por su proximidad a la antigua venta de este nombre, se encuentra en ruinas. En la localidad de Cabanillas del Monte, existe un esquileo que se visita y que conserva todas sus instalaciones. Estos edificios se utilizaban los veinte o treinta días que duraba el esquileo. Los esquileos se comunicaban con las grandes Cañadas Reales a través de cordeles lo que aseguraba él transito de importantes contingentes de ganado que iban a ser esquilados.

    Usos actuales de las Cañadas

    El desplazamiento de los rebaños por las cañadas disminuye progresivamente cada año. Primero fue el ferrocarril, utilizado en los desplazamientos hacia las zonas de invernada en Cáceres y Ciudad Real y ahora el camión es el transporte preferido de los ganaderos.

    El rebaño del Proyecto 2.001 sale de la Montaña de León, al final de verano; llega a Segovia por la Cañada Real Leonesa Oriental su recorrido pasa por Coca, y Juarros de Voltoya; a continuación abandona la Cañada Leonesa tomando un cordel de merinas que llega a Santovenia y Etreros, rodea Marugan, para llegar al río Moros, que cruza en un vado para remontar el río hasta Otero de Herreros y después de cruzar la carretera de Madrid por otro cordel llegar a la estación de El Espinar y atraviesa la Sierra.

    La trastermitancia

    Son desplazamiento del ganado, de corto recorrido, que se realiza a lo largo de toda la Sierra de Guadarrama en dirección norte sur. Los ganaderos trasladan los rebaños en desplazamientos de uno o varios días, utilizando cordeles desde zonas altas de la Sierra a puntos más bajos, donde pasarán el invierno. También son frecuentes los desplazamientos que realizan con el ganado en verano, hacia los espigaderos o rastrojos de los páramos del centro de la Provincia, cuando los pastos de sus términos empiezan a agostarse.

    En Segovia, es costumbre que los ganaderos de ovino salgan a mediados de abril de los pastos para no dañar las tierras de cereal y no volver hasta la rastrojera a mediados de julio según los años. Este destierro se refleja en las Ordenanzas de Pastos, de algunos términos precisando las fechas en que la ganadería lanar ha de salir del término. Los pueblos de la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, disponen de una servidumbre de pastos sobre los baldíos de San Ildefonso. Este privilegio se remonta al siglo XVIII. En la actualidad existen dos montes públicos que son aprovechados por el ganado el monte Matas de Valsaín, para ovino, vacuno y equino de acuerdo a parcelas y el Pinar de Valsaín, para ganado vacuno y equino. Los ganaderos de la Comunidad y pueblos cercanos como Revenga, o Palazuelos de Eresma, trasladan sus rebaños hasta la Sierra, a pie por el Cordel de Santillana, dirigiéndose cada uno a sus zonas tradicionales como son Las Praderas de Navalrey, Santillana, o El Puente del Niño. Los rebaños carean durante el día y son encerrados en cercas al llegar la noche vigilados por perros. A primera hora de la mañana los pastores vuelven. Mientras se siga cultivando, la obligación del destierro permanece por lo que esta práctica permanecerá todavía largo tiempo.

    En Segovia existe una asociación "Amigos de las Cañadas" cuyo objetivo es proteger las Cañadas y la conservación de los espacios que atraviesan y el desarrollo de la ganadería extensiva.

PUENTE DE VALSORDO SOBRE EL RIO ALBERCHE

    Está situado en el itinerario de la cañada leonesa oriental que servía desde el siglo XIII para conducir los ganados trashumantes de la Mesta desde los pastos de León a los de Badajoz en el invierno, y de los últimos a los primeros en el verano.

    El puente de Valsordo era  atravesado cada año por millares de cabezas de ganado que debían satisfacer al Cabildo de la catedral de Ávila ciertos impuestos denominados pontazgo. Esta circunstancia aparece reflejada en la inscripción que aparece en una gran roca que se halla a la entrada del puente, en la vertiente Norte del río Alberche, la cual reza así:

    Una vez cruzado el Puente de Valsordo en dirección Sur aparece otra roca con otra inscripción justo a la entrada del Puente de Santa Justa cuyo tránsito se gravaba con un nuevo pontazgo, esta vez en beneficio del conde de Feria, don Gómez Suárez de Figueroa:

VIAS HACIA LOS PUERTOS.

    En el siglo XIV, dada la proximidad del mar Mediterráneo, multitud de vías pecuarias se abrían paso a través del territorio valenciano por las que se conducían los rebaños hasta los puertos "graos" donde eran esquilados y se embarcaba su lana, gran parte de ella con destino a la entonces pujante industria textil florentina.

    En la provincia de Alicante se contabilizan hasta 4.000 kilómetros de vías pecuarias. La cañada real de Almansa, la cañada real de los Serranos o el cordel de Zafra y Mariola son algunas de ellas.

    Más de 7.000 kilómetros de vías pecuarias surcan el territorio castellonense. Por citar algunas, la cañada real del Llosar, la cañada real del Lligalló o la cañada real de Adzaneta a Mosquernela.

    Alrededor de 5.000 kilómetros de vías pecuarias recorren la provincia de Valencia, como la cañada real de Castilla, la cañada real de Aragón o el camino viejo de Teruel.

    La expansión de la ganadería merina culminó en las postrimerías de la Edad Media con la política proteccionista de los Reyes Católicos. En el siglo XVI, los Austrias Mayores (Carlos I y Felipe II), dieron a la Mesta una nueva etapa de expansión económica inusitada. Estableciéndose dos rutas para el transporte por vía marítima de los vellones o cargamentos de lana esquilada.

    La primera parte de los puertos de Levante tenia como destino los centros manufactureros del norte de Italia, la segunda enlazaba los puertos cantabros con Francia, Inglaterra y Flandes, donde ya existían factorías de comerciantes ibéricos.

LA RED ANDALUZA DE VÍAS PECUARIAS

    La red de vías pecuarias vive un momento importante en su larga historia. Por primera vez se va a proceder a la paulatina puesta en valor de uno de los bienes de dominio público más extenso y mejor distribuido en el territorio regional, por parte de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Se trata de una red viaria de más de 30.000 kilómetros de longitud, que interconecta todos los municipios y comarcas de Andalucía, entre ellos y con el resto de la Península Ibérica.

    Con el paso de los siglos, múltiples factores han hecho de la trashumancia del ganado una actividad poco rentable, quedando en desuso progresivamente estas rutas. Las Administraciones Públicas se han propuesto la adecuada ordenación y protección de esta red de vías pecuarias, ya que presentan grandes posibilidades para ser adaptadas a nuevos usos y actividades, en armonía con las necesidades de la sociedad contemporánea.

    El más destacado es su capacidad para el desarrollo de actividades enfocadas a un turismo ecológico, respetuoso con el entorno, en el medio rural; y, más concretamente, en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía; además de servir a esta función, las vías pecuarias actúan de hecho como corredores ecológicos que favorecen el desplazamientos de las especies silvestres, cada vez más aisladas en su medio natural en las últimas décadas.

    La Junta de Andalucía viene efectuando desde la asunción de las competencias en esta materia una ardua labor de recuperación de las vías pecuarias andaluzas. Se ha llevado a cabo el inventario informatizado de toda la red de vías pecuarias de la Comunidad Autónoma, que se refuerza con la aprobación de un reglamento autonómico sobre vías pecuarias, y se impulsa con la elaboración del "Plan de Ordenación y Recuperación de las Vías Pecuarias de la Comunidad Autónoma de Andalucía". Con la redacción de dicho plan se pretende diseñar la política de gestión que permita la recuperación de este dominio público, su ordenación y equipamiento necesario a fin de hacer posible el desarrollo de los usos compatibles y complementarios previstos en la Ley 3/1995, fomentar el mantenimiento de la biodiversidad, el intercambio genético de las especies de flora y fauna, la movilidad territorial de la vida salvaje, la mejora y diversidad del paisaje rural, siempre en el respeto que la naturaleza se merece.

LAS VÍAS PECUARIAS DEL TERMINO MUNICIPAL DE CORDOBA

    Las vías pecuarias han representado durante siglos, tanto para la economía del país  como para sus comunicaciones, un soporte cultural muy importante. A través de las cuales circulaban ganado, costumbres y tradiciones por todo el país. Actualmente se encuentran en fase de reestructuración y adecuación a las necesidades ganaderas, que se amplían dentro de la nueva ley de 23 de marzo de 1995 a acciones medioambientales y de disfrute de la Naturaleza.

    Las vías pecuarias se establecieron como tales durante la Edad Media y probablemente se generaron sobre rutas que ya existían desde épocas prehistóricas. En el entorno del Mediterráneo, Italia y Grecia comparten un esquema similar de migraciones ganaderas.

    Las tres clases de vías pecuarias más conocidas según las describía Antonio Vázquez Velasco en las Ordenanzas Municipales de Córdoba en el año 1884, son.

    Cañadas: Se entienden como tales las vías pastoriles que cruzan varias provincias y cuya anchura es de 75 metros (aprox. 90 varas).

    Cordeles: Son las vías pecuarias que concurren a las cañadas y ponen en comunicación dos provincias limítrofes, siendo su anchura de 37,50 metros (aprox. 45 varas).

    Veredas: Se definen así a los caminos de carne que ponen en comunicación varias comarcas de una misma provincia y su anchura no supera los 20,89 metros (aprox. 25 varas).

    Además de estas servidumbres ganaderas hay otras conocidas como pasos o ramales que tienen algunos predios, para que pasen por ellos, después que se hallan recogido los frutos, así como transitar en todo momento por dichos circuitos, el ganado sin consideración de raza y sin diferenciar si es estante, trasterminante o trashumante.

    Actualmente se reconocen 49 vías pecuarias (B.O.E. 29 julio 1967) en el término municipal de Córdoba y que son las que a continuación se indican:

EL VALLE DE ALCUDIA, EN CIUDAD REAL

    Enclavado en el extremo sur de Ciudad Real, desde el Valle de Alcudia se vislumbra Sierra Morena, que por estos entornos toma el nombre de Sierra Madrona. Este valle sirve de frontera natural con Andalucía. Con una extensión de más de mil kilómetros cuadrados, posee una enorme riqueza ecológica y paisajística de primer orden, en la que predominan alcornocales, quejigos y encinares adehesados.

    Surcada por el Camino Real de la Plata, que unía Toledo y Córdoba a través de los puertos de Niefla y Valderrepisa, esto propició que, a través de su trazado, transitaran durante siglos,

    Desde tiempos remotos en el valle, punto de concentración invernal de los pastores y rebaños del norte peninsular, se llegaron a contabilizar más de trescientas mil cabezas de ganado ovino venidas desde los agostaderos del norte a través de las Cañadas Reales que aquí desembocan, la segoviana y soriana, sirviendo de invernadero, durante más de seis siglos, de los rebaños del Honrado Consejo de la Mesta. En este vasto periodo de tiempo se fue produciendo todo un entramado de cañadas, veredas y cordeles para el trasiego de los miles de ovejas merinas que puntualmente se daban cita en otoño para aprovechar la riqueza de pastos

RED DE SENDEROS DE ARJABOR

    A finales del XIII y principios del XIV, tras la retirada de los árabes, los pastores castellanos y leoneses pasearon sus ganados por estas comarcas, a través de las cañadas, coladas y veredas, protegidas por el Honorable Concejo de la Mesta creado en 1273 por Alfonso X el Sabio, dando origen a la mayoría de las poblaciones de la zona.

   Posteriormente, el Camino Real también tomó como tránsito el Campo Arañuelo, sirviendo más tarde en base para las carreteras rodadas, convertidas con el paso de los tiempos en ejes fundamentales de la comunicación, y provocando la caída en desuso o pérdida de numerosos caminos tradicionales, que enlazaban las distintas localidades, e incluso aquella red agropecuaria originada con la Mesta.

    El nordeste extremeño puede volver a recibir el tránsito gracias a la Red de Senderos que está elaborando la Asociación para el desarrollo integral de las comarcas de Campo Arañuelo, La Jara y los Ibores ( ARJABOR), dentro de las actuaciones pertenecientes al programa europeo Leader II. Un proyecto cuyos objetivos básicos son la recuperación de diversos caminos tradicionales de comunicación entre los municipios de las referidas comarcas, la puesta en valor de sus recursos patrimoniales culturales, históricos y naturales, y la ordenación de una oferta turística equilibrada y respetuosa con el medio ambiente.

    La Red de Senderos ha previsto dos grandes recorridos que cruzarán las comarcas del ámbito de actuación de ARJABOR de Norte a Sur, desde el puente del río Tiétar, en Talayuela (enlace con La Vera), hasta la Poza de las Nieves, en Navalvillar de Ibor (enlace con Guadalupe), y de Este (hacia Ventas de San Julián, Toledo) a Oeste (a Jaraicejo), siguiendo la antigua Cañada Real Leonesa Occidental, situándose como eje de enlace entre ambas el tramo de la Cañada a su paso por el término municipal de Navalmoral de la Mata.

    Desde estos grandes recorridos partirán otra serie de itinerario de menor longitud, que enlazarán las diferentes localidades de la zona y en especial con las diferentes áreas de descanso-merenderos creadas en cerca de una treintena de municipios pertenecientes al grupo gestor del programa comunitario Leader II en la zona. Se pondrán al servicio de los senderistas y amantes del paseo cerca de 300 Kilómetros de caminos y sendas, que nos permitirán descubrir la naturaleza que encierran las comarcas del Arañuelo, Los Ibores y la Jara.

LAS LLANURAS EXTREMEÑAS  (Octubre-Mayo)

    La historia de este paisaje está ligada a La Mesta, la poderosa organización de la trashumancia, y a las órdenes militares de Alcántara y Santiago. La Ruta comienza en los Llanos de Cáceres, por las rutas seculares de la trashumancia, en el extremo de la Cañada Real Leonesa, se alcanzan las llanuras de La Serena, al Este de Badajoz, una de las principales zonas de pastos de invierno de las ovejas merinas de La Mesta.

    En los Llanos del Guadiana, la Ruta discurre a lo largo de la frontera "la raya" de Portugal, marcada por el río aguas abajo de la ciudad de Badajoz.

    Al sur de la región, la Ruta termina en las fértiles tierras agrícolas de La Campiña, que comprende las comarcas de Zafra, Llerena y Azuaga.

    La comarca de La Serena, situada en la zona centro oriental de la provincia de Badajoz, contiene un territorio cuyas capitales tradicionales han sido Castuera, Puebla de Alcocer y Villanueva de la Serena. Partido Judicial durante el antiguo régimen, era jurisdicción de la Orden de Alcántara, conteniendo 18 villas organizadas en las comunidades de Magacela, Benquerencia, Zalamea y Esparragosa de Lares. Es tierra de penillanura, de codiciados pastos cuyo control es objeto de permanente litigio entre la Corona, la Orden, la Mesta y los Ayuntamientos. Con la incorporación de las Ordenes a la Corona, recibe la denominación de "La Real Dehesa de La Serena", reglamentada por la real cédula 1.734 de 17 de septiembre.

    La Serena está unida históricamente a una de las instituciones medievales más poderosas del país, La Mesta, su vocación ganadera muy significativa siendo un territorio tradicionalmente dedicado a la ganadería. La historia de La Mesta y de la Trashumancia nos han legado una vasta red de vías pecuarias que pueden utilizarse ahora para conocer La Serena.

   Miles de cabezas de ovejas merinas se alimentan en esta zona, considerada una de las estepas más importantes de España, donde no sólo habitan las ovejas sino que viven en libertad algunas de las aves más amenazadas y en vías de extinción de la península, como es el caso de la cigüeña, que cada vez emigran menos con la llegada del frío; así mismo miles de grullas inviernan también en nuestra tierra, pudiéndose deleitar con su paso desde un observatorio entre el Puerto Mejoral y el Castillo de Almorchón, también se encuentran en gran número en las dehesas de Benquerencia.

    La Serena tiene una extensión de 100.000 Hectáreas y la circundan algunas sierras como la de La Moraleja y la de Los Tiros, así como los campos de la dehesa que se extienden desde la dehesa hasta Monterrubio, existiendo un importante número de encinas y alcornoques.

    Aunque es una extensión de terreno de secano, paradójicamente está rodeada de agua. Uno de sus embalses, el de La Serena, está considerado por su capacidad de almacenamiento como el segundo más importante de Europa. La tradición Ganadera proporciona queso de gran calidad, las famosas "Tortas de La Serena".

 

DE ZARZA DE MONTÁNCHEZ A SALVATIERRA DE SANTIAGO

    En la comarca Sierra de Montánchez y Tamuja existe una extensa red de cordeles que, aún en la actualidad, permiten el acceso de los ganaderos a dos de las rutas trashumantes más importantes.

    El Cordel de Mérida-Trujillo permite el acceso tanto a la Cañada Real leonesa occidental para seguir la ruta del Puerto del Pico como a la Cañada Real de la Plata para tomar el paso del Puerto de Tornavacas. Por otro lado el Cordel que une Valdesalor con Trujillo pone en conexión la Cañada Real Soriana Occidental con las dos anteriores mencionadas.

    La Trashumancia es un sistema de explotación ganadera consistente en el desplazamiento de los rebaños de ganado y sus cuidadores de los pastos de verano del norte del país a los Inviernos situados en regiones cuyas condiciones climáticas y ecológicas las hacen más benigna como es el caso de Extremadura.

    Este sistema fue impulsado desde la Baja Edad Media especialmente con la protección que los monarcas dieron a los ganaderos trashumante agrupados en el Honrado Concejo de la Mesta (siglo XIII) y se mantuvo hasta entrado el siglo XIX, en el cual los cerramientos de fincas, la abolición de la Mesta y la desamortización civil de 1855 asentaron duros golpes a la trashumancia tradicional, aunque, sin suponer por ello su desaparición.

    En la actualidad el traslado en ferrocarril sustituye en todo o en parte el viaje a pie por las vías pecuarias y los contratos de arrendamiento sustituyen a los antiguos privilegios de posesión de La Mesta. A pesar de todo Extremadura sigue siendo el bastión del sistema trashumante en nuestro país, dándose cita invernal unas cien mil cabezas de ganado menor otras veintisiete mil de ganado mayor.