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Artículo diciembre 2006

LA SEGURIDAD EN AVIACIÓN: IMPORTANCIA DEL FACTOR HUMANO. XVI

TRATAMIENTO MUESTRAS

    TRATAMIENTO DE MUESTRAS CONDUCTUALES

    Las actitudes no son susceptibles de observación directa. Su existencia e intensidad deben inferirse de lo que puede ser observable. En consecuencia, debemos escoger conductas que sean aceptables como bases de inferencia. Tradicionalmente, las creencias, sentimientos y/o intenciones con respecto a determinado objeto y de los que uno mismo informa, se han empleado como base primaria de inferencia. El énfasis puesto en las muestras de conducta informadas por uno mismo es a la vez innecesario y desafortunado. Cook y Selltiz exponen varias razones que ratifican la validez de esto y defienden un enfoque de indicadores múltiples en la medición de actitudes. La clasificación de métodos que proponen se apoya en el tipo de muestras conductuales que se usa como base de inferencia.

   Para entender la conducta humana es necesario clasificar la multitud de cosas que las personas hacen y dicen; ordenarlas en grupos que sean significativos conductual y teóricamente, como, por ejemplo, la ejecución académica, la conformidad a las demandas de otros o la agresión. Al tratar de explicar por qué las personas manifiestan o no estas conductas, a menudo se introducen construcciones teóricas intermediarias interventoras. Por ejemplo, se postula que la ejecución académica aumenta con la inteligencia; la baja autoestima conduce al conformismo; y la conducta agresiva es resultado de la frustración. La prueba de estas proposiciones requiere evidentemente la medición de las conductas y de las variables interventoras.

    La actitud es una variable interventora muy popular entre los psicólogos sociales. Consecuentemente, se ha prestado mucha atención a los problemas de medición de actitudes. En realidad, los rasgos peculiares de la medición de actitudes se han destacado tanto que es bueno recordar que muchos de los problemas de la medición de actitudes son comunes a muchas otras variables psicológicas. Garner y Creelman muestran claramente el valor que posee el reconocimiento de vínculos comunes de problemas y métodos entre la elaboración de escalas psicológicas y de escalas de actitudes.

   Para ser útil, toda medida debe ser exacta, aunque exacta de distintas maneras. Un instrumento de medida debe proporcionar "lecturas" que representen lo que el aplicador del instrumento se propone medir.

    Cuando tratamos de medir actitudes deseamos que el instrumento sea insensible a la inteligencia, clase social, tendencias de los sujetos a dar respuestas socialmente deseables o a cualquier otra cosa, excepto a las actitudes. El instrumento debe ser válido. Cómo se logra esto y en qué grado, es sumamente importante.

    Un instrumento debe ser consistente en las lecturas que proporciona cuando se aplica a un objeto que no cambia; es decir, debe ser confiable. Hay varias maneras de concebir la confiabilidad. Por ejemplo, se puede pensar en la confiabilidad como estabilidad a través del tiempo o como el grado de consistencia entre los reactivos que constituyen el instrumento. Como sucede con la validez, los problemas del incremento de la confiabilidad de los instrumentos y la determinación de ésta son fundamentales en la medición de actitudes.

    La confiabilidad y la validez están íntimamente relacionadas. Un instrumento con baja confiabilidad, por ejemplo, no puede proporcionar medidas válidas de las cosas en las que se aplique. Pero la interrelación de estas dos cualidades de los instrumentos va más allá de este simple nivel de contingencia funcional, como señala Bohrnstedt.

    Para que una medida se acepte como válida deben satisfacerse varios criterios. Quizá los más importantes son:

    a) debe proporcionar puntuaciones que concuerden con otras medidas del mismo objeto, y

    b) no debe presentar convergencia con otras medidas de las que se supone difiere. Esos dos procesos de validación son definidos por Campbell y Fiske como validación convergente y discriminante.

    El rasgo básico de la estrategia es combinar varios rasgos y más de un método en un solo análisis de correlación. El diseño multirrasgo-multimétodo es un instrumento poderoso y seguro aunque su aplicación pueda no ser factible en todos los estudios de campo de la actitud.  

    ENFOQUE DE INDICADORES MÚLTIPLES EN LA MEDICIÓN DE ACTITUDES

    Desde el informe de LaPiere (1934) acerca de la discrepancia entre la verdadera acogida que se le brindó a él y a una pareja de chinos y las contestaciones en un cuestionario sobre la aceptación de los chinos como huéspedes, los investigadores se han interesado en el hecho de que procedimientos diferentes, destinados a determinar las mismas actitudes, han conducido a menudo a clasificaciones completamente distintas de los mismos individuos, y de que la conducta observada hacia un objeto social (persona, grupo, etcétera) frecuentemente no sería la pronosticada por un instrumento destinado a medir la actitud hacia ese objeto.

    Hay varios tipos de reacciones a esas discrepancias observadas. Una ha consistido en suponer que existe una actitud "verdadera" hacia el objeto, la cual no han podido determinar correctamente una o ambas medidas. Otra ha sido suponer que hay diferentes "clases" de actitudes hacia un objeto determinado; por ejemplo, "actitudes verbales", y "actitudes de acción" que no se espera que necesariamente concuerden. Otra más ha sido igualar actitud con conducta, usando "actitud" sencillamente como un término descriptivo que resume consistencias observadas en la conducta. Y otra reacción ha sido considerar la actitud como una disposición fundamental que interviene, junto con otras influencias, en la determinación de una diversidad de conductas hacia un objeto o clase de objetos, incluyendo declaraciones de creencias y sentimientos hacia el objeto y acciones de aproximación y evitación con respecto a él.

    Las mas estudiada es la última; primero, porque para algunos autores (por ejemplo, Allport, 1954) la observación de regularidades en la conducta social parece indicar la operación de disposiciones fundamentales relativamente estables hacia clases de objetos. Además las inconsistencias aparentes de la conducta social a menudo pueden entenderse con base en la operación de tales disposiciones fundamentales estables, en relación cambiante con otras influencias ejercidas sobre la conducta. Finalmente, cuando se distingue válidamente un concepto de la disposición, se tiene, por su misma naturaleza, una aplicación situacional más amplia, incluyendo su capacidad de proyectarse en situaciones relativamente nuevas, que un simple concepto descriptivo de igualar actitud y conducta en situaciones determinadas.

    Suponemos que las siguientes dos clases de variables, además de la disposición actitudinal del individuo hacia un objeto o clase de objetos determinados, influyen en su conducta en situaciones en que interviene el objeto o símbolos del objeto (incluyendo la conducta que constituye su respuesta a instrumentos destinados a medir la actitud hacia el objeto:

    a) otros características del individuo,.que incluyen sus disposiciones hacia otros objetos representados en la situación, los valores sostenidos por él y que están en juego en la situación, su estado motivacional, su estilo expresivo y así sucesivamente;

    b) otras características de la situación, que abarcan sus prescripciones en cuanto a la conducta adecuada, las expectativas de los demás, que forman también parte de la situación con respecto a la conducta del individuo, las consecuencias posibles o probables de diferentes actos de su parte y así sucesivamente.

    En esta perspectiva, una actitud no puede medirse directamente, sino inferirse siempre de la conducta, ya sea la forma verbal en que el individuo informe de sus sentimientos hacia el objeto de la actitud, la ejecución de una tarea que incluya material relacionado con el objeto (por ejemplo, el recuerdo de afirmaciones que expresen una posición con respecto al objeto), o acciones hacia un representante de la clase de objetos (por ejemplo, evitación de un individuo con esa característica). Lazarsfeld (1959) adopta una posición semejante en su estudio del análisis de estructura latente. Indica que hay una relación de probabilidad entre un indicador y el rasgo subyacente del cual se toma como indicación; es decir, determinado rasgo no produce invariablemente determinada conducta. Hace hincapié en que, como consecuencia, siempre habrá inconsistencia entre medidas diferentes de un rasgo hipotético, y que la tarea del investigador es combinarlas en un "índice" o "medida" que represente la mejor inferencia que pueda hacerse de la multitud de operaciones empíricas acerca de la característica subyacente que se supone reflejan.

    Esta orientación lleva a poner de relieve la necesidad de varios procedimientos de medida diferentes para poder estimar la disposición común subyacente; y a la expectativa de que los datos de estos procedimientos no estarán perfectamente correlacionados. Sin embargo, nos parece que es posible incrementar la correspondencia entre los indicadores mediante un análisis cuidadoso de factores diferentes que probablemente afecten la respuesta en un instrumento dado de medida, y haciendo esfuerzos para reducir o controlar la influencia de tales factores. El objetivo ideal sería desarrollar una o-más medidas en las que se eliminaran los efectos de todos los determinantes probables de respuesta diferentes a la actitud hacia el objeto apropiado. Sin embargo, este objetivo parece difícil de alcanzar. Por consiguiente, creemos importante trabajar en el desarrollo de varias medidas diferentes, en cada una de las cuales se hagan esfuerzos para eliminar o controlar de una manera sistemática toda influencia identificable sobre respuestas diferentes a la actitud en cuestión. Ya que influencias diferentes se controlarán en medidas distintas e inversamente, por tanto, influencias diferentes además de la actitud afectarán las respuestas en medidas distintas existirá falta de correspondencia entre las puntuaciones en diferentes medidas.

    Los científicos sociales han reconocido desde hace tiempo que factores diferentes a la actitud del individuo hacia un objeto pueden influir tanto en su respuesta a los instrumentos destinados a medir la actitud, como en su conducta cotidiana hacia el objeto. Buena parte del trabajo reciente en el campo de la medición de personalidad y de la actitud se ha ocupado de identificar los efectos de esas variables "extrañas" como la tendencia a concordar (o a discrepar) con afirmaciones independientemente de su contenido (por ejemplo) Bass, 1955; Cronbach, 1946, 1950), o el deseo de presentar una imagen socialmente aceptable de sí mismo (por ejemplo, Edwards, 1953, 1957; Taylor, 1961).

    También ha habido interés en el desarrollo de métodos indirectos de evaluación de las actitudes (para una revisión de tales métodos, véase Campbell, 1950). Pero los intentos para desarrollar medidas indirectas han sido, en su mayor parte, esporádicos; y se han realizado pocos esfuerzos para examinar sistemáticamente la relación entre diferentes medidas indirectas, o su relativa sensibilidad a influencias como la disposición a estar de acuerdo o como las normas sociales.

    No obstante el conocimiento general de los problemas de medición, el examen de los informes de investigación experimental sobre las actitudes presenta el siguiente cuadro:

    - 1) aún los investigadores que sostienen posiciones teóricas muy rebuscadas acerca de la naturaleza y funciones de las actitudes y las condiciones de cambio de las actitudes, por lo común solamente emplean una sola medida de actitud, generalmente muy defectuosa, para probar hipótesis derivadas de sus mismas posiciones teóricas.

    -2) la mayoría de los investigadores están enterados de la posibilidad de que las respuestas a estos instrumentos estén influidas por factores diferentes a las actitudes que se trata de medir.

    -3) se han realizado esfuerzos para salvaguardarse de la intrusión de tales factores o para desechar interpretaciones basadas en la posibilidad de que hayan intervenido.

    Estas precauciones generalmente toman una o más de las siguientes formas: muestreo (por ejemplo, selección de grupos de sujetos que se cree difieren en sensibilidad a las influencias extrañas más probablemente activas en la situación de medida), diseño experimental (por ejemplo, la introducción de grupos de control), análisis interno de los datos (por ejemplo, considerar cómo podía esperarse que difirieran las respuestas de subgrupos de sujetos cuando fuera eficaz un determinante y no otro).

    No tratamos de subestimar la importancia de tales procedimientos. En un estudio determinado puede desecharse concluyentemente la posibilidad de que las respuestas hayan sido influidas por factores diferentes a la actitud de los sujetos hacia el objeto en cuestión. Sin embargo, nos parece que el esfuerzo tendiente a mejorar los instrumentos de medición sería por lo menos de igual utilidad.

    DIFERENTES TIPOS DE INSTRUMENTOS DE MEDIDA SEGÚN LA CLASE DE EVIDENCIA QUE PROPORCIONAN PARA HACER INFERENCIAS ACERCA DE LA ACTITUD

    En la mayor parte de la investigación sobre las actitudes, los esfuerzos encauzados a mejorar las técnicas de medición se han limitado a asuntos como asegurar el anonimato, separar la medición de las sesiones experimentales, cambiar el orden de presentación de los reactivos o el contexto dentro del cual se encuentren. Si se desea ir más allá de este limitado trabajo, se requerirá un análisis sistemático de las características de los instrumentos de medida que supere al existente. Este artículo es un primer paso hacia ese análisis. Nuestro propósito no es presentar una revisión detallada de las diferentes clases de instrumentos que se han usado para medir las actitudes; esto lo han realizado ya y bastante bien otras personas (Campbell, 1950; Deri, Dinnnerstein Harding y Pepitone, 1948; Weschler y Bernberg, 1950). Nos proponemos examinar las principales clases de técnicas de medición desde el punto de vista de los tipos de evidencia que proporcionan y por tanto, del carácter de las inferencias que se hacen al estimar la actitud. Con "carácter de las inferencias que se hacen" nos referimos al fundamento para creer que la actitud hacia el presunto objeto es un determinante de respuestas en el instrumento de medida, y !as bases para inferir al carácter de la actitud a partir de las características de las respuestas (es decir, para considerar determinada respuesta como indicación de una disposición positiva o negativa hacia el objeto).

    Hemos encontrado útil hacer cinco grupos principales:

    a) medidas en que el material a partir del cual se hacen inferencias consiste en informes sobre sí mismo de creencias, sentimientos, conducta, etc., hacia un objeto o clases de objetos;

    b) medidas en que las inferencias se hacen a partir de la conducta abierta hacia el objeto; c) medidas en que !as inferencias se hacen a partir de las reacciones o interpretaciones que el individuo muestra a material estructurado parcialmente y que atañe al objeto; d) medidas en que las inferencias se obtienen de ejecuciones en tareas objetivas, donde la actividad puede ser influida por la disposición hacia el objeto, y el medidas en que las inferencias se extraen de reacciones fisiológicas al objeto.

   No todas las medidas examinadas se han usado como pruebas de actitud en el sentido formal, pero hay razón para creer que en cada una de ellas la actitud puede ser un determinante importante de la respuesta y, por tanto, que la técnica puede servir como base de inferencias acerca de la actitud.

   Al evaluar lo adecuado de un instrumento como indicador de actitud, la consideración de su sensibilidad a otras influencias es tan importante como el fundamento para creer que la disposición subyacente hacia el objeto es determinante de la respuesta.

    Al examinar los instrumentos de medida desde el punto de vista de la posible influencia de factores ajenos a la actitud, debemos tener en cuenta dos aspectos importantes:

    a) la probabilidad de que las respuestas manifiestas puedan desviarse de las respuestas "privadas", es decir, la facilidad con que un individuo pueda alterar sus respuestas con la mira de presentar determinada imagen de sí mismo;

    b) la probabilidad de que las respuestas privadas se afecten por determinantes diferentes a la actitud, sin que haya el propósito de distorsionar la respuesta.

   Las posibilidades de que factores diferentes a la actitud influyan en las respuestas privadas son ilimitadas; estudiaremos entonces solamente aquéllas cuyo acaecer parezca más probable con respecto a cada tipo de instrumento de medición. La capacidad de distorsión de la respuesta manifiesta esto es, la posibilidad de discrepancia entre la respuesta privada y la manifiesta es, al parecer, una función de tres características del instrumento: el grado en que sea evidente su propósito, el grado en que sean patentes las implicaciones de respuestas concretas y el grado en que las respuestas estén sujetas a control consciente. Analizando la susceptibilidad de las medidas a la distorsión de respuestas, y las técnicas ideadas para disminuir tal posibilidad de distorsión, suponemos que en lo relativo a muchas actitudes las circunstancias en que generalmente se aplican los tests tienden a ejercer presión en una sola dirección. Parece razonable dar por hecho que la mayoría de los sujetos, al encontrarse con tests en una situación académica o patrocinada por alguna otra organización "respetable", supondrán que las respuestas que los coloquen en la situación más favorable a los ojos de los demás son las que los representen como bien adaptados, sin prejuicios, sensatos, de amplio criterio y democráticos. Más todavía, como las citadas son normas ideales por lo menos de gran parte de la clase media estadounidense, las presiones concretas en la situación de prueba probablemente coincidan con presiones internas para mantener una imagen aceptable ante sí mismo y ante los demás. Con "actitudes sociales polémicas" queremos decir actitudes con respecto a las cuales tales normas son efectivas. Parte de nuestro estudio y particularmente algunos de nuestros ejemplos, se refieren a técnicas que facilitan al individuo mostrarse a sí mismo como desadaptado, con prejuicios, etc., o para hacerle más difícil retratarse, falsamente, como bien adaptado, sin prejuicios, etc. Mientras que, para especificar los detalles completos de ciertas técnicas, es necesaria alguna suposición en cuanto a la dirección probable de las presiones que operan en la situación, los principios implicados no dependen de la dirección específica de las presiones; en situaciones dadas de prueba en que hay razón para creer que las presiones predominan en una dirección diferente, pueden modificarse congruentemente las técnicas. Y muchas de estas no requieren suposición alguna acerca de la probable dirección de las presiones, pues están diseñadas para reducir los efectos de influencias extrañas en cualquier dirección.

    Medidas en que las inferencias se obtienen de autoinformes sobre creencias, sentimientos, conductas, etc. Es obvio que el método empleado con mayor frecuencia para obtener material a partir del cual hacer inferencias acerca de una actitud, es pedir al individuo que revele, ya sea por sus propias palabras o por la aceptación o rechazo de reactivos estandarizados, sus creencias, sus sentimientos, la forma en que se comporta o comportaría, o su opinión sobre cómo debería tratar, todo esto, acerca de determinado objeto. La base de inferencia es clara: es axiomático de toda definición que la actitud de un individuo hacia un objeto está indicada por sus creencias, sentimientos y orientaciones de acción hacia él. La naturaleza de la inferencia también es clara: se supone que la relación entre actitud y expresión es directa y que la actitud concuerda con las implicaciones manifiestas de sentido común de la creencia o sentimiento declarados. Por ejemplo, expresar la creencia de que un objeto tiene características generalmente deseables se considera como reflejo de una disposición favorable hacia él; y la creencia expresa de que tiene características generalmente consideradas indeseables se toma como reflejo de una disposición desfavorable hacia él. De manera semejante, el informe de que una persona evita contacto con el objeto se considera como indicación de una disposición desfavorable hacia él, mientras que un informe de que le gusta o le gustaría entrar en contacto con él se toma como indicación de una disposición favorable.

   En algunas definiciones, la actitud se considera idéntica a, o simplemente, un resumen de sentimientos, creencias, conducta, etc., hacia el objeto; esta es una forma de anular el problema de inferencia. Sin embargo, conforme a esas definiciones debe adoptarse algún criterio para escoger la conducta que constituya la población de "respuestas actitudinales" que va a muestrearse. La selección de tales criterios, creemos, depende de un análisis en esencia semejante a nuestra consideración de "influencias extrañas" en lo que resta de este trabajo.

   Las medidas hechas en base a informe sobre sí mismo tienen varias características que las hacen susceptibles de distorsión de las respuestas manifiestas. El propósito del instrumento se revela al sujeto; las implicaciones de sus respuestas son transparentes para él; puede controlar conscientemente sus respuestas. Así, una persona que desee presentar cierto cuadro de sí mismo, ya sea para impresionar favorablemente al examinador, para preservar su propia imagen de sí mismo, o por alguna otra razón, puede hacerlo fácilmente. Esta dificultad ha sido reconocida desde hace mucho y en años recientes se ha investigado intensamente bajo el rótulo de "deseabilidad social". Se han inventado varias técnicas para hacer menos aparente el propósito e instrumento o las implicaciones de las respuestas; para facilitar respuestas que puedan considerarse indeseables, y para dificultar que se den respuestas falsas que puedan considerarse deseables. Algunas de esas técnicas se enfocan principalmente a reducir la probabilidad de que las respuestas sean distorsionadas para satisfacer las expectativas del investigador o para complacerlo, otras, se orientan a reducir la influencia sobre las respuestas dictadas por el deseo de mantener cierta imagen de uno mismo, así como el deseo de complacer o impresionar al investigador.

   1 .- Uno de los métodos más sencillos para hacer menos aparente el propósito del instrumento es la inclusión de reactivos que no corresponden al objeto actitudinal en que el investigador esté interesado. Una variación de éste procedimiento es incluir en cada uno de los reactivos varios aspectos además de aquel en que está interesado el investigador; por ejemplo, cuando el investigador está interesado en las actitudes hacia uno o más grupos raciales, cada reactivo puede referirse a una persona hipotética caracterizada no sólo por su raza sino también por su edad, sexo, religión, ocupación, etc. Los procedimientos de esta clase sirven solamente para hacer menos evidente el propósito del examen. No lo ocultan o disimulan completamente, ni pueden hacerlo dentro del formato de las medidas de informe de sí mismo, las cuales, por definición, requieren que el individuo dé su propia descripción de sus reacciones al objeto actitudinal.

   2 - Entre los procedimientos más sencillos y más a menudo empleados para facilitar las respuestas que puedan considerarse indeseables, están el dar garantías de anonimato, declaraciones de que "no hay contestaciones correctas o incorrectas" o de que "las personas difieren en sus opiniones acerca de estas cosas", hacer hincapié en la importancia de contestaciones honestas para contribuir al conocimiento científico de algún asunto considerado deseable, intentos por establecer buena relación entre el entrevistador y el sujeto y de crear la impresión de que el entrevistador no desaprobará ninguna opinión que se exprese.

   3.- Otros procedimientos se basan en el instrumento mismo; abarcan reactivos en que una respuesta desfavorable se considerará probablemente aceptable por ejemplo, ¿aceptaría usted a un cavador de zanjas como miembro del Congreso de los Estados Unidos en su distrito? " Westie, 1952, 1953), para abatir cualquier posible disposición a dar contestaciones uniformemente favorables; incluir en la declaración de una opinión que puede considerarse indeseable, una calificación o justificación de ella (por ejemplo, "es mejor que los judíos tengan sus propias fraternidades y hermandades, pues tienen sus propios intereses y actividades particulares a los que, juntos, pueden dedicarse mejor, justamente como los cristianos conviven mejor dentro de fraternidades cristianas". Adorno, Frenkel Bruswik, Levinson y Sanford, 1950); expresar las preguntas de tal manera que supongan que el sujeto mantiene ciertas opiniones o ha realizado ciertas clases de conducta (por ejemplo, "¿Cuándo fue la primera vez que usted... ? " Kinsey, Pomeroy y Martin, 1948).

   4.- Otros métodos están diseñados para hacer más difícil que se dé, falsamente, lo que puede considerarse una respuesta deseable. En la medición de la personalidad, un esfuerzo importante de esta clase ha sido el uso del test de elección forzada,  donde se pide al sujeto que indique, de dos afirmaciones igualadas en cuanto a deseabilidad social pero que difieren en sus implicaciones referentes a rasgos o necesidades, cual es más semejante a sus propias opiniones o más descriptiva de su propia conducta. Este método no se ha usado ampliamente en la medición de actitudes.

    Además de su susceptibilidad a la distorsión consciente, resultante de que el individuo presente la imagen de sí mismo, que desea, las respuestas a las medidas de informe de sí mismo pueden ser influidas por otro conjunto de características no relacionadas; presuntamente, con la actitud hacia el objeto en cuestión, aquellas denominadas frecuentemente "disposición de respuestas" o "estilo expresivo". Se ha advertido desde hace mucho tiempo que algunos individuos tienen la estable tendencia a concordar (o a discrepar) con los reactivos que se les presenten, independientemente de su contenido, o a seleccionar, con más frecuencia que la meramente atribuible al azar, la opción que aparece en determinada posición; o a dar respuestas extremas (o moderadas).

   Se han creado varias técnicas para reducir los efectos de esas tendencias en las puntuaciones que se tomen como indicativos de las actitudes. Quizá el método más sencillo y más común de enfrentarse al problema de la tendencia a concordar (o a discrepar) es variar la expresión de los reactivos de tal manera que, aproximadamente en la mitad de ellos, la conformidad represente una respuesta favorable al objeto actitudinal y en la otra mitad una respuesta desfavorable. Otros métodos usados para atacar este problema consisten en desarrollar el instrumento de medida de manera tal que las respuestas no adquieran la forma de expresión de conformidad o desacuerdo con una sola afirmación a la vez. El instrumento puede consistir en pares de aseveraciones que representen toscamente puntos de vista opuestos sobre cierto asunto, las dos aseveraciones se expresan bien positiva o bien negativamente; se le pide al sujeto que indique cuál está más cerca de su propia posición, o que indique su posición en una escala que se extiende entre las dos aseveraciones. El siguiente par de reactivos, tomado de una escala inédita de actitudes hacia la libertad de palabra, elaborada por alumnos de Donald T. Campbell en la Universidad de Northwestern, ilustra este método:A. Los fascistas y los comunistas tienen derecho a predicar sus creencias en este país. B. Solamente quienes concuerdan con la filosofía del gobierno del país tienen derecho a predicar sus creencias personales.

    En otros instrumentos, el problema se evita, por lo menos en su forma más obvia, al usar reactivos que requieren respuesta libre - preguntas abiertas, oraciones incompletas para que las termine el individuo con sus propias respuestas, etc. Un procedimiento para corregir los efectos de la tendencia a dar respuestas extremas o moderadas consiste en proporcionar pares igualados de reactivos, uno de los cuales se refiere al objeto actitudinal y el otro a un objeto de control, y calificar basándose en la discrepancia entre las dos respuestas. Por ejemplo, si tan solo se pregunta a los sujetos: "¿Aceptaría que viviera en el edificio que usted habita un tenedor de libros negro? " y se les proporciona una escala de respuestas de cinco puntos, es imposible determinar si los sujetos que contestaron "completamente de acuerdo" y quienes contestaron simplemente "de acuerdo", difieren en actitud, en estilo de respuesta, o en ambas cosas. Proporcionar un reactivo paralelo con respecto a un tenedor de libros blanco y calificar fundándose en la discrepancia entre las respuestas de un individuo al negro y al blanco elimina los efectos del estilo de respuesta en la calificación (Westie, 1953).

   La susceptibilidad de las medidas de informe de sí mismo a las dos clases de influencias analizadas hasta ahora, el deseo de presentar cierto cuadro de uno mismo y las disposiciones de respuesta no relacionadas con el contenido de los reactivos, conduce claramente a la posibilidad de distorsión de las respuestas en la forma obvia de falta de correspondencia entre las respuestas manifiestas y las creencias, sentimientos, opiniones políticas privadas del individuo, etc. Hay, sin embargo, otros factores que pueden influir en sus creencias y sentimientos privados, de la misma manera que en sus respuestas manifiestas. Dado que las creencias, sentimientos y orientaciones a la acción con respecto a un objeto, están, por definición, determinadas cuando menos parcialmente por la actitud del individuo hacia el objeto, pueden ser también influidas por otros factores, por ejemplo, por la disponibilidad de la información o por otros valores que mantiene el individuo. Esto significa que una persona que manifiesta una actitud de por sí menospreciativa hacia los negros pudo, no obstante, haber aprendido, y mantener aún como creencia, que no hay diferencia en la composición química de la sangre de negros y blancos; por otra parte, una persona cuya postura hacia los negros no sea de menosprecio puede saber y mantener como creencia que, en los Estados Unidos, el aprovechamiento escolar promedio de los negros es más bajo que el de los blancos. Una persona con una actitud de desdén hacia los negros puede creer, empero, que estos no deben ser privados del derecho de voto, porque considera que este derecho es un componente indispensable de la democracia; una persona cuya actitud hacia los negros no es de descrédito puede oponerse a las leyes que prohíben la discriminación en la venta y alquiler de casas, debido a que dé gran importancia al derecho que asiste al propietario de hacer lo que le parezca con su posesión.

    El grado en que estas otras influencias afectan diferencialmente a los reactivos o afectan solamente a ciertos reactivos ha sido estudiado, examinando la consistencia de las respuestas, eliminando los reactivos que presenten poca concordancia con las puntuaciones totales, o eliminando aquellos cuyas respuestas no caigan dentro de una escala monodimensional.

    Una técnica determinada puede ayudar a reducir o corregir la influencia extraña que proceda de más de una fuente. Por ejemplo, la calificación basada en la discrepancia entre respuestas a reactivos concernientes al objeto actitudinal y a reactivos semejantes acerca de un objeto control, puede proporcionar una corrección de los efectos de otros valores o significados contenidos en los reactivos, así como de las disposiciones de respuesta. Pedir al sujeto que escoja cuál de las dos afirmaciones es más semejante a sus opiniones puede ayudar a eliminar la influencia tanto de la disposición de respuesta como del interés en la aceptabilidad de las respuestas, cuando las opciones proporcionadas son equivalentes en ambos aspectos.

   Una técnica determinada no solo puede servir a más de un propósito; cierto instrumento puede incorporar varias técnicas diseñadas para reducir lá influencia de factores extraños. Por ejemplo, en el Test de Diferencias Sumatorias (Summated Differences Test) de Westie (1953), se presentan al sujeto personas hipotéticas en cuanto a raza (negro o blanco) y ocupación especificadas (ocho ocupaciones, que van desde cavador de zanjas hasta banquero, incluyendo "al hombre promedio") y se le pide que indique, en escalas de cinco puntos, su disposición a aceptar a cada una de estas 18 personas hipotéticas en cada una de 24 relaciones un total de 432 reactivos. Algunos de los reactivos son de tal índole que una respuesta negativa se considera aceptable por la mayoría de las personas (por ejemplo, rehusarse a votar por un operador de máquinas, ya sea blanco o negro, para presidente de los Estados Unidos, no se considerará probablemente como expresión de "prejuicio"); y es así cómo, supuestamente, se consigue eliminar la posible tendencia a dar respuestas uniformemente favorables ya sea por una disposición aquiescente de respuesta o por el deseo de presentar, como desprovisto de prejuicios, una imagen de sí mismo. El gran número de reactivos y el formato del cuestionario hacen extremadamente improbable que el sujeto pueda recordar o verificar su respuesta a un reactivo dado con respecto a un grupo racial cuando está contestando el reactivo semejante con respecto al otro grupo. La calificación con base en la discrepancia entre reactivos paralelos referentes a blancos y negros, tiene en cuenta tanto las disposiciones posibles de respuesta como la influencia de la ocupación y la situación específicas. De esta manera, este instrumento agrega al cuestionario de distancia social básica varias técnicas diseñadas para hacer menos aparente el foco de interés del investigador, facilitar las respuestas que puedan considerarse indeseables, corregir por disposiciones posibles de respuesta y tener en cuenta los otros valores o significados que puedan afectar las respuestas.

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Artículo noviembre 2006

LA SEGURIDAD EN AVIACIÓN: IMPORTANCIA DEL FACTOR HUMANO. XV

TRATAMIENTO MUESTRAS

 

    TRATAMIENTO DE MUESTRAS CONDUCTUALES

   La recolección de muestras es significativa solamente cuando las cosas observadas tienen alguna relación con la variable o concepto respecto al cual deseamos obtener mayor conocimiento. Cuando las muestras reflejan la variable, estamos en condiciones de mejorar nuestra comprensión del fenómeno.

   Sin embargo, una colección de muestras no es más que un montón de cuestionarios, varias tarjetas de programas de entrevista, carretes de cintas de grabación usadas, hojas de registro de polígrafos, etc., y no pasa de ahí sino hasta que se le dé el tratamiento adecuado que permita determinar las dimensiones del conjunto.

 

    La escala de números

   Los matemáticos y estadígrafos nos proporcionan un conocimiento amplio de la escala de números y de la multitud de manipulaciones significativas que pueden realizarse con ella. Es, por supuesto, mucho más eficaz y seguro manipular números que los objetos reales que representan. Pero para alcanzar la óptima eficacia en la manipulación numérica, a la manera de una taquigrafía de la manipulación del objeto, deben existir ciertas relaciones específicas entre la variable en estudio (actitud), las muestras (informes sobre sí mismo, observaciones directas, etc.) y la escala numérica. La escala numérica tiene muchas propiedades esenciales para las operaciones que pueden realizarse con ella, es decir, adición, sustracción, multiplicación y división. Las manipulaciones adecuadas de la escala numérica están determinadas por las propiedades de la escala que son aplicables al concepto que se estudia y a las muestras recogidas. Las propiedades más importantes de la escala numérica son las que se presentan a continuación.

   Cada número es una entidad diferente de cualquier otro número. Esta es la propiedad nominal de la escala numérica. La escala también tiene una propiedad ordinal. Consideramos a 1 más grande que al 0, al 2 más grande que al 1, al 3 mayor que el 2 y así sucesivamente. Los números no son solo ordinales en la escala, sino también equidistantes. La distancia entre 1 y 2 es la misma que existe entre 2 y 3, 3 y 4 o entre cualquier otro par de números contiguos. Esta es la propiedad intervalar de la escala numérica. Tenemos, finalmente, la propiedad de igualdad de razones. El número 4 es el doble de 2; 8 es el doble de 4, 64 es el doble de 32. La frecuencia con que 2 puede sustraerse de 4, 4 de 8 y 32 de 64 es una constante igual a 2. Por consiguiente, la razón es 2. Esta es la propiedad de igualdad de razones que hace posible las operaciones de multiplicación y división. Debe recordarse que la escala de los números posee todas estas propiedades. Para que el investigador pueda aprovecharlas íntegramente en sus operaciones de las muestras, debe asignar los numerales a sus muestras de manera que se conserve la integridad de la escala de los números. Por consiguiente, el investigador necesita determinar si la variable en estudio (actitud) y sus muestras tienen o no todas las propiedades de la escala numérica. Si es así, y esto rara vez sucede, el investigador puede realizar todas las operaciones posibles con la escala numérica e interpretar, de conformidad, la puntuación resultante. Cuando no es posible suponer isomorfismo total entre las propiedades del concepto, las muestras y la escala de los números, tal vez se pueda asumir entre ellos cierto isomorfismo por lo menos en algunas propiedades de la escala. Adviértase que de las cuatro propiedades mencionadas de la escala numérica, la igualdad de razones supone a las otras tres; la propiedad intervalar supone las propiedades ordinal y nominal; y la propiedad ordinal supone a la nominal. El problema entonces es determinar qué propiedades pueden suponerse lícitamente para el concepto en estudio (actitud) y las muestras de conducta recogidas. Las propiedades que pueden sostenerse lícitamente determinan las reglas bajo las cuales pueden asignarse los numerales a las muestras así como las operaciones que pueden realizarse.

    Se supone generalmente que la actitud, como concepto, tiene todas las propiedades de la escala de los números. Primero, porque la actitud se considera como una variable continua, se pueden identificar puntos nominalmente diferentes a lo largo de su continuo. Cuando se considera el continuo como extendiéndose desde el extremo "positivo" al extremo "negativo" con respecto al objeto actitudinal, cualesquiera dos puntos en él, nominalmente distintos, diferirán en cantidad de "positividad" (o "negatividad"). Por tanto, la actitud tiene una propiedad ordinal. En seguida, es posible localizar en el continuo de actitud puntos que sean equidistantes en significado psicológico (positividad o negatividad); consecuentemente, la actitud tiene una propiedad intervalar. Finalmente, los teóricos de las actitudes suponen ordinariamente que es posible localizar puntos que mantengan legalmente la igualdad de razones. Esto es equivalente a decir que el punto A, en la dimensión de la actitud, es dos veces más positivo que el punto B. Dado un isomorfismo entre las propiedades del concepto y las de la escala numérica, cualquier limitación en la aplicación de la escala en la investigación de la actitud debe descansar en las propiedades de la muestra.

    En contraste con el concepto de actitud, no puede decirse, a priori, que las muestras tengan las propiedades de la escala de los números. El que las propiedades de la escala numérica sean adecuadas o no a un conjunto determinado de muestras depende de las condiciones en que fueron recogidas. Sin embargo, hay dos generalizaciones aplicables.

    - Primero, todas las muestras tienen la propiedad nominal y la mayoría tiene la propiedad ordinal

   - Segundo, unas cuantas muestras conocidas tienen la propiedad de igualdad de razones. Por consiguiente, para contestar qué propiedades de la escala de los números son adecuadas para un conjunto dado de muestras se requiere generalmente decidir entre las propiedades ordinales y las intervalares. Cualquiera que sea la decisión con respecto al grado de isomorfismo de las muestras y la escala numérica, los procedimientos (o reglas) para asignar números a las muestras no deben presuponer un isomorfismo más grande del que exista. Por ejemplo, no se deben asignar numerales a las muestras y operar con esos numerales como si tuvieran la propiedad de igualdad de razones, cuando las muestras no son más que ordinales. Si así se hiciera conducidiría a interpretar erróneamente las puntuaciones numéricas. Lo contrario tiene igual importancia. Para extraer los máximos resultados de su información, el investigador debe aprovechar todas las propiedades de la escala numérica que también sean propias de las muestras.

 

    Escalas y fuentes de datos

   La elaboración de escalas de actitudes es una aplicación particular del proceso general de la elaboración de escalas psicológicas que a su vez se propone formular escalas de medición para propiedades abstractas de la experiencia humana. Cualquier procedimiento para elaborar escalas abarca tres grupos de variables. Como Garnér y Creelman afirman en el capítulo 2, "Las tres variables son: los estímulos, un conjunto de objetos que hemos escogido; los sujetos, a quienes se presentan los objetos; y las respuestas que requiere la naturaleza de la situación experimental". El atributo que se va a medir por escala es una propiedad de los sujetos. Para algunos atributos hay una dimensión física correspondiente a los estímulos, como en el caso en que el atributo es una experiencia sensorial de tamaño, brillantez, sonoridad y otras semejantes. Para otros atributos, como las actitudes, no hay contraparte física en el estímulo. Esta diferencia complica el proceso de elaboración de escalas de actitud; pero las dificultades no son insuperables. Una de las principales contribuciones de Thurstone a la medición de actitudes fue la demostración de que los supuestos y técnicas de elaboración de escalas psicofísicos podían aplicarse a la medición de actitudes. Después del trabajo de Thurstone en los años veinte y treinta, ha habido un progreso considerable en el desarrollo de técnicas de elaboración de escalas de actitudes. La mayoría de estos progresos se han basado en muestras de informes conductuales sobre sí mismo. Es por esta razón que se han presentado trabajos sobre técnicas de elaboración de escalas psicofísicas como ejemplos de la cuantificación de muestras de informes acerca de sí mismo.

   Sin embargo, la asociación de las técnicas de elaboración de escalas de las actitudes y las muestras conductuales de informes de sí mismo no es completa. Es posible la aplicación de algunas técnicas de elaboración de escalas de actitudes en muestras de informes que no son sobre sí mismo. Por ejemplo, el análisis de escalograma, de Guttman, puede usarse en varios tipos de muestras, como lo han demostrado Gagé y Shimberg. La razón principal de la amplia aplicación del análisis de escalograma es su característica única que permite ubicar en escalas a sujetos y estímulos al mismo tiempo.

   Sin embargo, varias técnicas de elaboración de escalas, incluyendo las de Thurstone y Likert, no se adaptan fácilmente para usarse con muestras de informes diferentes a los de sí mismo. Requieren que el investigador controle experimentalmente los estímulos y los modos de respuesta. Las situaciones que se presentan a los sujetos que responden a ellas deben contener combinaciones predeterminadas de los estímulos y de posibles respuestas a ellos. Se presentan generalmente como una serie de afirmaciones que describen una diversidad de respuestas potenciales a los estímulos y el sujeto indica su acuerdo o desacuerdo con cada afirmación descriptiva. Es concebible que puedan presentarse a los sujetos pares similares de respuestas potenciales a los estímulos por medios diferentes a las aseveraciones escritas; por ejemplo, podría observarse a un sujeto en una pequeña discusión de grupo donde todos los demás miembros del mismo fueran colaboradores del investigador. Durante el curso de la discusión podría registrarse la reacción del sujeto (su acuerdo o desacuerdo con aseveraciones hechas por los colaboradores, y en las cuales se combinaran los estímulos y las respuestas potenciales). Estas muestras serían susceptibles de tratarse después por los procedimientos estándares de elaboración de escalas de Thurstone o Likert.

   No obstante, es evidente que las escalas de actitud se han desarrollado, en gran parte y conjuntamente, con muestras de informes sobre sí mismo. Los procedimientos de medición empleados de ordinario con muestras diferentes a los informes sobre sí mismo son mucho menos elaborados y menos poderosos. Hay, sin duda, muchas razones que explican esta tendencia en el desarrollo de la medición de actitudes. Webb y Salancik mencionan la popularidad del operacionalismo como una influencia importante. Se relaciona con esto el hecho histórico de que la elaboración de escalas de actitudes fue iniciada por investigadores que estaban adiestrados en la tradición de la medición psicofísica, que depende extremadamente de los informes sobre sí mismo. Las normas y valores de esa tradición de investigación han sido proclamados en los pasados cuarenta años, durante los cuales no han sufrido sino solo pequeños cambios en la orientación. Y tal estado de cosas ha sido fructífero para el campo de la medición de actitudes aunque, ciertamente, esa tradición contenga limitaciones intrínsecas.

   Se han empleado otros tipos de muestras, pero con menos frecuencia que los informes sobre sí mismo. La tradición clínica en psicología ha confiado excesivamente en las reacciones de los sujetos a estímulos estructurados parcialmente. Las muestras de este tipo no tienen por lo común más que la propiedad ordinal y, a menudo, son únicamente nominales. Esto significa, por supuesto, que el tratamiento de estas muestras debe ser relativamente débil en relación con la amplitud total de propiedades de la escala de los números. Las respuestas a tareas objetivas representan un intento por combinar las tradiciones psicofísica y clínica; la contribución potencial de esta fusión ha sido poco explorada. Los trabajos de Hammond y Thistlethwaite señalan lo que se espera de este enfoque.

   La observación directa, como fuente de muestras conductuales, está relacionada con la tradición de observación participante en antropología y sociología. Aquí, nuevamente las propiedades de la escala numérica, que pueden presuponerse, son por lo común muy limitantes. No es exagerado decir que la mayoría de las muestras de observación directa solamente tienen la propiedad nominal, unas cuantas poseen la propiedad ordinal y virtualmente ninguna alcanza el nivel intervalar. Es indudable que las escalas de observaciones que solamente tienen propiedades nominales u ordinales, es sumamente limitante si se presta atención adecuada a las restricciones impuestas por el restringido isomorfismo entre las observaciones y la escala de los números. Las escalas posibles son de niveles nominal y ordinal. Lo que uno espera, a lo sumo, es ordenar a los sujetos, al decir que A es más positivo que B, quien a su vez es mas positivo que C. Es fácil comprender por qué los investigadores formados dentro de una tradición en que se dan por establecidas las propiedades ordinales de la escala no muestran entusiasmo al usar muestras conductuales que generalmente no permiten ir más allá del nivel ordinal en la elaboración de escalas. Es una respuesta comprensible pero no sensata. Primero, las muestras de informes sobre sí mismo, que a veces permiten alcanzar el nivel intervalar al hacer escalas, son falibles. Las escalas para medir actitudes que se basan en muestras de informes sobre sí mismo pueden ser tan poco válidas y engañosas como las basadas en cualquier otro tipo de muestra. Segundo, puesto que la falibilidad de las escalas basadas en muestras de informes de sí mismo puede estar correlacionada con la muestra, es inaplazable desarrollar y aplicar escalas que usen otras muestras conductuales junto cor las escalas de informes sobre sí mismo. Este aspecto ocupa un lugar central dentro de la estrategia de la validez de la evaluación presentada por Campbell y Fiske. La elaboración de escalas de muestras de reacciones fisiológicas representa una tradición que está basada en la fisiología. Aquí, el nivel de medición es generalmente más alto que en otros tipos de muestras. Las escalas de nivel intervalar son comunes y las escalas de nivel de razón no son raras. Entonces, ¿por qué los investigadores no han considerado que este tipo de muestra es una vía ventajosa para el dominio de las actitudes?, Woodmansee y Mueller proporcionan una respuesta clara. En resumen, las muestras de reacción fisiológica tienen frecuentemente una relación dudosa con la actitud. Que hay un componente emocional o sentimental de la actitud es algo reconocido comúnmente por la teoría, de la misma manera que se reconoce la posibilidad de obtener muestras fisiológicas de respuesta emocional. La dificultad estriba en que la mayoría de las muestras fisiológicas solamente reflejan el nivel de activación de la emoción mientras que son incapaces de reflejar la dirección de la emoción, que es lo que interesa al investigador de actitudes. Por tanto, la validez de las medidas de reacción fisiológica es algo sospechosa. En esta introducción se ha dirigido la atención hacia la importancia del isomorfismo entre las muestras conductuales y la escala de tos números. Al hacerlo, se ha limitado la atención a las propiedades manifiestas de las muestras. El lector debe saber que las muestras conductuales tienen propiedades tanto latentes como manifiestas. Como afirman Garner y Creelman, "Las propiedades manifiestas de los datos son, como lo sugiere el término, las evidentes, fácilmente visibles e interpretables. Las propiedades latentes son las que deben extraerse de los datos, inherentes a ellos, pero que no son fácilmente perceptibles." Esta distinción entre propiedades manifiestas y latentes no será profundizada aquí porque se trata con amplitud en el estudio de Garner y Creelman. Sin embargo, los problemas que se plantean tienen igual relación con ambas propiedades. Generalmente, las propiedades latentes se aproximan más a !as propiedades de la escala de los números que las propiedades manifiestas.

 

   Confiabilidad y validez

   Las medidas de las actitudes son significativas exclusivamente cuando reflejan de modo exacto la actitud. La inexactitud o la discrepancia entre la puntuación de actitud observada y la "verdadera" se conoce como error de medida; es decir, la puntuación observada de actitud, X0, es la puntuación verdadera de actitud, Xt, más el error de medida, Xe. Formalmente,

Xo = Xt + Xe (1)

   De (1) se concluye que

Xe = Xo – Xt (2)

   Idealmente, quisiéramos que Xt = Xo para eliminar así el error de medida. Sin embargo, esto rara vez se logra en la práctica. En consecuencia, debemos estar siempre interesados en los efectos del error de medida. Y ya que en la práctica nunca se conoce la puntuación verdadera, Xe, la estimación de la magnitud del error de medida es invariablemente problemática.

   Las consecuencias del error de medida dependen principalmente de que el error esté o no distribuido aleatoriamente alrededor de la puntuación verdadera. Cuando Xe está distribuido aleatoriamente, la suma algebraica de los errores será 0, y, por consiguiente, la media de las puntuaciones observadas, E(Xo), no será afectada por los errores. E(Xo)es una estimación imparcial de E(Xc)no obstante el error de medida; sin embargo, debido a que los errores son aleatorios se infiere que la medición repetida de los mismos individuos producirá diferencias entre los dos conjuntos de puntuaciones. Por tanto, la correlación de un conjunto con el otro producirá una correlación menor que la unidad. La confiabilidad de un instrumento (o procedimiento) de medida se define como su capacidad para producir puntuaciones idénticas al aplicarse repetidamente a los mismos sujetos cuando no cambian las puntuaciones verdaderas de estos. Por tanto, es evidente que la presencia de errores aleatorios de medida afecta adversamente la confiabilidad del procedimiento de medida.

   Cuando el error de medida no es aleatorio, afecta adversamente la validez del procedimiento de medida; es decir, la puntuación observada es influida sistemáticamente por otra variable ante la cual no se pretendió que fuera sensible el procedimiento de medida. En este caso refiriéndonos a (1), podemos escribir:

Xo= Xt + Xr + X8, (3)

donde Xr es el error aleatorio y X8 es el error sistemático. Para que (1) fuera completamente exacta debería escribirse como (3), porque en cualquier situación XP = Xr + X8. Sin embargo, en la teoría clásica de la confiabilidad Xg se supone cero, X8 = 0, eliminándose así dicho término de la ecuación formal. Al reinsertar X8 en (1), la relación entre las puntuaciones verdaderas, las puntuaciones observadas, el error aleatorio y el error sistemático, se reconoce con más facilidad.

   Tanto Xr como X8 pueden ser cero, en cuyo caso Xo = Xc; y el procedimiento de medida sería válido y confiable. X8 puede ser cero mientras Xr > 0, en cuyo caso la medida sería válida pero no confiable. Lo contrario es también posible. Xr puede ser cero mientras X8 > 0. Ahora la medida es perfectamente confiable pero inválida, y no refleja la Puntuación verdadera de actitud que se propone representar. La condición más probable en la práctica es la de Xr > 0 y X8 > 0.

   No hay manera de saber de antemano la magnitud de Xr y XS, lo cual obliga a estimar sus valores a partir de las puntuaciones observadas, Xo. Los problemas y técnicas para estimar la validez y la confiabilidad están más allá del propósito de esta introduccion pero varias de ellas, que son básicas en la medición de actitudes, las estudia Bohrnstedt.

 

    CONCLUSIÓN

   Hay numerosas fuentes potenciales de invalidez y falta de confiabilidad en la medición de actitudes, hecho extensivo a cualquier trabajo de medición. Dichas fuentes varían desde la concepción inadecuada de la actitud hasta la selección inapropiada de las muestras conductuales; y desde los errores en la recolección de muestras, hasta la aplicación errónea del tratamiento numérico. La tesis de esta introducción es que la medición de actitudes debe prestar mayor atención a la recolección y tratamiento de muestras diferentes de los informes sobre sí mismo. La tesis se desarrolló por el interés en mejorar la validez y confiabilidad de los procedimientos de medición de actitudes, particularmente la validez.

    Según Campbell y Fiske; "la validación es típicamente convergente, confirmación hecha mediante procedimientos independientes de medida. Para la justificación de medidas de rasgos nuevos, para la validación de interpretaciones de test o para el establecimiento de validez de construcción, se requiere tanto validación discriminante como validación convergente. Cada test o tarea que se emplea con propósitos de medición es una unidad de rasgo-método, unión de un contenido particular de rasgo con procedimientos de medida no específicos de ese contenido. Para examinar la validez discriminante y para estimar las contribuciones relativas de la varianza de rasgo y de método, debe emplearse más de un rasgo, y de la misma manera, más de un método en el proceso de validación".

   La aplicación de esta lógica en la medición de actitudes es directa, sencilla y obligatoria. No obstante, la evidencia de su empleo es muy escasa. El trabajo de Tittle y Hill se aparta de lo común al examinar la validez convergente de varias medidas independientes, de una sola actitud. Pero lo que se necesita es la aplicación de la estrategia completa de multirrasgo-multimétodo. Y, al aplicarla, los tipos de muestras conductuales (observación directa, información sobre sí mismo, etc.), así como las técnicas para tratar esas muestras, deben interpretarse como métodos. Al parecer, los únicos esfuerzos sistemáticos en esta dirección son los realizados por Cook y sus colaboradores (1968).

    En concordancia con la necesidad de emplear tipos de muestras conductuales como método, está la necesidad de interpretar los componentes de actitud (creencias, sentimientos, tendencias a la acción) como rasgos. La teoría de las actitudes sostiene que los componentes son distintos pero que tienden a ser consistentes. La validez de esta aseveración teórica puede examinarse significativamente como un problema de validación convergente discriminante.

   Las limitaciones asociadas con muestras diferentes a las obtenidas con los procedimientos de información de uno mismo pueden reducirse cuando no eliminarse, que la confianza en las muestras de informes sobre sí mismo es incompatible con los cánones de la ciencia; y que el paradigma de multirrasgo-multimétodo ofrece una técnica de investigación que permite la evaluación del grado en que las actitudes y sus componentes, los procedimientos para recoger muestras y las técnicas, para el tratamiento de las muestras alcanzan la validez convergente y discriminante.

BIBLIOGRAFIA

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Artículo octubre 2006

LA SEGURIDAD EN AVIACIÓN: IMPORTANCIA DEL FACTOR HUMANO. XIV

MEDICIÓN  DE ACTITUDES

    GENERALIDADES

   Las actitudes se han estudiado casi invariablemente a través de informes personales, es decir, informes acerca de sí mismo, relativos a creencias, sentimientos y tendencias. Pretender que esta clase de informes sea, virtualmente, la única ventana abierta al mundo psicológico del individuo da lugar a resultados inciertos y desafortunados; sin embargo, no se pone en duda la legitimidad de esta fuente de información, toda vez que una manera de saber lo que una persona piensa acerca de determinado asunto o acontecimiento es preguntárselo; pero, no es esta la única manera. Cuando alguien contesta a una pregunta directa sobre sus sentimientos o creencias, puede informarnos con exactitud o sin ella, lo cual no encierra ninguna acusación en contra de las personas que responden a nuestras preguntas, pues, después de todo, hay razones conscientes e inconscientes para que los reportes acerca de sí mismo no sean del todo verídicos.

   Tal acusación podría dirigirse, en cambio, a los investigadores que, a sabiendas de que los datos extraídos de estos informes son falibles, continúan empleándolos en forma exclusiva, sin hacer casi ningún esfuerzo por determinar cuánta distorsión contienen. No es una novedad que siempre haya cierta discrepancia entre el valor "verdadero" de lo que el científico desea medir y la información que le proporciona su instrumento de medición. Por tanto, no se alude a que los investigadores recurran a fuentes de información falibles ya que todas lo son. En lo que se insiste es en el fracaso de las medidas tomadas para verificar a satisfacción los procedimientos que se siguen con el fin de obtener la información mencionada, hecho este que sí es motivo de aprensión. El problema no es, por otra parte privativo de un grupo de investigadores de actitudes ni de una sola disciplina de las ciencias sociales. La investigación de actitudes se realiza en la totalidad de estas ciencias y la restricción propia de los informes acerca de sí mismo parece molestar por igual a todos los investigadores. La concentración unilateral, inherente a los datos procedentes de informes de sí mismo, es un obstáculo para comprender mejor las actitudes y su relación con la conducta, problema de extrema gravedad

   Medir es, de acuerdo con cierto conjunto de reglas, asignar números a observaciones. Y cualquiera que sea el fenómeno que se observe, esta afirmación sigue siendo cierta. Si el fenómeno es la actitud, el proceso de medir se hace más complejo porque las actitudes no pueden observarse directamente, sino que necesitan inferirse de la conducta. Hay, por supuesto, muchas otras variables familiares al psicólogo social que son inaccesibles a la observación directa; inteligencia, rasgos de personalidad, valores y motivos, son solo unas cuantas de esas variables que tienen igual cualidad.

    Cuando se miden fenómenos inaccesibles a la observación directa, es útil concebir el proceso de medición como compuesto por tres subprocesos:

    a) identificación de las muestras conductuales que se aceptan como bases para hacer inferencias acerca del concepto subyacente;

    b) recolección de las muestras conductuales y

    c) tratamiento de las muestras conductuales para convertirlas en una variable cuantitativa. Es instructivo separar analíticamente estos subprocesos, pero debe recordarse que en el trabajo están entrelazados intrincadamente. Por consiguiente, las decisiones acerca de lo que es aceptable como base para hacer inferencias pueden excluir algunos métodos de recolección de muestras, así como restringir la manera como pueden tratarse dichas muestras. Una decisión concerniente a un aspecto del problema afectará entonces, automáticamente, los grados de libertad de los otros dos.

    MUESTRAS CONDUCTUALES ACEPTABLES

    Lo que es admisible como base de inferencia inevitablemente depende de lo que son las actitudes. A través de los años se han propuesto muchas definiciones, Cook y Selltiz (1964) prefieren "considerar las actitudes como una disposición fundamental que interviene junto con otras influencias en la determinación de una diversidad de conductas hacia un objeto o clase de objetos, las cuales incluyen declaraciones de creencias y sentimientos acerca del objeto y acciones de aproximación-evitación con respecto a él". Kidder y Campbell sostienen que "una multitud de términos aparentemente no relacionados como pulsión adquirida, creencia, reflejo condicionado, fijación, juicio, estereotipia, valencia, sólo para mencionar algunos son sinónimos funcionales del concepto de actitud. Todos describen residuos de experiencias pasadas que constituyen el material del que están hechas las actitudes. Son los procesos fundamentales o las manifestaciones conductuales de procesos fundamentales, que son productos del aprendizaje. Con cierta ambivalencia, Ross define las actitudes como "las estructuras mentales que organizan y evalúan la información". En una declaración que fue publicada originalmente en 1928, Thurstone dice: "El concepto de actitud se usará aquí para denotar la suma total de inclinaciones y sentimientos humanos, prejuicios o distorsiones, nociones preconcebidas, ideas, temores y convicciones acerca de un asunto determinado. Aunque estos ejemplos no deben considerarse como una muestra representativa de las definiciones de actitud, en cambio indican la diversidad que presentaría una muestra verdaderamente tal.

   A pesar de las muchas interpretaciones del significado de actitud hay varias áreas que muestran un acuerdo esencial. Primero, existe el consenso general de que una actitud es una predisposición a responder a un objeto, y no la conducta efectiva hacia él. La disposición a conducirse es una dé las cualidades características de la actitud.

    Una segunda área de acuerdo esencial es que la actitud, es persistente lo cual no significa que sea inmutable. Los numerosos estudios sobre las actitudes indica claramente que, aunque susceptibles de cambio, la alteración de las actitudes, particularmente de las que se mantienen vigorosamente, requiere fuerte presión. Consecuentemente, la persistencia de las actitudes contribuye notablemente a la consistencia de la conducta, que viene a constituir el tercer aspecto de concordancia.

   La actitud produce consistencia en las manifestaciones conductuales. La actitud, como variable latente, da origen a la consistencia entre sus diferentes manifestaciones, que pueden tomar la forma; ya de verbalizaciones hacia el objeto, expresiones de sentimiento acerca del objeto, ya de aproximación o evitación del objeto. Este aspecto de la actitud fue expresado por Campbell cuando escribió: "Una actitud social del individuo es un síndrome de consistencia de respuestas hacia objetos sociales".

   Cuarto y último, la actitud tiene una cualidad direccional. Esto no implica solamente la formación de rutinas de conducta en la forma de consistencia en las manifestaciones, sino que posee una característica motivacional. Hay un acuerdo general de que la actitud connota preferencia con respecto a resultados que implican al objeto, que a evaluaciones del mismo o a impresiones positivas neutrales o negativas provocadas por aquél. Esta faceta de la actitud como concepto ha sido señalada desde las primeras discusiones y se ha sostenido que el concepto de actitud debe limitarse o restringirse a esta dimensión. Ya sea que uno apoye únicamente la restricción del concepto a la dimensión afectiva, o que mantenga una concepción multifacética de la actitud, tiene que reconocer que el afecto es una dimensión importante de la actitud.

   Quizá actualmente la concepción más popular de la actitud es la formulada por Katz y Stotland (1959) y por Krech y colaboradores (1962). Según su punto de vista una actitud consiste en tres componentes:

    a) cognoscitivo;

    b) emocional y tendencia a la acción.

    En el componente cognoscitivo se incluyen las creencias que se tienen acerca de un objeto. El numero de elementos de este componente varía de una persona a otra. Un individuo puede creer que muchas cosas acerca de un objeto son verdaderas, por ejemplo, sobre su madre (o su padre), y saber muy poco acerca de otro objeto, por ejemplo su profesor de sociología. Evidentemente hay objetos acerca de los que no sabe nada. Debe observarse también que algunos objetos son más complejos que otros y, por consiguiente, pueden generar mayor información. Mientras que todas las creencias que tenga una persona acerca de un objeto se incluyen en el componente cognoscitivo, las creencias evaluativas son las más importantes para la actitud como concepto de disposición. Estas últimas abarcan las creencias acerca de las cualidades deseables o indeseables, aceptables o inaceptables, y buenas o malas. De acuerdo con Krech y colaboradores (1962), las creencias acerca de cómo se debe tratar al objeto son también aspectos del componente cognoscitivo. Hay, por lo tanto, una comprensión muy profunda del orden normativo de la sociedad en el componente cognoscitivo de la actitud.

   El emocional es conocido a veces como el componente sentimental y se refiere a las emociones o sentimientos ligados con el objeto de la actitud. Los adjetivos bipolares usados frecuentemente al estudiar los elementos de este componente son amor-odio, gusto-disgusto, admiración-desprecio y otros que denotan sentimientos de tipo favorable o desfavorable. Es importante señalar que cuando un individuo verbaliza estos sentimientos resulta que estos son algo más que meros sentimientos o emociones. También son cogniciones; pero son significativamente diferentes de las del componente cognoscitivo. Las cogniciones de sentimientos y emociones no se refieren al objeto sino a quien conoce, al individuo que está respondiendo al objeto. Vale la pena advertir esto porque en la mayoría de las investigaciones que tratan de las actitudes se le pide al sujeto que indique de alguna manera sus creencias y también sus sentimientos acerca del objeto; es decir, se le pide que revele sus cogniciones del objeto y de él mismo. Las verbalizaciones de estas dos categorías de cogniciones se correlacionan después para determinar las formas de consistencia. Se puede llamar a éstas, correlaciones de cognición a cognición. Las correlaciones de este tipo son particularmente vulnerables a cosas que no vienen al caso, como la necesidad de ser consistente que tiene el individuo, su introyección del orden normativo percibido o su deseo de ayudar o de poner obstáculos al investigador. Reconocer la intrusión de estos elementos extraños es importante para establecer bases admisibles de inferencias, así como para seleccionar formas de recolección de muestras conductuales.

   Desde el punto de vista de la medición, es mejor que puedan identificarse y usarse muestras conductuales diferentes de la verbalización de sentimientos y emociones. La relación de los sentimientos y emociones con procesos fisiológicos ofrece la posibilidad de una muestra conductua! más aceptable sobre la cual se basen las inferencias concernientes al componente emocional de la actitud.

   El componente de tendencia a la acción incorpora la disposición conductual del individuo a responder al objeto. Se acepta generalmente que hay un lazo entre los componentes cognoscitivos particularmente las creencias evaluativas y la disposición a responder al objeto. Además, existe la noción general de que las creencias evaluativas y la dirección de la disposición de respuesta tienden a ser compatibles. Así, si un individuo cree que el partido demócrata (o republicano) es un buen partido, que posee buenas metas y prácticas, probablemente esté dispuesto a responder en forma valiosa y favorable al citado partido.

   Además del lazo entre los componentes cognoscitivos y los de tendencia a la acción, hay otro lazo entre los componentes emocional y de tendencia a la acción. Hay un segundo lazo que se supone está mediado por la relación fisiológica de los estados emocionales del organismo y la disposición a responder. Quizá pueda ilustrarse mejor consultando la investigación sobre la conducta de tensión (stress). Funkenstein (1957) encontró que los sujetos que reaccionan a situaciones de tensión con conducta abiertamente agresiva tenían una cantidad superior a la normal de norepinefrina en la sangre. La norepinefrina, enzima segregada por la glándula adrenal, está relacionada directamente con emociones como el enojo y el miedo. Esta relación de secuencia de objeto-estado emocional-reacción corporal fue estudiada primero por Simmons y Wolff (1954). Mientras que el trabajo de estos investigadores se reconoce generalmente como una explicación plausible de la relación entre emoción y disposición a responder, los aspectos oscuros necesitan aún mayor esclarecimiento.

   La conceptualización de la actitud, formulada por Katz y Stotland, parece incorporar las principales áreas de acuerdo entre la gran diversidad de definiciones de actitud. Uno de los aspectos desafortunados del desarrollo de la teoría de las actitudes y su medición es que cada teoría se ha desarrollado en forma más o menos independiente de la otra. Esta conceptualización de la actitud permite una influencia más estrecha entre la teoría de la actitud y su medición.

   Lo que se requiere como base de inferencia con respecto a la actitud son muestras de conducta que revelen las creencias, sentimientos y tendencias a la acción, propias del individuo, con relación al objeto en cuestión. Postulando tres componentes principales de la actitud y logrando consistencia entre ellos, una proposición básica de la teoría dirige la atención hacia los tipos de conducta que pueden servir como bases legítimas de inferencia. Esto sugiere también una estrategia que ha sido despreciada sin más en la investigación de actitudes. Cualquier expresión conductual que refleje o manifieste las cogniciones del individuo, particularmente sus creencias evaluativas con respecto a un objeto puede servir como base de inferencia. De manera análoga, cualquier expresión conductual que manifieste una emoción, ya sea en forma verbal o fisiológica, puede ser importante para hacer inferencias. Las manifestaciones conductuales que revelan la disposición del individuo a actuar hacia un objeto, ya sea positiva o negativamente, pueden usarse como bases provisionales de inferencia con respecto a la actitud. No se ha desarrollado una tipología sistemática de las bases de inferencia que se fundamente directamente en la conceptualización de la actitud de Katz y Stotland.

   En ausencia de esa tipología sistemática, el trabajo de Cook y Selltiz es un esquema útil para ordenar las bases aceptables de inferencia. Aunque no depende de las proposiciones de Katz y Stotland, su clasificación se deriva de una definición de actitud que es totalmente compatible con ella. Como se indicó anteriormente, Cook y Selltiz consideran que la actitud es una disposición fundamental que interviene en la determinación de las creencias, sentimientos y acciones de aproximación-evitación del individuo con respecto a un objeto.

    A partir de esa concepción de la actitud, identifican cinco bases de inferencia:

    a) informes de uno mismo sobre creencias, sentimientos y conductas;

    b) observación de conducta manifiesta;

    c) reacción a estímulos parcialmente estructurados o interpretación de ellos, cuando implican al objeto de la actitud;

    d) realización de tareas "objetivas" en que intervenga el objeto de la actitud; y

    e) reacciones fisiológicas al objeto de la actitud o a representaciones de él.

    Hay una doble ventaja en la identificación que hacen de las bases de inferencia. Por una parte, proporcionan un medio para organizar la multitud de métodos de recolección de muestras conductuales y las técnicas para tratar esas muestras. El ordenamiento de la colección de muestras y de los procedimientos de tratamiento conducen a otra ventaja importante. Se dirige la atención a las debilidades de los procedimientos existentes y se sugiere una reformulación de la estrategia de investigación que, en caso de hacerse, podría conducir a adelantos importantes en nuestra comprensión de la actitud.

   Históricamente, la medición de la actitud ha confiado casi exclusivamente en el uso de informes sobre sí mismo acerca de creencias, sentimientos y conductas del individuo hacia un objeto de actitud. Esta unilateralidad metodológica es incompatible con la concepción de la actitud. Hace caso omiso de las múltiples características de las manifestaciones de las actitudes de un individuo en su conducta. Además, tratar de medir las actitudes a partir de una única base de inferencia sacrifica la oportunidad de examinar el postulado teórico de consistencia entre las diferentes manifestaciones conductuales de la actitud como concepto fundamental o variable latente. Cook y Selltiz fueron tal vez los primeros en sostener con amplitud la necesidad de una estrategia de investigación que haga uso de varias bases de inferencia.

   Hay, sin embargo, otro hecho puramente metodológico en favor del enfoque de "indicadores múltiples" en la medición de actitudes. Cualquier método o instrumento de medición corre el riesgo de contener elementos extraños específicos del método. Idealmente, uno desearía tener un instrumento o método que mida la variable en cuestión y que no sea afectado por la presencia de otras variables, es decir, un instrumento absolutamente exacto. No obstante, es evidente que las "lecturas" que se hacen mediante cualquier instrumento o método son falibles. Parte de la lectura que se obtiene resulta de la sensibilidad del instrumento a factores extraños, a variables diferentes a la que uno esté midiendo. Parte de la sensibilidad a factores extraños puede ser peculiar del instrumento que se esté usando. Cualquier otro instrumento que usemos también puede tener sus sensibilidades idiosincráticas. Pero al usar más de un instrumento, cada uno con sus propias peculiaridades, podemos conseguir una convergencia de información que se supone es resultado de la variable que estamos tratando de medir. Esto es lo que Campbell y Fiske, llaman validación convergente, esto es, una confirmación por diferentes procedimientos de medición.

    La lógica de este argumento puede extenderse más allá del problema de los instrumentos y de los métodos de medición a las bases de inferencia en la investigación de actitud, que requiere un enfoque que permita la confirmación de inferencias relativas a las actitudes a partir de diferentes tipos de muestras conductuales. Los reportes acerca de sí mismo no son sino uno de esos tipos de muestras conductuales. Los otros, mencionados poco antes, necesitan usarse junto con los informes sobre sí mismo para permitir a los investigadores el examen de la validación convergente de las indiferencias. Este aspecto fue desarrollado ampliamente por Webb y Salancik quienes sostienen que: "Nuestro conocimiento de las actitudes se centra en la información recogida por un solo método en situaciones restringidas, es decir, informes verbales de sí mismo obtenidos en el laboratorio. Metodológicamente esto es lamentable". Al reunir una teoría de las actitudes como la de Katz y Stotland con las bases de inferencia descritas por Cook y Selltiz, y al adoptar el enfoque metodológico de validación sugerido por Campbell y Fiske, obtenemos una estrategia de investigación nueva para medir las actitudes con mayor eficiencia.

    RECOLECCION DE MUESTRAS

   El proceso de recolección está relacionado inextricablemente con la muestra. En tanto que algunos procedimientos de recolección se pueden usar con más de una muestra (o tipo de muestra), otros se aplican a un solo tipo. Se ha sugerido que la tipología de las bases de inferencia, de Cook y Selltiz, es útil para ordenar los procedimientos de la colección de muestras. Por consiguiente, para mostrar su utilidad, estudiaremos los procedimientos de recolección de muestras dentro de este esquema.

    Informes acerca de sí mismo

   El procedimiento para recoger muestras de informes acerca de uno mismo se explica claramente por su propio nombre: el investigador enfrenta directamente al individuo y le pregunta que siente con respecto a una persona, cosa o suceso particular, o que piensa acerca de tal persona o qué está dispuesto a hacer por ella.

   Sin embargo, las cosas no son así de sencillas, pues hay varias formas en las que el investigador puede abordar al sujeto.

   Las dimensiones primarias que separan los diferentes procedimientos para obtener muestras de informes acerca de sí mismo son dos:

    a) método de aplicación (colectivo en contraste con individual) y

     b) método de descripción (sujeto en contraste con investigador) (Summers y Hammonds, 1969).

    Al calcular todas las posibles permutaciones de estas dos dimensiones se obtienen cuatro procedimientos de recolección de muestras:

   1. aplicación colectiva, descripción del sujeto;

   2. aplicación en grupo, descripción del investigador;

    3. aplicación individual, descripción del sujeto;

   4. aplicación individual, descripción del investigador.

   El procedimiento de aplicación colectiva y descripción del sujeto es acaso, por razones obvias el más popular. El investigador que pueda reunir una gran cantidad de sujetos voluntarios o de observación y distribuir un cuestionario para que lo completen en forma privada, ahorra mucho tiempo y esfuerzo. Este procedimiento es conveniente y útil cuando se tienen en cuenta sus limitaciones.

   En general, no es fácil reunir un grupo que represente una muestra de probabilidad de una población en la que el investigador desee generalizar sus hallazgos. Una muestra adecuada de banqueros de todos los Estados Unidos sería difícil de reunir. Hay, por supuesto, varios grupos de sujetos "de observación" fácilmente asequibles a los investigadores, especialmente a los investigadores con asignaciones académicas. Las universidades y escuelas secundarias contienen grupos de sujetos que se presten al trabajo del investigador. El sesgo de la muestra es evidente en tales grupos, a no ser que el propósito del investigador sea estudiar las actitudes de los estudiantes.

   Además del problema de obtener un grupo representativo, hay limitaciones que provienen de la descripción del sujeto que contesta el cuestionario. Cuando malinterpreta una pregunta, omite inadvertidamente una cuestión o de alguna manera distorsiona su respuesta, probablemente el investigador no descubrirá el error o la omisión sino hasta que empiece el análisis de las muestras. Entonces quizá sea ya demasiado tarde para introducir correcciones en forma sencilla y fácil y las más de las veces será imposible hacerlo. No obstante esas limitaciones, el cuestionario de administración colectiva y descripción del sujeto se usa ampliamente para recoger muestras de informes de sí mismo.

   El cuestionario de administración colectiva y descripción del investigador es una posibilidad lógica, pero es, virtualmente, imposible de llevar a la práctica. Preguntar simultáneamente a varias personas y registrar de modo individual sus respuestas sería evidentemente un trabajo de futilidad caótica. Sin embargo, este procedimiento puede emplearse cuando las respuestas de los sujetos no necesitan registrarse como respuestas individuales. Es concebible que un investigador se interese en las creencias, sentimientos o tendencias a la acción, colectivos, de una serie de pequeños grupos de individuos como directores escolares, concejales de la ciudad, familias y otros semejantes. En tales casos, la muestra conductual sería un dato colectivo y no un dato individual. Sin embargo, la mayoría de las investigaciones de la actitud se ocupa de las actitudes individuales y no de las colectivas; por esa razón, el procedimiento de administración colectiva y descripción del investigador se usa rara vez.

   En cambio el procedimiento de aplicación individual y descripción del investigador se usa ampliamente. La entrevista estándar en la investigación de encuesta, donde el investigador (o su representante) se encuentra cara a cara con el sujeto, le hace preguntas y registra sus respuestas, es una adaptación muy común de este procedimiento. La entrevista telefónica, que es semejante a la entrevista estándar excepto en que el sujeto y el investigador no se ven uno a otro, es otra adaptación de este procedimiento y también de uso corriente. Tanto la entrevista estándar como la telefónica son útiles cuando se van a recoger muestras conductuales de un grupo de sujetos muy dispersos. Ambas técnicas emplean, evidentemente, mucho tiempo, requieren un grupo grande de ayudantes de investigación y, por consiguiente, por lo común son onerosas. También es difícil asegurar la estandarización del interrogatorio, ya que intervienen diferentes entrevistadores que probablemente no tienen las mismas cualidades fonéticas al hacer las preguntas. Además, los sujetos están más dispuestos a responder preguntas de su propio interés, con lo que dificultan aún más la estandarización de las entrevistas. Es sabido también que las características de los entrevistadores, como sexo, edad, raza o modo de vestir, pueden afectar las creencias, sentimientos y tendencias a la acción sobre las que informe el sujeto (Summers y Hammonds, 1966). Independientemente de las limitaciones de los procedimientos de aplicación individual y descripción del investigador, este no puede hacer otra cosa que usarlos cuando se requieren muestras de informes sobre sí mismo, de sujetos que no son fáciles de congregar.

    Hay otro procedimiento de informe acerca de sí mismo que se emplea a veces cuando los sujetos están muy dispersos geográficamente, o cuando consideraciones presupuestales limitan el uso de entrevistadores o cuando suceden ambas cosas. Este procedimiento consiste en enviar por correo el cuestionario, que se aplica individualmente y es contestado por el sujeto. Sus limitaciones son enormes y virtualmente imposibles de superar. Por ejemplo, grandes proporciones de los cuestionarios enviados por lo común nunca son devueltos, hecho que afecta negativamente la representatividad del grupo en que se recogen las muestras conductuales. Además, una vez que el cuestionario está en manos del sujeto, el investigador no puede estar seguro de que las muestras conductuales recogidas sean efectivamente las del sujeto deseado o supuesto: el esposo del sujeto, otros miembros de la familia o amigos pueden "ayudar" a estructurar el informe personal del sujeto. Finalmente, el investigador no puede ayudar a que el sujeto interprete determinada pregunta. Aunque en la investigación de actitudes el uso de los cuestionarios enviados por correo parece haber declinado, en otro tiempo se emplearon profusamente y aún se emplean en ciertos tipos de investigación como los que tratan sobre prácticas de negocios, procedimientos de personal, tendencias de los miembros de asociaciones, o tendencias de los cursos ofrecidos en la educación superior, para los que se requiere consultar los registros de las instituciones antes de poder contestar las preguntas.

   Como ya se ha indicado, el uso de informes sobre sí mismo como muestra conductual es, sin lugar a dudas, el enfoque dominante en el estudio de las actitudes. No solo es desafortunado el excesivo hincapié que se hace en esta clase de informes desde el punto de vista teórico; también es un error debido a la falibilidad de los procedimientos empleados para obtenerlos. Aunque los procedimientos para recoger otros tipos de muestras también son falibles, su empleo, aunado a los informes sobre sí mismo, puede conducir a un entendimiento más sólido de las actitudes, que supuestamente fundamentan todos los tipos de muestras conductuales.

   Observación de la conducta manifiesta

   Hacer observaciones directas de las respuestas manifiestas de los sujetos al objeto de la actitud pudiera parecer, a primera vista, el enfoque más deseable para reunir muestras conductuales. Después de todo, (a meta final del investigador de las actitudes es entender y predecir mejor la conducta manifiesta. El grado de correspondencia entre la actitud y la conducta, en el nivel teórico, o entre las actitudes de las que uno mismo informa y la conducta manifiesta, en el nivel de medición, ha sido un tema importante en la historia de la investigación de actitudes. Estudios importantes sobre este punto son los de la Piere (1934), Saenger y Gilbert (1950), Kutner, Wilkins y Yarrow (1952), DeFieur y Westie (1958), Linn (1965) y Tittle y Hill (1967). Su conclusión general es que las actitudes expresadas verbalmente o informadas por uno mismo no corresponden perfectamente a la conducta manifiesta hacia el objeto de la actitud. En efecto, en algunos estudios como el de LaPiere, la correspondencia es pequeña. La conclusión general es que la observación directa de la conducta manifiesta hacia el objeto de la actitud no contiene menos elementos extraños que otros procedimientos de recolección de muestras. Tales elementos extraños proceden de varias fuentes. Primero, la presencia física del objeto estímulo pueden suprimir las creencias, sentimientos y tendencias a la acción mantenidas en forma privada (Summers y Hammonds, 1966). Por ejemplo, los empleados que aborrecen a su supervisor, probablemente no dirán nada en su presencia. Además, en una situación conductual hay más de un objeto hacia el que se orienta la investigación de la actitud. La conducta manifiesta del individuo en una situación determinada es consecuencia del campo total de fuerzas que inciden sobre él; no está limitada a las influencias que provienen de la actitud en estudio. Entonces, el valor de la observación directa proviene de su contribución al proceso de validación convergente, no de su superioridad intrínseca como procedimiento para recoger muestras conductuales.

   Hay varias formas de observación directa. Estas varían con la naturaleza de la situación que se observa y con el momento de la observación. A veces es posible observar las reacciones de la persona al objeto de la actitud en situaciones de la vida real sin que aquélla se dé cuenta de que su conducta es observada y registrada. Cuando existe esta situación la observación no es reactiva. La observación por si misma no influye en la conducta del individuo que se observa. Los estudios realizados por Kutner, Wilkins y Yarrow; Campbell, Kruskal y Wallace; y Gage y Shimberg tienen todos esa cualidad. Webb y colaboradores (1966) han descrito un gran número de intentos ingeniosos e imaginativos para desarrollar medidas no reactivas de las actitudes, así como otros fenómenos. Muchos, si no es que la mayoría de los intentos de medición no reactiva, incluyen la observación discreta de la conducta individual en situaciones de la vida real. Pero sería erróneo concluir que todos los intentos para observar de manera discreta y no reactiva la conducta manifiesta se han concentrado en situaciones de la vida real. Las observaciones directas pueden hacerse también en situaciones planeadas. Sin embargo, al recoger muestras conductuales de situaciones planeadas es esencial que las personas observadas crean que sus acciones tendrán consecuencias reales. El estudio de Linn es un buen ejemplo de esfuerzo encaminado a inventar una situación en la que puedan observarse directamente las conductas de los sujetos. El aspecto del estudio de Kutner, Wilkins y Yarrow, que incluye hacer reservaciones por teléfono y también por correo, es un buen ejemplo de situación inventada y que al parecer fue aceptada como "real" por los sujetos. Ya sea que la situación de la observación sea inventada por el investigador o solamente aprovechada por él, el elemento importante es que los sujetos la acepten como un hecho, y en tal virtud afronten las consecuencias de sus acciones.

    Las observaciones directas de la conducta manifiesta no necesitan ser concurrentes con éstá. Algunas veces esa conducta deja una huella que puede examinarse después. Los documentos personales como diarios, cartas a los íntimos o biografías pueden ser residuos importantes y valiosos de conducta manifiesta pasada. Thomas y Znaniecki (1919-1920) están entre los primeros que efectuaron intentos serios para medir las actitudes confiando grandemente en documentos personales para determinar las actitudes y valores de los inmigrantes campesinos polacos en los Estados Unidos. El estudio de Gage y Shimberg que mide el afán de progreso de los senadores demuestra que los documentos públicos, como residuos de conducta manifiesta, son útiles para realizar inferencias. El investigador debe recordar que en la observación de huellas y residuos de conducta manifiesta, como en toda observación directa, hay la posibilidad de que la conducta sea afectada por influencias diferentes de la actitud en cuestión. Existe también la limitación potencial de que no se registren aspectos importantes de la conducta manifiesta y que el desconocimiento de la omisión conduzca al investigador a inferencias equivocadas. Al mismo tiempo, cuando se usan huellas y residuos, el investigador tiene poca libertad para controlar los elementos de conducta manifiesta que hayan sido seleccionados como muestras conductuales. Existe la limitación final de que la mayor parte de la conducta manifiesta sencillamente no deja huellas o residuos en absoluto.

    Las respuestas de conducta manifiesta al objeto de actitud son muestras conductuales muy deseables en la investigación de actitudes, pese a las limitaciones características de la observación directa. Aunque algunos investigadores han supuesto, al parecer, que la observación directa es una indicación más confiable y válida de la actitud del sujeto, su interpretación es de dudoso valor. Es probablemente mejor considerar la observación directa como un procedimiento de recolección que puede contribuir a la validación convergente de la medición de actitudes, a lo que se suma la ventaja de ser menos susceptible a las acomodaciones reactivas. Por consiguiente, la necesidad de mayor número de ma­neras de recoger muestras conductuales por observación directa es importante en la investigación de actitudes y desafía en alto grado la imaginación y capacidades creativas del investigador.

    Reacción a estímulos estructurados parcialmente

    Las causas de cualquier muestra de conducta se encuentran en la estructura psicológica de la persona, en su medio o en ambos. Por lo común, la conducta de la persona es producto tanto de su medio como de su estructura psicológica. En la investigación de actitudes nos interesa la contribución de la actitud (una cualidad de la persona) a su conducta. Una técnica para esclarecer esa contribución es limitar, hasta donde sea posible, la contribución de otras influencias. Puede hacerse reduciendo al mínimo la estructura del medio, lo que a su vez restringe la utilidad de este para la persona como sistema de señales de conducta. Cuando se logra esto, podemos suponer razonablemente que la conducta manifiesta es producto de los atributos psicológicos de la persona. Esta es la base lógica de muchas técnicas proyectivas empleadas en la investigación psicológica y en la psicología clínica. La extensión de esta lógica a la medición de actitudes es sencilla y evidente. Cuando se incluye al objeto dentro de un campo de estímulo muy inestructurado, la respuesta de la persona al objeto tiene que estar determinada en gran parte, si no totalmente, por la propia persona.

    Generalmente, las técnicas para recoger muestras conductuales que son reacciones a estímulos estructurados parcialmente, y que comprometen al objeto de actitud o a su representación simbólica, son similares a las técnicas de informe sobre sí mismo. Hay, sin embargo, diferencias importantes. La primera y más importante característica es la intención encubierta. Es a esto a lo que Kidder y Campbell llaman método indirecto del test. El sujeto tiene presentes, mientras contesta, categorías y dimensiones diferentes a las que el investigador emplea para interpretar la conducta del sujeto. Por ejemplo, en la investigación de Kuethe se permitió que los sujetos colocaran como quisieran figuras de objetos, hechas de fieltro, en otro fondo de fieltro. Las colocaciones de los objetos fueron registradas e interpretadas en términos de los tipos de esquemas sociales que revelaron. El contenido del conjunto de objetos que se empleó se tuvo en cuenta para determinar su efecto sobre los esquemas sociales empleados por el sujeto. Una de las técnicas indirectas más mencionadas para medir las actitudes de adultos es la desarrollada por Proshansky. Tomándolas de revistas y periódicos, seleccionó un conjunto de fotografías de situaciones ambiguas de trabajo y las entremezcló con un conjunto estándar de tarjetas del test de Apercepción Temática de Murray. Las mostró después a los sujetos y les concedió unos cuantos minutos para que escribieran breves descripciones de lo que estaba sucediendo en cada escena. Proshansky encontró que las actitudes de gerentes de empresa medidas de esta manera se correlacionaban estrechamente (0.77 y 0.67) con las medidas de los informes sobre sí mismo de las mismas actitudes.

    Una segunda característica de las técnicas de este tipo es que se hace creer al sujeto que no hay respuestas correctas o incorrectas, pues cualquier respuesta es aceptable. En efecto, por lo común se alienta al sujeto a ser tan idiosincrático y descriptivo de sí mismo como lo desee. En la tipología de las técnicas elaborada por Kidder y Campbell, las que tienen esta característica se llaman voluntarias. "En el test voluntario se da a entender al sujeto que cualquier respuesta es aceptable y que no hay criterio externo de corrección para evaluar las respuestas."

    Una tercera característica que de ordinario coloca a este enfoque dentro de una colección de muestras diferente a las técnicas de informe sobre sí mismo, es el formato de terminación abierta o respuesta libre para responder a estímulos estructurados parcialmente. El sujeto debe elaborar su respuesta a la situación estímulo sin ayuda del investigador. Esto es cierto en las técnicas de Kuethe y Proshansky mencionadas anteriormente. Al usar el formato de respuesta libre, el investigador no limita o extiende artificialmente la amplitud de las posibles respuestas del sujeto. El formato de respuesta libre tampoco corre el riesgo de que el investigador imponga su propio conjunto de categorías y conceptos al sujeto. Finalmente, las instrucciones dadas por el investigador al sujeto en las colecciones de muestras que emplean estímulos estructurados parcialmente son también parte integral de la situación estímulo a la que reacciona el sujeto. Láminas muy inestructuradas, manchas de tinta, dibujos sin palabras y demás, pueden adquirir clara estructura en opinión del sujeto cuando el investigador no es cuidadoso al presentar la tarea. Por consiguiente, el que una técnica particular pertenezca a esta categoría de procedimientos de recolección de muestras o a la categoría de informes sobre sí mismo depende en gran parte de la capacidad del investigador para mantener el método indirecto. Las técnicas empleadas para recoger muestras de reacciones a estímulos estructurados parcialmente se caracterizan generalmente por el método indirecto, estímulos estructurados parcialmente y respuestas voluntarias en un formato de respuesta libre. Las contribuciones de Kuethe y Proshansky son claros ejemplos de este tipo de enfoque de recolección de muestras. Kidder y Campbell han revisado minuciosamente las técnicas relacionadas con esta base de inferencia.   

    Tareas objetivas

   Las técnicas usadas para recoger muestras al observar la ejecución en tareas objetivas poseen igualmente una estrecha semejanza con las técnicas de informe sobre sí mismo. Está presente en ambas la confrontación del sujeto con el investigador o su ayudante. El sujeto se da cuenta de que se le está examinando. Lo que distingue las técnicas de este enfoque de las del enfoque de informe de sí mismo es su método indirecto. Se hace creer al sujeto que se le está examinando en el sentido usual del término, es decir, como en una prueba de rendimiento o de información. Sin embargo el investigador tiene presente un conjunto de categorías de acuerdo con las cuales se miden las reacciones del sujeto que son diferentes de las que el sujeto mismo tiene presentes cuando realiza la tarea. El éxito de la técnica depende sobre manera de este engaño.

   La presencia del método indirecto sugiere que las técnicas de este enfoque también son similares a las que se emplean para recoger reacciones a estímulos estructurados parcialmente. Ambas se caracterizan, claro, por el método indirecto. Sin embargo, a diferencia de las técnicas de estímulos estructurados parcialmente, las técnicas de tareas objetivas no son voluntarias. "En contraste, en un test objetivo se le dice a la persona, ya sea explícita o implícitamente, que hay respuesta correcta y que debe encontrarla al seleccionar su contestación" (Kidder y Campbell). El sujeto piensa que está describiendo al mundo tal como es y al hacerlo refleja, sin querer y sin saberlo, su propia interpretación del mundo. Es la inevitabilidad de esta introyección fenomenológica, en la tarea objetiva, la suposición básica que fundamenta el uso de la ejecución de tareas objetivas como base de inferencia. "La suposición común en las técnicas de este enfoque, es que la ejecución puede ser influida por la actitud, y que la desviación sistemática de la ejecución refleja la influencia de la actitud" (Cook y Selltiz). Las contribuciones de Hammond, Thistlethwaite y Selltiz y Cook son ejemplos de los esfuerzos por aplicar esta lógica en la recolección de muestras conductuales.

    Reacciones fisiológicas

   "En el extremo opuesto de las medidas que confían en un informe verbal del sujeto sobre sus creencias, sentimientos, etc., están las que se basan en respuestas fisiológicas no sujetas a control consciente" (Cook y Selltiz). Las respuestas fisiológicas a la presencia de un objeto de actitud o a su representación pueden estar condicionadas o incondicionadas. En el caso de la respuesta incondicionada se supone que la magnitud de las respuestas fisiológicas está relacionada directamente con la activación, el componente emocional de la actitud o con ambas cosas, y que la relación debe mantenerse, dentro de ciertos límites, en todas las personas. Como señalan Cook y Selltiz, hay aquí problemas de inferencia porque la mayoría de las medidas de reacción fisiológica indican solamente el grado de activación y no la dirección del sentimiento. Mueller trata también de esta limitación. Había la creencia de que la dilatación y contracción pupilar podía indicar la dirección del sentimiento o el afecto. Sin embargo, el trabajó de Woodmansee enfrió el entusiasmo y el optimismo iniciales. Es más probable que el uso de muestras conductuales de este tipo dependa en alto grado de respuestas fisiológicas condicionadas como base de inferencia.

   El proceso de inferencia inherente al uso de respuestas fisiológicas condicionadas descansa en la teoría del aprendizaje. La mayoría de las respuestas fisiológicas son susceptibles de condicionamiento. Cuando una respuesta fisiológica se ha condicionado a un concepto evaluativo como bueno, malo, deseable o agradable, la presentación de un objeto que se percibe con la misma cualidad producirá la respuesta fisiológica. Por ejemplo, Volkova (1953) condicionó sujetos a que salivaran en respuesta a la palabra BUENO. Una vez que la respuesta se condicionó firmemente, la presentación de afirmaciones como "El joven pionero ayuda a su camarada" produjo la máxima salivación, mientras que afirmaciones como "Los fascistas destruyeron muchas ciudades" produjeron mínima salivación. La lógica del proceso de inferencia que se sigue cuando se trata de respuestas fisiológicas condicionadas es ejecutar este proceso de aprendizaje en dirección contraria. De esta manera, cuando se advierte que la presentación de un objeto de actitud se asocia a un incremento en !a acidez de la saliva, es necesario conocer con precisión el concepto actitudinal al que haya sido condicionada la acidez de la saliva, antes de que podamos empezar a hacer inferencias en cuanto a la dirección de la respuesta actitudinal. Robertson y Dotson (1965) han informado cómo emplean la acidez de la saliva como respuesta condicionada a la tensión (stress). La tensión se considera generalmente indeseable y, por consiguiente, es razonable la hipótesis de que el incremento de la acidez de la saliva está relacionado con hostilidad hacia el objeto de la actitud (tensión). Sin embargo, no puede decirse que la baja acidez signifique benevolencia hacia determinado objeto. La acidez de la saliva, como la mayoría de las respuestas fisiológicas, es también sensible a influencias diferentes a las que interesan al investigador. Por tanto, es difícil recoger muestras de respuestas fisiológicas sin introducir elementos extraños como sucede al recoger otros tipos de muestras.

    Bibliografia

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Artículo septiembre 2006

LA SEGURIDAD EN AVIACIÓN: IMPORTANCIA DEL FACTOR HUMANO. XIII

   Motivación (Motivation)

   Uno de los procesos hipotéticos (Variable interviniente) implicado en la determinación de la conducta, además del efecto de un estímulo o situación percibida, los procesos de aprendizaje y otros factores determinados, tales como la aptitud. Mientras que las aptitudes influyen primariamente sobre el rendimiento o nivel de adaptación de un patrón específico de conducta, la Motivacion determina su nivel de activación, la intensidad y la consistencia, así como la dirección general. El aprendizaje o las asociaciones adquiridas determinan (para una conducta no instintiva) la dirección concreta hacia un objeto determinado. Sin embargo, es evidente que el efecto de los estímulos no siempre se distingue claramente del efecto de la Motivacion Algunas categorías de excitación, sobre todo aquellas de las que son responsables los estímulos internos (al igual que las causadas por estímulos externos que inducen malestar), se interpretan con frecuencia como correspondientes a necesidades primarias (desequilibrio homeostático); al tiempo que otros estímulos (p.ej., objetos) tienen valencias y actúan como motivos o desencadenantes. El estado de Motivacion se entiende, pues, como un factor que reduce el umbral de estos estímulos.

   Los fenómenos objetivos, que en nuestra opinión justifican la consideración de los procesos hipotéticos de la Motivacion, se basan en el hecho de que la conducta muestra preferencias (positivas o negativas) por los objetos o situaciones ambientales (dirección) y que dichos objetos son deseados o evitados con grados variables de intensidad y perseverancia.

   1) Las funciones de Motivación.- La Motivación en cuanto factor de activación puede explicar la conducta. Puede distinguirse entre los factores que determinan el grado general de activación del organismo y su estado de excitación y alerta, y la cuestión de por qué un individuo ejecuta acciones específicas. Mientras que el primer problema puede considerarse desde el punto de vista de las fuentes energéticas que constituyen la base de la actividad vital en general, o desde el ángulo de la actividad del sistema nervioso (p.ej., la formación reticular), la explicación del hecho de que un individuo se interese más por una clase de objetos que por otra es una cuestión que se integra en el estudio de la Motivación como tal.

   Este hecho, a su vez, plantea el problema de la dirección de la conducta. Algunos autores se niegan a atribuir una función directiva a la Motivación; en su opinión, la dirección de la conducta es una función del proceso de aprendizaje. Otros, en cambio, consideran que el aspecto fundamental de la Motivación estriba en su influencia directiva. Este problema puede resolverse si se suponen dos niveles diferentes de dirección. Por un lado, ésta puede significar el camino real seguido por la conducta para alcanzar el objetivo concreto que ya había alcanzado en una ocasión anterior. Esta forma concreta de dirección se basa en el aprendizaje, excepto en el caso de la conducta innata o instintiva. Sin embargo, el hecho de que un individuo que se encuentra en un estado de Motivación o necesidad, parta en busca de algo nuevo y renuncie a ciertos objetos con el fin de hacer hincapié en otros, demuestra que la conducta motivada tiene una orientación o dirección general. Precisamente, en esta búsqueda de una categoría más o menos amplia de objetos o situaciones podemos advertir esa dirección general de la conducta que E. C. Tolman definió como su «propositividad», y que no representa otra cosa que su orientación hacia un objetivo específico. El hecho de que algunos objetos o situaciones, diferentes entre sí, evoquen un estado de necesidad, satisfacción y adaptación, se explica por esta orientación fundamental e implicada (Instinto; Aprendizaje).

    Una tercera función de la Motivación con relación a la conducta (además de los roles del arousal y la dirección) reside en el hecho de que crea un rango de conducta con unidad e importancia comprensiva. En efecto, es la Motivación la que, con su orientación hacia un objetivo, hace que una serie de movimientos, que varían ampliamente desde una perspectiva física, representen la conducta en el auténtico sentido de la palabra, esto es, una reacción apropiada a una situación.

    2) Los dos polos del proceso y la terminología.- Los términos relacionados con la Motivación pueden dividirse en dos grupos según dependan de los polos internos