La Orden de Alcantara

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Nota aclaratoria:

He recibido un atento correo de Alberto Pereiro Rivas, que dice textualmente:

Me gustaría que pudieras cambiar la errata en la orden de Alcantara, pues el nombre san Julian de "Perero", es correctamente escrito san Julian de "Pereiro".

Segun mis pesquisas sobre el origen del apellido del caballero Pereiro, este procede de una familia gremial dedicada a la fabricación de arcos y ballestas. pues la madera del arbol Pereiro, es recomendada para tal fin, por ser uno de entre tantas especies de arboles frutales usadas para la fabricación de este tipo de armas. Deduciendo que los que fabrican estas armas, (arcos y ballestas),usan y trabajan con ellas, es de suponer que Pereiro llegase a caballero a traves de dichas armas.

 

Bibliografía Especifica

        

   Órdenes Militares

    Las Órdenes Militares nacen en el siglo XII como instituciones religiosas respaldadas por bulas Pontificias. Las Órdenes de Calatrava, Alcántara y Montesa, de vinculación cisterciense, siguen la regla de San Benito, y la Orden de Santiago, la regla de San Agustín. Sus fines fundamentales eran la Alabanza a Dios y el servicio activo en el combate de la fe ante los males de la época en que se vive. Para cumplir esta función, en sus inicios emplearon las armas de la guerra. Actualmente sus armas son el Espíritu y los dones recibidos de Dios.

    En Madrid, la sede de las Órdenes Militares se encuentra en el Monasterio de las Comendadoras de Santiago, en la Plaza de las Comendadoras, donde celebran sus actos religiosos.

 

 

   Orden de Alcántara.

    Fue creada para defender los intereses del Reino de León en su frontera meridional en peligro debido al fortalecimiento de los musulmanes con los almorávides. Aunque tuvo sus orígenes fuera de los límites de la región actual, estuvo ligada directamente a Extremadura.

    Cuentan que sobre el año 1156, Caballeros de Salamanca a las órdenes de Don Suero Fernández Barrientos, a la sazón en lucha con los musulmanes de Extremadura, recorrían la Ribera del Duero, entonces frontera del reino leones con los musulmanes de Extremadura, con el objeto de levantar una fortaleza en un lugar idóneo. Estando en estos menesteres fueron a dar con un viejo ermitaño, de nombre Amando, que había sido soldado en la Cruzada, que en Tierra Santa había llevado a cabo bajo las ordenes del conde Enrique de Borgoña.

    El ermitaño había levantado una sencilla ermita en aquellos parajes y cuando los caballeros le narraron sus proyectos, el monje Amando convenció a los Caballeros de Salamanca para que alzaran una fortaleza al estilo de las del Temple, junto a la Ermita que él había construido, lugar situado en la ribera del río Coa, en el reino de Portugal, en las proximidades de Ciudad Rodrigo.

   La fama de aquellos caballeros a cuya cabeza figuraba don Suero Fernández Barrientos se extendió por aquellas tierras y fueron muchos los que vinieron a aumentar el número de los guerreros que constituían la guarnición de la nueva fortaleza. Por consejo del ermitaño Amando, decidieron constituirse en Orden Militar al estilo de las del Hospital y el Temple.

    Un monje del Cister don Ordoño, obispo de Salamanca, les aconsejó que tomaran su regla. Era el Cister una reforma de la Orden de San Benito, hecha a fines del siglo anterior en Borgoña por San Roberto. El obispo don Ordoño hizo venir a algunos monjes para que instruyeran a los caballeros en la Regla. Quedó fundada así la Orden cuyo instituto era la defensa de la fe cristiana, distinguiéndose por entonces con el nombre de Orden de San Julián de Perero, quizás porque este santo era el titular de la ermita de Amando. La aprobación de la creación de la Orden por don Ordoño, fue confirmada por el Papa Alejandro III en el año 1117.

El rey D. Alonso, tomo en el año 1176 bajo su protección con todos sus bienes. Fue declarada nullius diócesis por el Papa Lucio III en el año 1183, poniéndola bajo la custodia directa de la Santa Sede, obligándose la Orden a la defensa de la fe y a la guerra perpetua contra los moros. Los miembros de la Orden se sometían a los tres votos de obediencia, pobreza y castidad perpetua. Sólo tres días de la semana comían carne y otros tres ayunaban desde la Cruz de septiembre hasta Resurrección. Dormían vestidos, guardaban silencio en la iglesia y refectorio.

    Su hábito fue inicialmente el de los monjes del Cister, que por mayor comodidad para las acciones bélicas lo cambiaron y añadieron el escapulario. En 1410 el Papa Benedicto XIII cambió su blasón, anteriormente un blasón de sinople, por una cruz flordelisada y esmaltada de sinople.  Vestían túnica de lana blanca muy larga, escapulario con una pequeña capilla, y sobre él, cuando salían del convento, una capa o tabardo de color negro, que sustituían por un manto blanco en las ceremonias, adoptando como blasón un peral silvestre con las raíces descubiertas y sin hojas sobre campo de oro. Ningún caballero podía recibir los sacramentos sin el manto blanco, que también lo usaban como sudario. El cabello lo llevaban cortado por encima de la oreja y la barba redonda. Cuando por tregua u otra razón, no se empleaban en los menesteres guerreros, permanecían recluidos en el convento, observando como clérigos la Regla.

    La orden de Alcántara fue adquiriendo un gran poder económico debido a la gran concesión de tierras y privilegios que recibieron para su propia defensa, desempeñando un papel importante en los acontecimientos bélicos castellanos de los últimos siglos medievales, en unos casos apoyando al monarca y en otros tomando partido por bandos nobiliarios contrarios al rey.

    Muerto en combate el fundador de la orden, don Suero Fernández Barrientos, le sucedió en el gobierno de la misma, don Gómez Fernández, su compañero de fundación y, según la opinión de algunos, su hermano, con el título de prior. Don Gómez deseaba extender su Orden a Castilla y sabedor de que don Alfonso VIII, preparaba una irrupción en la Extremadura musulmana, le ofreció sus servicios que fueron aceptados. El Maestre y sus caballeros participaron en la contienda y una de las primeras plazas que reconquistaron fue la de Trujillo.

   Vasallo don Gómez del Rey de Castilla asistió a las Cortes de Carrión. Se ignora si don Gómez y sus freires asistieron a la batalla de Alarcos. Perdida aquella batalla por los cristianos, los moros llegaron hasta Toledo, asediándola. En Trujillo resistieron los Caballeros de la Orden que la guardaban, pero su inferioridad numérica les obligó a rendirse. La muerte del primer Maestre don Gómez Fernández debió producirse en el año 1.200, pues en él se eligió su sucesor. 

    Gobernando el rey Fernando II de León, Ciudad Rodrigo, tras ser reconquistada del poder de los moros, estaba siendo repoblada por cristianos, pero estos molestaban con sus incursiones a sus vecinos del reino de Portugal, separado ya de la Corona Leonesa.

    Su rey Alfonso Enríquez envió una expedición de castigo que arrasara Ciudad Rodrigo, confiando el mando de la misma a su hijo y heredero, el príncipe don Sancho. Invadiendo la fuerza portuguesa, las tierras de León talando y devastando todo a su paso, el Prior de la Orden de Alcántara se apresuró a acudir con sus freires y vasallos, dispuesto a defender lo que consideraba su territorio.

    Incorporados los miembros de la Orden al ejército del rey Fernando que acudía a enfrentarse a los portugueses, se trabó la batalla en los campos de Argañán, siendo los invasores derrotados y quedando muertos o prisioneros los portugueses que no lograron escapar con su príncipe.

    Don Fernando no se contentó con esta victoria, decidió dirigir sus armas contra los moros de la frontera meridional de su reino. Traspasada la frontera y después de tomar unas cuantas villas, cayó sobre la de Alcántara, plaza fuerte que, sin embargo no pudo resistir las arremetidas del monarca cristiano, rindiéndose. Toma en combate las villas de Santibáñez y Milana y cae sobre la de Alcántara, a la que ocupa a su vuelta, y la ciudad de Cáceres que da a guardar a los Caballeros de Santiago.

    Los portugueses, queriendo aprovechar la oportunidad de que Fernando andaba ocupado en otras partes, invadieron de nuevo sus dominios, penetrando en Galicia, tomando Tuy y otros castillos, al mismo tiempo que a marchas forzadas se dirigían hacia Badajoz, con el intento de ocupar esta población, sabedor de ello, el rey Fernando, se encaminó a la capital extremeña y en las calles de Badajoz, fueron derrotados los invasores. El rey portugués en su huída, se golpea contra un madero, fracturándose una pierna fracturada, es apresado por los leoneses.

    En todas estas guerras sirvió don Gómez con sus freires y vasallos, pero el Rey no les donó ninguna plaza conquistada, dado que la Orden no tenía todavía rentas ni fuerzas para defenderlo y lo habría perdido. Pero le confió dominio sobre varias villas contiguas a su territorio, en la ribera del Coa, y algunas heredades.

   De nuevo los almohades, entraron en León y pusieron cerco a Ciudad Rodrigo en cuyo auxilio corrió el rey Fernando, apoyado, también en esta ocasión, por don Gómez y sus freires. Los cristianos, aunque inferiores en número, alcanzaron la victoria y a ello contribuyeron poderosamente los caballeros de don Gómez.

   Agradecido el rey por el auxilio de la Orden de Perero, declaró solemnemente que la tomaba bajo su protección y amparo, mediante un Real Privilegio. Esta última afectaba también a las granjas y ganados de los frailes, hecho que indica que, aparte de la función militar, la comunidad estuvo interesada en la actividad agropecuaria desde sus primeros tiempos.

    El Prior don Gómez, se dirigió al Papa Alejandro III dándole cuenta de la existencia de su orden, que tenia la aprobación de los obispos de Salamanca y Ciudad Rodrigo, solicitando las gracias y prerrogativas que otras ordenes análogas tenían concedidas. El Pontífice Alejandro III otorgó lo solicitado mediante Bula el 29 de de Diciembre de 1.177. En este momento la Orden se se extendía ya por León y Extremadura. El Papa Lucio III, la ratificó mediante  Bula el 4 de abril de 1.183, apareciendo por primera vez en ella el nombre de Maestre dado al Jefe o Prelado Supremo de la Orden.

   En algunos documentos de su primera época esta institución también aparece denominada Orden de Trujillo, recibiendo como tal algunas donaciones en territorio castellano.

    La Orden de Alcantara tuvo un papel importante en la conquista y poblamiento del territorio extremeño. Los caballeros de Alcántara intervinieron en la ocupación de Cáceres, Mérida, Badajoz, Medellín y Trujillo. En recompensa, los reyes les concedieron tierras y casas en diversos lugares, y aldeas, villas y fortalezas, especialmente en el partido de la Serena: Benquerencia, Zalamea, Villanueva de la Serena y Magacela

    La villa de Alcántara había sido conquistada en 1213 y entregada por Alfonso IX a la Orden de Calatrava para que se encargase de su defensa. Interesaba mantenerla en poder de los cristianos porque era un enclave defensivo importante que protegía una de las vías utilizadas por los musulmanes penetrar en tierras del reino de León. Pero la fortaleza se encontraba demasiado alejada de Calatrava, lugar donde estaba el convento mayor de esta Orden. En caso de producirse una ofensiva musulmana los refuerzos de tropas no podían llegar con la rapidez deseable. Además, los caballeros de Calatrava también tenían a su cargo la defensa de enclaves fronterizos en el reino de Castilla. Esta circunstancia y el hecho de que tanto esta Orden como la de San Julián pertenecieran al Cister, explican la cesión de Alcántara, en 1218, a los caballeros de San Julián. A partir de este momento añadieron a su nombre el de Alcántara, que con el tiempo al perder el nombre de Perero, se quedó con el de Orden de Alcántara.

    El acuerdo de la donación incluía también la conversión de la Orden San Julián en filial de la de Calatrava. Conservaba la independencia en la elección de su maestre, que podía ser escogido independientemente entre caballeros de los dos hábitos y aquél participaba en la elección del maestre de Calatrava. Pero quedaba sometida a la regla de esta última Orden y era supervisada por ella.

    En 1259, Alfonso X le donó Eljas, aldea perteneciente a la jurisdicción de Coria, aunque hasta 1303 no pasó a poder de la orden. Se benefició de la disolución de la Orden del Temple obteniendo Trevejo en 1312

    Esta sujeción duró de hecho poco tiempo, ya que la Orden de Alcántara defendió su independencia, pero no llego a olvidar por completo la relación que había existido inicialmente entre ambas. En 1318, los caballeros de Alcántara recurrieron al maestre de Calatrava para que resolviera las diferencias que tenían con su maestre, el comendador mayor y el clavero; durante el sitio de Algeciras (1343) falleció el maestre don Nuño Chamizo y Alfonso XI ordenó a los caballeros de Alcántara que continuaran el cerco bajo el mando del de Calatrava, hasta que fuera elegido el de su Orden; y hubo también caballeros del hábito de Calatrava que ocuparon el maestrazgo alcantarino: don Martín López de Córdoba (1364) y don Fernando Rodríguez de Villalobos (1394), que era clavero de Calatrava cuando fue electo de Alcántara.

    La villa de Alcántara y sus alrededores alcanzó gran prosperidad bajo el gobierno de los Maestres. Tenían fábricas de paños, de sayales, de jergas y de lienzos. El comercio se hacía por Lisboa sirviéndose de grandes barcas y veleras, exportando curtidos, calzado, lienzos, granos, ganados, vinos, etc.

    Durante la Reconquista, participaron en numerosas contiendas en las fronteras de los reinos cristianos con al-Andalus. Su victoria más famosa fue conseguida en la batalla de la Higueruela. Cuando había paz o tregua, los caballeros permanecían dentro del convento. Adquiriendo cada vez mayor pujanza, no es de extrañar que no pasara mucho tiempo sin que estallaran las querellas entre Alcántara y el Temple, llegando inclusive al choque armado entre ambas Ordenes.

   Con el Concejo de Realengo de Badajoz mantuvo un largo pleito sobre los límites de sus respectivos términos. Ambos solucionaron las diferencias mediante un pacto (1264) por el que Badajoz renunciaba a las Sierras de San Mamede y San Pedro y a las fortalezas de Mayorga y Piedrabuena, conservando bajo su jurisdicción sólo Azagala. En el término de Cáceres se apropió de Araya en 1436, según atestigua un documento de ese año incluye el lugar en la jurisdicción de la Orden y señala que su incorporación era reciente.

    El patrimonio de la Orden, se encontraba principalmente en el partido de Alcántara, y en La Serena, convirtiéndose en una de las potencias económicas de Extremadura en aquella época. Debido a su poder económico y militar, la Orden desempeñó un papel importante en los acontecimientos bélicos castellanos de los últimos siglos medievales, en unos casos apoyando al monarca y en otros tomando partido por bandos nobiliarios contrarios al rey.

   Los caballeros de Alcántara defendieron a Fernando IV (1295-1312) frente a los infantes de la Cerda, quienes, ayudados por el rey don Dionís de Portugal, querían obtener la Corona de Castilla. Durante la guerra los portugueses ocuparon diversos lugares de la ribera del Coa, entre ellos la fortaleza de San Julián de Pereiro, sede originaria de la Orden. Y la plaza no volvió a ser recuperada porque la reina doña María de Molina, cuando firmó el Tratado de Alcañices (1297), renunció a las tierras conquistadas por don Dionis.

    En las luchas civiles los caballeros de la Orden no siguieron siempre el partido tomado por su maestre. Tras el asesinato de Pedro I (1369), el Maestre y parte de los frailes defendieron los derechos al trono del infante don Fernando de Portugal, mientras que el Clavero y otros caballeros, se unieron a don Enrique de Trastámara. La división de los miembros de la Orden convirtió sus tierras en campo de batalla hasta la firma del Tratado de Alcoutin (1371) entre Castilla y Portugal.

   La guerra por la Corona portuguesa (1381-1385), tuvo importantes repercusiones en las posesiones fronterizas de la Orden. Durante el reinado de Juan II en las luchas protagonizadas por los infantes de Aragón, participó el maestre don Juan de Sotomayor a favor del infante don Enrique.

    Los disturbios que se produjeron en el reino de Castilla en tiempos de Enrique IV (1454-1474) repercutieron vivamente en la Orden, y se plasman en el conflicto que enfrentó al maestre don Gómez de Solís, partidario del infante don Alfonso, con el clavero don Alonso de Monroy, leal al monarca. Éste se hizo elegir maestre en 1472 y, tras la muerte de don Gómez (1473), le disputó el cargo don Juan de Zúñiga. La lucha entre ambos por el maestrazgo forma parte de la guerra civil castellana, en la que se enfrentaron los partidarios de Isabel la Católica con los de la Beltraneja, y terminaron con el reconocimiento de don Juan de Zúñiga como maestre en 1480.

    La Orden no sólo combatió a los invasores, sino que también se mezcló en la política de la época. El Maestre don Gonzalo-Martínez de Oviedo, decimocuarto Maestre, mezclado en las intrigas de Castilla, temeroso de la ira del Rey, se refugió en el castillo de Valencia de Alcántara, con la esperanza de obtener la ayuda del rey de Portugal. Este no llegó y las tropas del Rey escalaron durante la noche las murallas del castillo, cogieron preso al Maestre don Gonzalo, que fue degollado. Continuó la sucesión de Maestres, unos con mejor suerte que otros, hasta llegar al final, un tanto aventurero, de don Martín Yañez de Barbudo. Desastroso fue su final; un ermitaño del Santuario de Nuestra Señora de los Hitos, cerca de Alcántara, llamado Juan de Sayo, que gozaba fama de santidad, le dijo que sabía por revelación divina que habría de tomar Granada sin perder ni un solo hombre.

    El Maestre, concedió crédito al visionario y envió dos escuderos al rey de Granada, mofándose de su religión y retándole a singular combate entre ambos, o entre caballeros que eligiesen, siendo dobles los moros que los cristianos. Los mensajeros fueron presos y maltratados lo que enfureció al Maestre y le empujó a marchar sobre Granada.

    Salió la expedición, llevando delante una cruz y el pendón de la Orden. Llegó a Córdoba donde mentes sensatas quisieron disuadirle de su descabellado proyecto, pero alegó que obedecía por mandato divino, se alborotó el pueblo y hasta se le agregaron cinco mil ciudadanos, confiando ciegamente en la protección de Dios.

    En Egea le mataron tres caballeros y entonces acusó al ermitaño de mentiroso, pero este aseguró que en la batalla resultaría victorioso porque así se lo había revelado Dios. Entretanto, el reino de Granada ya estaba en armas: cinco mil jinetes y más de ciento veinte mil infantes esperaban al tozudo Maestre. Salieron y sorprendiendo a las huestes de don Martín Yañez hicieron tal matanza que fueron pocos los que lograron escapar, pagando, el crédulo Maestre, el crédito concedido al ermitaño.

    El trigésimo sexto y  último Maestre de Alcántara: don Alonso de Monroy, se decantó por el apoyo de los Reyes de Portugal, quizás por proximidad al dicho reino. Encarcelado se fugo de ella, participó durante las luchas civiles entre los bandos de "la Beltraneja" e Isabel "la Católica". Don Alonso de Monroy, hasta su muerte, contando ochenta años, en 1.511, siempre fue afecto a la dinastía portuguesa. Con él terminó la independencia de la Orden de Alcántara, cuyos caballeros tanto y tanto colaboraron a la Reconquista. Su participación en la toma de Granada fue el último hecho de armas de los caballeros de Alcántara como Orden independiente

    Al concluir la Reconquista con los Reyes Católicos, se inició el proceso de la unidad nacional, entre otras medidas incorporaron los maestrazgos a la Corona en 1494. El rey don Fernando obtuvo el maestrazgo en 1494, tras la renuncia presentada por don Juan de Zúñiga.

    La documentación medieval de la Orden, que se conservaba en el convento de San Benito de Alcántara, ha desaparecido, durante la Guerra de la Independencia, sin conocer si fueron propios o extraños los causantes. En el Archivo General de Simancas se conservan documentos sobre la administración de la Orden a partir de 1495, un año después de que el maestrazgo fuera ocupado por don Fernando el Católico.

   La concesión del título de Gran Maestre de las tres órdenes militares a los Reyes Católicos y la posterior vinculación de los Maestrazgos a la Corona por el Papa Adriano VI en su bula de 4 de mayo de 1523, tuvo como consecuencia inmediata un cambio en la concepción tradicional medieval de las órdenes, que perdieron el carácter eminentemente defensivo para el que habían sido creadas y pasaron a convertirse en una importante fuente de ingresos para la monarquía castellana.

    En 1.530, la Orden obtuvo del Papa Clemente VI, la potestad plena para corregir, alterar, limitar y reformar sus estatutos. En 1.540, el Papa Paulo III concedió a los caballeros legos de Alcántara una dispensa relajando el voto absoluto de castidad y libertad para disponer de sus bienes. Sustituyeron el voto de castidad por el de la defensa de la Inmaculada.

    Desaparecida la función primitiva de luchar contra los invasores, la Orden de Alcántara se orientó por otros campos y así estableció un colegio en la Universidad de Alcalá que fue posteriormente trasladado a Salamanca por acuerdo del capítulo celebrado en Madrid en el 1.552.

   Según los informes de los obispos castellanos en 1571, su jurisdicción abarcaba 54 comunidades, más del 12 por 100 de la totalidad de las extremeñas, con un volumen de población de 14.005 vecinos, el 11,5 por 100 del total regional. La circunscripción más importante era el Partido de Villanueva de la Serena, que constaba de 19 comunidades y un total de 5.170 vecinos en ese año.

    Durante los siglos de la Edad Moderna el potencial económico de las órdenes militares, administrado teóricamente por la monarquía, se convirtió en un beneficio de los grupos sociales privilegiados, que aprovecharon las continuas crisis de la Hacienda real para obtener de ellas ingresos muy sustanciosos, primero como arrendatarios de la totalidad de los Maestrazgos; durante el reinado de Carlos V los banqueros alemanes, sobre todo, y más tarde como directos beneficiarios de sus rentas. Muchos lugares se privatizaron, pasando su jurisdicción a los propios vecinos, mediante la obtención de cartas de exención jurisdiccional, o a manos de los señores. Los lugares privatizados de la Orden de Alcántara durante el siglo XVI fueron: Villasbuenas, Arquillo, Acebuche, Brozas y Cabeza del Buey.

    La unidad económica de explotación y de obtención de rentas de una orden militar se basaba en la Encomienda, que al menos hasta la crisis del siglo XVII podía definirse como una explotación agraria autosuficiente con un carácter militar de su fortaleza. Desde entonces se convirtió en una forma de tenencia y de explotación de la tierra, característica de la Extremadura moderna. La Orden de Alcántara contaba con un total de 37 Encomiendas, agrupadas en los Partidos de Alcántara, Brozas, Gata, La Serena y Valencia de Alcántara, cuyas rentas y derechos estaban en manos de miembros de la nobleza y la milicia; que residían en la corte y cuyo papel se limitaba al de meros rentistas, cada vez menos preocupados por el mantenimiento y la mejora de las explotaciones.

    Una encomienda estaba compuesta por los siguientes elementos: un castillo o casa fuerte para su defensa, las casas de los moradores, paneras o trojes para el almacenaje de los cereales, molinos o aceñas donde moler el trigo, un horno para cocer el pan, una cisterna para el aprovisionamiento de agua en caso de incendio, unas caballerizas, un corral para acorralar el ganado extraviado que era prendido por los guardas de la encomienda y, en los alrededores, una huerta con árboles frutales y sistemas de canalización y riego, algunas tierras de sembradura de pequeña extensión y, finalmente, una o varias dehesas de pasto o de pasto y labor.

    La principal fuente de ingresos territoriales que obtenían los comendadores procedía de la explotación de las dehesas y en concreto de su arrendamiento para pasto de los ganados mesteños trashumantes. Cuando las dehesas se labraban, los vasallos de la Orden tenían preferencia sobre los demás para arrendarlas, siempre en condiciones más ventajosas que los arrendamientos de las tierras de particulares. Tanto en las tierras como en las dehesas labradas el pago se efectuaba en especie, generalmente a cambio de una parte proporcional de lo cosechado. Las huertas también eran cedidas en arrendamiento para su explotación.

    Además del cobro de las rentas, los comendadores disfrutaban de una serie de derechos que reportaban importantes beneficios económicos, aunque algunos de ellos eran meramente nominales y en la práctica no llegaron a ejercerse durante la época moderna.

    El derecho más importante que percibía la Orden de Alcántara, por su cuantía económica, era el cobro de los diezmos. El cobro de los mismos dio origen a continuas tensiones, pleitos y sucesivas Concordias que sobre esta cuestión se venían produciendo ya desde el siglo XIII, la primera de que se tiene noticia data del año 1233; tensiones que llegaron a su punto culminante durante el siglo XVI, dando lugar a las Concordias de 1536, 1577, 1591 y 1594 para llegar a un acuerdo definitivo que terminase con mas de tres siglos de disputas, quedando a cargo de la Orden el mantenimiento de las fábricas parroquiales y el sustento de los párrocos en los territorios de su jurisdicción.

    La crisis demográfica y económica del siglo XVII afectó de manera considerable a las encomiendas de la Orden de Alcántara, sobre todo a aquellas más próximas a la frontera con Portugal, que entre los años 1640-1668 y a comienzos del siglo XVIII sufrieron los efectos devastadores de las guerras de Independencia de Portugal y de Sucesión, respectivamente.

   En el año 1653 el convento de San Benito de Alcántara elevó al Consejo de órdenes un memorial dando cuenta de la grave situación en que se encontraba como consecuencia de la guerra. Los efectos más significativos de la devastación causada por la crisis económica y enfrentamientos militares dieron lugar al  abandono de las explotaciones cerealísticas, ruina total de la mayor parte de los viñedos, demolición de casas, corrales y cercados para construir baluartes defensivos y reconversión de las dehesas de pasto y labor en pastizales, situación que se prolongó, al menos, hasta el primer tercio del siglo XVIII, y cuya consecuencia más notable fue la caída de las rentas de los comendadores.

    A partir del siglo XVII un cuerpo de Caballería del Ejército, español despliega en su estandarte la cruz de Alcántara. Fue creado en los Países Bajos por el Maestre de Campo don Juan Francisco Nestien, con ocasión de aumentar las fuerzas de caballería que allí operaban, bajo el reinado de Felipe IV.

    Las acciones de este regimiento se basan en numerosos hechos de armas, hasta culminar en la guerra de la Independencia, donde el tercio de Alcántara luchó en Somosierra, Aranjuez Puente del Madero, Vich, Figueras, Murviedro, Valls y Valencia.

    Hasta la ocupación de los franceses en 1808 poseyó la Orden 35 comendadurías con 53 villas y aldeas, dos conventos de comendadores y un colegio en Salamanca fundado en 1552

    La República suprimió esta Orden en 1873, pero el Rey Don Alfonso XII la restauró, al comienzo de su reinado. Sus dignidades son Gran Maestre, que al igual que en las otras Ordenes lo es el Rey, Comendador Mayor, Clavero, Gobernador eclesiástico del Priorato del Sacro Convento, y los Priores de Magacela, Zalamea y Rollan

MAESTRES DE LA ORDEN DE ALCÁNTARA

1) Suero Fernández Barrientos (1156-1174 Prior)
2) Gómez Fernández Barrientos (1174-h. 1200), primer Maestre, recibió del rey de Castilla D. Alonso la villa y castillo de Trujillo en 1195
3) Benito Suárez(1200-1208), consiguió la Bula de de Inocencio III, enterrado en S. Julián de Pereiro
4) Nuño Fernández (1208-1219), enterrado en S. Julián de Pereiro
5) Diego García Sánchez (1219-1227), enterrado en S. Julián de Pereiro
6) Arias Pérez (1227-1234)
7) Pedro Yánez (1234-1254)
8) García Fernández de Barrantes (1254-1284)
9) Fernando Páez (1284-1292)
10) Fernando Pérez(1292-1294)
11) Gonzalo Pérez(1296-1312)
12) Ruy Vázquez (1312-1318)
13) Suero Pérez Maldonado (1318-1334)
14) Ruy Pérez Maldonado (1334-1335)
15) Fernando López (1335)
16) Suero López (1335)
17) Gonzalo Martínez de Oviedo (1337-1338)
18) Nuño Chamizo (1338-1343)
19) Peralonso Pantoja (1343-1346)
20) Fernando Pérez Ponce de León (1346-1355)
21) Diego Gutiérrez de Ceballos (1355)
22) Suero Martínez Aldama (1355-1361)
23) Gutierre Gómez de Toledo (1361-1364)
24) Martín López de Córdoba (1364-1369)
25) Pedro Muñiz de Godoy(1369)
26) Melendo Suárez (1369-1371)
27) Ruy Díaz de la Vega (1371-1375)
28) Diego Martínez (1375-1383)
29) Diego Gómez Barroso (1383-1384)
30) Gonzalo Nuño de Guzmán (1384-1385)
31) Martín de la Barruda (1385-1394)
32) Fernando Rodríguez de Villalobos (1394-1408)
33) Sancho de Castilla(1408-1416)
34) Juan de Sotomayor(1416-1432)
35) Gutierre de Sotomayor (1432-1456)
36) Gómez de Cáceres y Solís (1457-1470)
37) Alfonso de Monroy (1471-1473)
38) Juan de Zúñiga(1473-1504)
39)Fernando el Católico (1504-1516)

POSESIONES DE LA ORDEN DE ALCÁNTARA
Según la Bula de Gregorio IX en Junio de 1235

IGLESIAS
- Santa María de Almocobar, en Alcántara.
- Santa María, en Badajoz.
- Santa María, en Valencia de Alcántara.
- San Benito, en Córdoba.
- Santa María, en Baeza.
- Santa María, en Matella.
- San Pedro, en Santibáñez.
- Santa María, en Salamanca
- Santo Tomás, en Alba de Tormes.
- Santa María y Santa Cristina, en Rivera del Duero.
- San Juan en Toro.
- Santa María, en Moraleja.
- Santa María, en Milana.
- Santa María, en Majadas.
- San Pedro, en Garciaz.
- San Miguel, en Barceal.
- San Nicolás, en Piedras Albas.
- San Juan, en Navasfrías.
- San Esteban, en Castroverde.
- Santa María, en Mayorga.
- San Pedro, en Monsanto y otras iglesias en Sanarge y Almecis.

POSESIONES
- Castillo y villa de Alcántara.
- Castillo de Magacela.
- Villa de Malelias.
- Castillo y villa de Mediolano, en Galicia.
- Villa de Moraleja.
- Castillo de Portezuelo.
- Castillo de Santibáñez de Mascoras.
- Villa de Navasfrías.
- Villa de la Serena.
- Las villas que poseían junto a Zamora.
- Villa Ester.
- Villa Alfonso.
- Villa de Brozas.
- Villa de Conserta.
- Batandeira, Raigada, Villaturpino, Ferrería, Comenar, Almendraseca y Granja.

DOMINIOS

Mérida, Medellín, Badajoz, Peñamacor, Coria, Galisteo, Córdoba, Sabugal, Ciudad Rodrigo, Alba de Tormes, Salamanca, Toro, Mayorga, Castroverde y Benavente.

ENCOMIENDAS

    Valor en 1743 (en rs). Fuente: Melón Jiménez M. A. Extremadura en el Antiguo Régimen. Economía y Sociedad en tierras de Cáceres 1700-1814 Salamanca, 1989

A mediados del siglo XVIII las rentas que generaban las encomiendas de la Orden de Alcántara eran en su conjunto superiores a un millón de reales, siendo sus principales beneficiarios el infante Cardenal de Toledo (209.058 reales) y el infante don Felipe (115.133 reales). Desglosadas por encomiendas, eran las siguientes

  • Acehuche 19.561
  • Belvís de la Sierra 11.570
  • Benfayán 15.557
  • Casas de Calatrava 25.249
  • Castillo 9.200
  • Ceclavín 18.530
  • La Clavería 59.651
  • Los Hornos 7.000
  • Juro de Coria 2.652
  • La Magdalena 36.112
  • Portezuelo 24.125
  • La Zarza 24.055
  • Belvís y Navarra 22.551
  • Encomienda Mayor de Alcántara 134.763
  • La Puebla 10,521
  • Eljas 26.195
  • Moraleja 31.676
  • Santibáñez 22.000
  • Villasbuenas 6.254
  • Adelfa 10.400
  • Batundeira y Juro de Badajoz 3.000
  • Cabeza del Buey 74.600
  • Castilnovo 49.844
  • Diezmos del Septeno 32.204
  • Eliche y Castllleja 20.376
  • Esparragosa de Lares 40.502
  • Galizuela 23,000
  • Peraleda 7.000
  • Peso Real de Valencia 14.759
  • Portugalesa 32.505
  • Quintana 11.009
  • Sancti Spiritus 23.037
  • Zalamea 59,000
  • Esparragal 13.004
  • Herrera 31,872
  • Mayorga 17.176
  • Piedrabuena 91.870